El campamento Los pinos no era el más divertido, no
era el más recreativo, no era el más alegre, ni nada por el estilo. Era
manejado por el soldado Gonzáles, quién no era justamente un guía infantil al
contrario, era estricto, malhumorado y parecía que aún permanecía en la cárcel tratando
a los niños como presos en un entrenamiento. Las actividades eran aburridas, la
comida era asquerosa y lo uniformes tristes; todo esto desmentía el folleto en
el que mostraban actividades como canoa o carreras, comidas hechas en una
fogata o uniformes de campistas. Todo era muy gris en este campamento, hasta
los árboles estaban marchitos a pesar de encontrarse en verano.
Los niños se la pasaban puliendo rocas, haciendo
largas caminatas sin sentido alguno o contando bloques que el soldado les daba
solo para entretenerlos. Nadie cuestionaba nada, por supuesto, lo peor que
podía pasarles era ser castigados; todos temían lo que pudiese ocurrírsele al
soldado Gonzáles como castigo, solo sabían que los mandaba a una cabaña
especial y, hasta el fin del verano, no se sabía nada de ellos. El último en ir
había sido un jovencito que no aguantaba más contar los bloques y los arrojó al
suelo, Joaquín dicen que se llamaba, nadie volvió a verlo por el campamento, y
su nombre se volvió una leyenda.
Era el séptimo año que se realizaba este campamento. En
el almuerzo, como en los últimos veranos, había para comer, nada más y nada
menos que sopa; peor, menos que sopa, no merecía ni ser llamada caldo, era agua
con un mínimo sabor a zapallo viejo y podrido. La merienda y el desayuno tenían
leche, claro que sí, pero sin azúcar. De postre, a veces, y si tenían suerte, había una aguachenta gelatina
sin sabor.
Pero el mediodía de aquel treinta de enero estaba
hecho para la sorpresa de todos, la felicidad de algunos y el enojo de uno
solo, el soldado.
-Hoy la sopa no está tan fea… ¡Y mirá! ¡Tiene fideos!-
se escuchó de lejos decir a Juan, el campista jefe de la cabaña doce.
Bastaron esas palabras para que todos probaran su sopa
y se sorprendieran de su exquisito sabor y sus fideos abundantes.
-¡Y prueben la leche! ¡O la gelatina!- se escuchó
decir a Bautista desde la mesa de la cabaña ocho.
La leche sí tenía azúcar, y la gelatina era roja, de
frambuesa. La exaltación de todos los campistas, los gritos, los “mmmm ahhh” al
probar la deliciosa comida luego del bodrio que sufrían cada verano, todo esto hizo
ruido en los oídos del soldado, que se hallaba como siempre en un comedor
aparte donde nadie lo molestaba.
Se abrió la puerta de ese comedor y allí apareció la
silueta del soldado que avanzó uno, dos, tres pasos, miró a ambos lados y
avanzó unos pasos más. Los chicos se callaron a la velocidad de un rayo, todos
agacharon la cabeza como si supiesen cada pensamiento que pasaba por la cabeza
del soldado Gonzáles; como si ya esperasen un castigo aunque ellos no hubieran
hecho nada más que disfrutar de la confusión y de la rica comida.
El soldado avanzó hasta la mesa de la cabaña uno,
levantó su dedo y lo sumergió en la sopa, lo sacó y lo metió en su boca.
-Pero qué…- dijo extrañado, luego dirigió una mirada
dura a los niños.-Yo mismo supervisé la cocina mientras la cocinera realizaba
la clásica sopa de todos los días, ¿Quién se atrevió a alterar la sopa?-
Nadie respondió, se hizo un silencio, el más grande e
incómodo en el campamento. El soldado movía su cabeza de un lado a otro negando
la posibilidad de que esta situación estuviese pasando en su propio campamento.
-Hice una pregunta- dijo con tono frío y penetrante.-
Díganme ya quién lo hizo, quién merece el peor castigo, porque cuando lo
descubra sufrirá las consecuencias no sólo él sino todo aquél que haya sido
cómplice o lo haya cubierto.
Volvió a hacerse silencio, pero fue interrumpido en
poco tiempo.
-Yo, yo fui- dijo Pablo, el más chico de la cabaña
quince.
Sus palabras fueron chocantes. Todos los niños
voltearon a verlo, algunos con compasión, otros con lástima, otros negando con
la cabeza y tratando de decirle que se arrepintiera antes de que fuera tarde.
Pero era inútil, el soldado ya lo había oído y se acercaba con furia. La
sentencia fue rápida y corta.
-Mañana mismo serás trasladado a la cabaña siete-
Esas palabras, exactamente esas palabras, fueron las pronunciadas
años atrás, cuando un chico tiró los bloques, sí, ese chico, Joaquín.
Más tarde, en las pocas horas que el soldado les daba
a los campistas para asearse y digerir la horrible sopa antes de acostarse,
algunos campistas se escabulleron, todos a la cabaña de Pablo, a saludarlo ya
que sabían que no volverían a verlo más.
-Pablo, sabemos que vos no fuiste, vos estuviste con
nosotros toda la noche y todo el día, no te inculpes, ¡no sabés que puede pasar
en la cabaña siete!.
-¿Qué caso tiene? Lo dicho, dicho está, espero volver
a verlos.
-Pero ¿Por qué?
¿Por qué dijiste que fuiste vos?.
-Otro chico sufriría las consecuencias y la verdad su
acto me pareció noble, vale la pena arriesgarse por él. Y vale la pena ser
quien se arriegue por él.
Párrafo 1:
ResponderEliminarLínea 3: se agrega un “al contrario” para mejor redacción del personaje.
Línea 4: se cambia un “cual” por un “como” para ejemplificar.
Línea 6: se cambia un “a su folleto” por un “el folleto” para una mejor expresión.
Párrafo 3: se modifica entero agregando algunos adjetivos a las comidas y redactando mejor las descripciones del menú. Y se separa una parte en un párrafo aparte.
Párrafo 8:
Línea 1:Se elimina la palabra roja en roja frambuesa para evitar redundancia.
Línea 4: se cambia el tiempo verbal de molestar para mejor concordancia.
Se pasa una parte del párrafo a un párrafo aparte.
Párrafo 9:
línea 1: se cambia “dicho” comedor por “de ese comedor” Y “donde apareció” por y “allí apareció” para una mejor expresión.
Línea 3: se cambia el tiempo verbal de agachar para mejor coherencia.
Línea 6: se agrega un “y de la rica comida” a la oración.
Párrafo 10:
Línea 1:se añade quien en la persona que realiza la acción.
Párrafo 14:
Línea 3: se redacta la oración para mejor comprensión.
Párrafo 17
línea 4: se cambian varios tiempos verbales para mayor coherencia.
Párrafo 19
línea 2: se omite el era en “sí, ese chico, era Joaquín”
Párrafo 20:
Línea 2: se añade que los niños digerían la sopa y no otra comida.
Victoria Gómez Viñao