“La masacre de los vasos”
Luego de
meses sin té en el primer recreo de cada mañana, junto con un grupo conformado
por 6 chicas y 2 chicos, logramos descubrir quién había provocado la masacre de
los vasos, el 22 de mayo.
Antes del acontecimiento,
teníamos té calentito todos los primeros recreos de cada día, era lo mejor. Cuando
tocaba el timbre, a las 9.20, todos corrían hacia el bufet para conseguir un
vaso de té, este era servido en vasitos térmicos de telgopor, era una
bendición, las frías mañanas ya no nos hacían sufrir tanto, con el vasito de
té, nos calentábamos las manos y disfrutábamos del calorcito que iba desde
nuestra boca hasta la panza.
Todo era
perfecto, hasta que el 22 de mayo, el vicedirector encontró en un tacho de basura
casi 20 vasitos; lo único que nos pedían para darnos té era que cuidáramos y
devolviéramos los vasos. Desde ese día no tenemos té, y no vamos a volver a
tener hasta que alguien se responsabilice por lo ocurrido o alguien lo
descubra.
Junto con el
grupo de compañeros empezamos a investigar. Los únicos que están cerca de ese
tacho son los chicos de 4° año, que se pasan los recreos hablando ahí, por lo
que, en un principio, creímos que habían sido ellos. Pero luego recordamos que
ellos no solían tomar té.
Pasamos una
semana y media sin tener idea de quién podría haber sido, hasta que nos dimos
cuenta de que esa semana 4° año había estado de campamento y allí estuvieron las
chicas de 3°. Jamás hubiéramos sospechado de ellas si no hubiéramos recordado
el viaje. Luego de descubrirlo, junto con mis compañeros de investigación,
fuimos a decirles que debían hacerse cargo, pero todas pusieron cara de
sorprendidas, por lo que no creí que hubieran sido ellas.
Por suerte
ahora, luego de un mes, con el comienzo del invierno, nos devolvieron el té y
el grupo de investigación se disolvió; pero la intriga sigue en mi mente. La
única conclusión posible, pero sin forma de comprobarlo, es la teoría que armé
luego de la disolución del grupo. Yo creo que en mayo las chicas de 3° eran
cinco; había una morocha, blanca y ojerosa que no hablaba mucho. Cuando la
observabas, si lo notaba, provocaba una sonrisa inocente que te conmovía, pero
si no notaba que la observabas, tenía siempre una cara de enojada que te
asustaba. Luego de la masacre de vasitos se cambió de colegio y nunca la pude
volver a ver, se mudó, prácticamente desapareció.
Párrafo 3 oración 2, concordancia.
ResponderEliminarPárrafo 5 oración 1, concordancia.
Párrafo 5 oración 3, puntuación , antes había punto seguido en vez de punto aparte.
Párrafo 6 oración 3, puntuación, antes había coma en vez de punto seguido.
Maite Moyano