jueves, 9 de agosto de 2012

Sofía Bonoris


“Parodia de un cuento policial”
A través de esas ventanas limpias y con olor a desinfectante, Clarence Wembly apreciaba esa luna llena tan hermosa y brillante dentro de ese geriátrico. Su tristeza invadía su rostro, desfigurado por unas operaciones muy complicadas. Esas operaciones debió hacérselas por haber estado en un incendio que, al principio, pareció algo muy gracioso e increíble y luego…
Clarence y su amigo Walter se encontraban en la casa de Emily cuando se les ocurrió hacer videos que luego subirían a You Tube. Primero, con un encendedor y un desodorante, hicieron una llama gigante que era el resultado de la combinación de estos dos elementos. Luego, cuando esta idea resultó un éxito, se les ocurrió otro mucho mejor para subir a la web. Clarence trataba de encender muchos fósforos a la vez mientras, Walter tomaba mucha gaseosa para despedir un gas ultra potente que tenía dentro.
Clarence se acercó a Walter sonriendo con el fuego en la mano y éste se bajó los pantalones y expulsó una enorme cantidad de gas que se unió al fuego. La idea provocó una llamarada infernal y ellos quedaron envueltos en ésta. Emily, muy preocupada, decidió decirle a la policía que los arrestara o los llevara al geriátrico, ya que siempre cometían muchos disparates en estos momentos de invención.
Lamentablemente, Walter murió en el episodio; pero Clarence todavía se siente culpable por lo ocurrido, ya que él tuvo la idea y su amigo se llevó lo peor.
Hoy sigue allí, mirando por las ventanas y, el encierro lo afectó mucho y tiene enormes daños psicológicos. Su cara fue reconstruida varias veces, pero nunca quedará igual que antes. Emily, por su parte, se siente feliz y no se arrepiente de haber mandado a Clarence al geriátrico. Es que ella ya no debe ocuparse de sus estupideces e inmadurez.

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