martes, 26 de junio de 2012

Victoria Gómez Viñao

Había pasado días enteros organizando esta fiesta, había colocado carteles e invitaciones en todo el pueblo, había imuninado todo el patio, y decorado los tiestos. Los jilgueros aseguraron que todo había quedado de maravilla, que la gente de fuste quedaría impresionada. Mientras me colocaba unas plumas en el pelo (detalle de gente distinguida) ví llegar a Benjamín.
-vete a vestir- le dije –porque la chupa morada. Pronto estará aquí el gobernador- agregué y seguí decorando.
-aquí- le ordené a mi fiel mulata –la silla para Don Bruno.
Ella obedeció y movió el sillón de Arequipa, que crujía.
-madre, no podré estar en la fiesta, tengo que partir al norte-
Iban todos a agasajarme. Mi hijo, mi querido hijo no podía faltar a dicho evento, le consulté rápidamente a los jilgueros si eso podía pasar, no se veían felices.
-madre tiene usted que entenderme, ¡debo irme ahora!-
Me desesperé ante la petición de mi hijo, entonces lo besé y me colgué de su cuello.
-¡no te puedes ir hoy Benjamín! ¡no te vayas hijo!-
El tomó mis brazos y me alejó.
-me voy madre, me voy-
No podía permitir que mi hijo se fuera, pero cada vez que me acercaba me apartaba. Mi hijo no se iría.
-ayúdame a mover la silla- le dije a mi mulata.
Trabé la puerta con ayuda de mi mulata, quien comenzó a cantar una bella melodía, oía gritos lejanos de mi hijo, pero él debía quedarse, entonces, sin darle importancia, seguí regando los tiestos y sacudiendo la alfombra.
-¡madre, madre, que nadie vendrá, que no habrá fiesta ni nada!-
Mi hijo se pensaba que no habría fiesta. Debía de estar desvariando. Al instante ví al alcalde llegando, esbocé una sonrisa y fui a conversarle un poco. Liberé a Benjamín para que lo ayudara con su abrigo. Mi hijo me miró insatisfecho, siempre tan holgazán. Me dirigí a servir el banquete y cuando volteé la cabeza ya no había nadie en el patio.
Sofía Bonoris

Cuando mi esclava me ayudó a quitar el sillón, Benjamín abrió la puerta muy nervioso e hizo pasar al huésped. No se por qué, pero Benjamín  dijo que necesitaba ir a su cuarto a cambiarse para mi fiesta.
Yo pensé que el alcalde venía por mi gran fiesta, pero me di cuenta, que venía por mi hijo. Me contó que había cometido muchos delitos y que debía ir a la cárcel. Todavía no entiendo lo que él me dijo de Benjamín.
Fui a verlo luego de media hora encerrado en su cuarto. Cuando abrí la puerta, vi que se estaba escapando por la ventana; y entonces le grité, pero creo que no me escuchó porque salió corriendo. El alcalde lo persiguió por tres cuadras y yo me quedé sentadita en la cama de Benja. Cuando el alcalde volvió a mi casa, lo vi con sangre en sus manos. Yo me reía de los nervios, pero él me dijo que no pasaba nada y que me quede tranquila. Una semana después vi en el noticiero que un chico joven, había sido asesinado.
Yo estoy tranquila que no es Benja porque él está preso. Eso creo…
Lara Cejas

Mi nombre es Alejandra Concepción, pero soy más conocida como Doña Concepción. Ya soy bastante mayor,  y no tengo ningún trabajo fijo, pero cuando es necesario ayudo en la ciudad y hago obras de caridad. Soy delgada y mi pelo es negro, aunque ya aparecieron un par de canas en mi cabeza. También me gusta actuar, practico horas frente al espejo interpretando personajes. Estoy muy a favor de la justicia y la igualdad de todas las personas (algo que no es muy habitual, los esclavos abundan en esta ciudad).
Vivo sola, mi hijo Benjamín nunca fue muy apegado a mí y generalmente no hablamos, por lo tanto no puedo decir mucho sobre su vida, pero un día noté una actitud sospechosa en él y quise averiguar más.
Mi hijo hizo un largo viaje hasta llegar a un descampado, ahí había una  carreta y pude ver varios negros dentro. Benjamín habló con el conductor y escuché que iba rumbo a Mendoza. El conductor le pagó, entonces supe que mi hijo traficaba negros. Después descubrí que también enviaba cueros y frutos.
No podía acusar a mi propio hijo con el alcalde, pero quería que terminara .Entonces ideé un plan. Tomó mucho tiempo, porque tuve que actuar como lunática frente a Benjamín y la mulata me cubrió para llevar a cabo el plan. Le hice creer que un negro lo había delatado con el alcalde y que la justicia lo perseguía. Un día hice una “fiesta”, decoré toda la casa, hice invitaciones falsas, todo para que creyera que era una fiesta y que yo pensaba que era verdadera. El alcalde iba a acudir a la fiesta y Benjamín estaba al tanto de esto, entonces quería abandonar la casa y partir hacia el norte, pero la mulata me ayudó a detenerlo y lo encerramos, trabando la puerta con el sillón.
El alcalde de segundo voto llegó escoltado por cuatro soldados del fuerte. Sonreí, mi plan fue un éxito. La esclava quitó el sillón de la puerta para que Benjamín fuera visto. Mi hijo se desespero al verlo, los soldados fueron directo a él con unas esposas. Yo tenía que hacer lo correcto para la justicia sin importar lo que haya que hacer. Puse a mi propia sangre tras las rejas pero hice el bien para la sociedad.
Julián Cabezas

Al levantarme temprano preparé las invitaciones, llenas de fotos muy coloridas, para mi cumpleaños. Las fotos que había puesto son las que me saqué ayer sin corpiño en el partió. Más tarde fui al correo en mi nueva bicicleta para adultos y pasé por el supermercado para comprar algunos preparativos, cuando salí me di cuenta de que tenía una multa por dejar la bicicleta en el medio de la calle. Al llegar a mi casa, me puse a decorar el patio con mesas y manteles de color fuxia.
                A eso de las 4 de la tarde llegó mi hijo Benjamín, tristemente me dijo “No voy a poder asistir hoy, me voy de la ciudad”. En ese momento yo pensé que era un chiste, pero cuando fue a abrir la puerta me di cuenta de que era verdad. Él no podía irse en ese gran día, rápidamente le pedí ayuda a mi mulata y movimos el sillón verde para que no huyese. Cuando hicimos eso mi hijo se volvió loco y empezó a hablarme:
-“Mamá, déjame salir, ¡¡estás loca!! , nadie va a venir”.
                Comencé a reírme porque vi al alcalde y varios de sus compañeros acercándose a la casa. Lo obligué a sentarse y saque el sillón de la puerta. Le invite una leche chocolatada con galletitas traviata, no entiendo por qué rechazo. Más allá de eso, el alcalde hostilmente se llevó a Benjamín, gracias a dios, ese maldito niño no me quería.
                Luego de eso no recuerdo nada, solo recuerdo a mi mulata hablando con el sillón de caucho verde. 
Valentina García

Faltaban horas para la fiesta, para mi soñada fiesta. ¿Me faltaba algo? Creo que todo estaba espectacular.
-          Ven, ayúdame con las macetas.
La mulata había llevado bastante bien la situación de la fiesta. ¿Habría querido Don Bruno un sillón o con el taburete le alcanzó? ¡Qué hermoso estaba todo!, fue la mejor noche que existió en Buenos Aires. ¿Quién había sido el primer invitado? No lo recuerdo, pero Benjamín fue el primero en llegar. Lo mandé a vestir; parecía un perro sucio.
¿Invité al Sr. Tortis? Era tan apuesto…
-          Madre, no podré estar en la fiesta. Debo partir cuanto antes.- me dijo mi hijo.
Benjamín seguramente bromeaba, no me preocupé, no se iba a ir.
-          De veras madre, tengo que irme, no puedo quedarme.- seguía insistiendo.
-          ¡No puedes hacerme esto, es mi fiesta!- me quejé ferozmente.
¿Cómo podía pensar en irse justo ese día? No lo iba a hacer, debía quedarse aquí conmigo… Rápidamente moví el sillón hacia la puerta con ayuda de la mulata, para que no pudiera escapar, si es que realmente iba a hacerlo.
-          ¡Madre, déjeme salir, vendrán a prenderme! Debo irme ahora…- gritaba desesperadamente Benja.
Ja ja ja… ¡Qué loco que estaba mi hijo! Las plantas se veían tan secas que me dediqué a regarlas, los invitados no podían ver mis plantines así.
-          ¡Madre, nadie vendrá a la fiesta!- mintió mi hijo.
¿Qué nadie iba a venir a mi fiesta? MI hijo deliraba. Finalmente llegó el primer invitado ¡Qué emoción sentía, espero que no se me haya notado!
Saqué el enorme sillón para que Benjamín pudiera abrir la puerta. No sabía por qué caminaba tan lento, y pensé que sería porque quién estaba tras la puerta era el alcalde.
-          ¿Qué es lo que sucede?- pregunté demasiado tarde. Benjamín se encontraba en el piso con cuatro soldados sobre él.
-          Hijo, ¿Qué es lo que sucede?- pregunté con voz entrecortada.
-          Te dije que debía marcharme.- se lamentó
-          Su hijo, Doña Concepción, es un contrabandista y por eso será apresado.- me confesó el alcalde.
No entendía nada, es que ¿Mi hijo era uno de los malos? No podía ser…- las rodillas me temblaron y caí al suelo.
Kathya

Estaba muy emocionada aquella noche, quería que todo saliera de maravilla. Mulata se estaba encargando de toda la decoración y también de la comida. Le ordené que el patio estuviera bien iluminado, si era posible, que trajera unas cuantas haditas de la luz así sería más mágico. Unos días atrás envié muchísimas invitaciones y esperaba que todas hayan llegado a su destino.
Mi hijo Benjamín llegó muy desalineado y exaltado, parecía estar apurado por alguna razón que yo desconocía. Inmediatamente le ordené que se vistiera y peinara. Luego volví a vigilar que todas las tareas de Mulata estuvieran llevándose a cabo de manera correcta, pero mi hijo me interrumpió para decirme que no iba a asistir a mi fiesta. Me desesperé y me tiré a sus pies para rogarle que no se fuera, pero no me prestó atención y se fue a su habitación a recoger sus cosas. Con Mulata lo seguimos, pero nos empujó bruscamente hacia afuera y cerró la puerta con un pasador. Fue entonces cuando mi yo ángel y mi yo diablo aparecieron sobre mis hombros. Como siempre, mi yo ángel me dio ideas aburridas, pero por suerte mi yo diablo me dijo una idea fascinante.
Con la ayuda de Mulata trabamos la puerta de su habitación con un pesado sillón, más pesado aún que de costumbre, porque había un hipopótamo muy cómodo descansando sobre él. Habiendo trabado la salida de Benjamín, me sentí más tranquila y fui a regar los tiestos, sacudir la alfombra y un par de cosas más.
Unos minutos más tarde llegó el alcalde de segundo voto, mi primer invitado, escoltado por 3 simios. Rápidamente, destrabé la puerta de Benjamín para que saludara a nuestro invitado, pero el muy desgraciado desapareció, dejando una nota que decía:” Querida Madre, he decidido salir del país por un par de meses y dedicarme al negocio de la crianza de leones”. No podía creerlo, me enojé muchísimo. Fui a contarle todas las noticias a los jilgueros quienes amablemente siempre me escuchan. Mientras tanto, Mulata se encargó de atender al Alcalde. 
Clara Bosaz

Benjamín, mi hijo, últimamente estaba muy misterioso, pero igual le encargué que repartiera las invitaciones para la fiesta que yo misma iba a realizar.
Quería que todo fuera perfecto, como el nombre de la fiesta lo indicaba “El Patio iluminado”, todo allí tenía que estar iluminado, asique tuve que comprar todo tipo de velas, velones, faroles y farolitos.
Luego de hacer todos los preparativos con ayuda de la mulata, llego Benjamín muy apurado y me advirtió sobre mis plumas rojas desflecadas, como si eso tuviera algo de extraño y me comentó que no podía asistir a mi fiesta, la que su propia madre venia organizando hace tiempo. No, no lo comprendí, ni yo no los jilgueros que no paraban de decirme que tenía que hacer algo al respecto. No me quedó mas opción que, con ayuda de la mulata, encerrarlo en su cuarto. Allí se quedó él, no iba a permitir que se fuera.
Terminé con los últimos detalles y justo entro el primer invitado, nada más y nada menos que el señor alcalde, me sentía tan orgullosa y nerviosa al mismo tiempo que me dirigí al cuarto de Benjamín para que él recibiera al huésped.
Al entrar al cuarto de Benjamín, no podía creer lo que veía, él no estaba. Lo único que había era una nota y la ventana abierta, se había escapado y yo no sé por qué…
Agustina Calvet

Aún no había terminado, con ayuda de la mulata coloqué un par de flores más y decoré el jardín con unas cuantas lámparas muy luminosas  para que la fiesta fuera perfecta, tal como la había imaginado. Todos los invitados estarían muy contentos y sorprendidos. Solo esperaba a mi hijo, Benjamín, quien tiene un humor muy personal, hace días me dijo que nadie asistiría a la fiesta. También me dijo que yo estaba loca y que él  tampoco iba a ir; claro que no le hice caso, porque luego de decir eso se rió y supe que era una de sus bromas, igualmente él es el que está loco.
Cuando acabé con la decoración del patio, la comida y las flores fui a ponerme aquel vestido verde con flores naranjas y detalles en azul, que tanto me gustaba, para verme elegante. Coloqué unas plumas rojas en mi delicado recogido.
Regué una vez más a mis fieles amigas que siempre están presentes, las hermosas orquídeas rojas. Fue con ellas que me enfadé por última vez, ya que me contestaron mal cuando les dije que se durmieran, pero recuerdo que rápidamente hicieron silencio al ver mi cara de enojo.
Finalmente, llegó mi Benjamín, muy mal vestido, es por eso que le ordené que se cambiara de inmediato antes que llegue toda esa gente tan importante y elegante que había invitado.
Ya tenía miedo, Benjamín se estaba comportando como un loco de nuevo.  Llegó a casa sucio, agitado, gritando y además en vez de haber entrado por la puerta como corresponde, saltó el paredón blanco de mí amado jardín. Amenazó con irse al norte y no asistir a la fiesta, es por eso que le rogué que se quedara. Insistió diciendo que nadie acudiría a la fiesta y me besó en la mejilla. La mulata y yo actuamos como unas locas, ya que lo acorralamos y no lo dejamos ir. Gracias a Dios, justo tocaron el timbre, era el gobernador; mi hijo estaba pálido, parecía asustado, igualmente no lo dejé escapar. Corrimos el sillón, le abrimos la puerta al gobernador que observaba todo muy sorprendido y feliz a la vez.
Fui a buscar un poco de aperitivos para compartir, dejé solo al gobernador y a mi hijo en la misma sala para que puedan platicar tranquilos. Yo estaba en la cocina y escuche un grito, corrí inmediato para ver que ocurría. El gobernador observaba sorprendido una ventana, la cual se encontraba abierta, y además tenia con una carta en la mano. Mi hijo ya no se encontraba en la sala. Todo era tan raro. Pero supuse que Benjamín se había ido a regar mis orquídeas rojas que muy sedientas debían estar.
Tatiana Jorquera

Era el día de mi tan esperada fiesta, ya me había puesto mi traje de noche y estaba preparando el patio para mis invitados. Cuando mi hijo, mi único hijo, Benjamín entro por la puerta del segundo patio.
Benjamín se paso la mano por la frente como si algo hubiese pasado pero eso ya no importaba porque pronto iban a llegar los invitados.
Vete a vestir –le digo sin atención alguna; ponte la chupa morada que pronto estará aquí el gobernador.
La mulata estaba colocando la silla para don Bruno, cuando mi hijo, alterado, menciona que no podrá estar en la fiesta, que partir en seguida para el Norte.
-¿El Norte? Repuse -¿Partir para el Norte el mismo día que habrá que agasajar a la flor de Buenos Aires? No, no bromea.
-Madre, tiene usted que comprenderme, debo irme ahora sin perder el más mínimo segundo-.
-¡No te puedes ir hoy, Benjamín! ¡No te vayas hijo!- le dije mientras lo sujetaba fuertemente entre mis brazos. Lo que no ayudo mucho ya que se desanudo de estos y se metió en su aposento, deslizando el pasador por las argollas.
-No se irá- murmuré, y junto con mi mulata, apoyamos el pesado sillón de Arequipa contra la puerta, afianzándolo en el cerrojo de tal manera que impedía su salida.
Benjamín, furioso, comenzó a golpear las hojas de cedro. Y entre mi pensé, mi hijo delira no se irá el día de mi fiesta. Mientras tanto gritaba que nadie vendría, que no habría tal fiesta.
Cuando en el patio entro el primer invitado, el alcalde de segundo voto, con el bastón en la diestra y escoltándole cuatro  soldados del Fuerte.
Mientras sonrió paladeando mi triunfo, con ayuda de la mulata retiro el sillón de la puerta para que mi hijo acoja al huésped pero en vez de eso, Benjamín salió corriendo, pero rápidamente los cuatro soldados lo cogieron de la espalda metiéndolo en la carreta y desapareciendo todos de mi vista.
Franco Lisa

Hoy para mí va a hacer un día especial, por que voy a tener una fiesta genial así que me voy a poner a decorar la casa.
 Mientras decoraba la casa, se acerca mi hijo y me dice – madre, no estaré en el día de hoy, ya que tendré que viajar hacia el norte sin perder un segundo – al decirme eso le contesto – No Benjamín, no te puedes ir en un día tan especial, tienes que quedarte acá si o si y no te dejaré que te vallas-. Benjamín quedo con mucha amargura y subió a su cuarto; Después de un rato de tranquilidad volvió a bajar y me dijo – Madre, no habrá ninguna fiesta, estas loca y nadie acudirá a esta fiesta-; Me quedé congelada, sin saber qué decir, lo agarré y le pegué una bofetada de tal manera que él se largó a llorar diciendo – Eres una loca, enferma y yo me iré de esta casa -, Subió a su cuarto, mientras doña concepción y la mucama movían el sillón contra la puerta de tal manera que él no pueda salir. Cuando Benjamín bajó, tocan la puerta y era el alguacil; Entonces doña Concepción le pidió a la mulata que vuelvan a correr el sillón a su lugar para poder habría la puerta. El alguacil se llevó a Benjamín al recibir la llamada de doña concepción denunciándolo y ella quedó llorando arrepentida de lo que había echo.
 Unos días mas tarde doña concepción se entera que Benjamín había escapado de la cárcel… y ella se pregunta – Dónde estará mi bebe, mi Benjamín? , Y de tanto pensar, se acordó de aquel bello lugar al que iban a pasar horas contándose cosas y salió en busca de él; Allí encontró una carta diciendo que él se iba a matar por que no era feliz con la vida que tenía y ya no quería vivir más, al leer eso, doña concepción se largó a llorar con un llanto muy grande y doloroso; con ese dolor grande que tenia en el corazón pudo lograr ver que ella estaba loca y vivió el resto de su vida encerrada en un loquero.
Belén Franzoni

Yo discutía con los jazmines, como de costumbre. Ellas me decían que me pusiera los zapatos negros y yo sostenía que los rojos eras mejores para la ocasión. De repente oí ruidos raros, no estaba segura de dónde venían pero lo que sí sentía era que alguien se acercaba o algo se movía. Entonces miré por una de las ventanas para saber qué era eso que oía, y me di cuenta de que era Benjamín.
Había pasado una hora desde que lo esperaba, mientras tanto colgué los faroles de vela, moví las mesetas de mis queridos geranios, avivé los pabilos y muchísimas cosas más. Toda la tarde trabajando, decorando el patio con la mulata, todo tenía que salir perfecto para la fiesta de esa noche. Por suerte mi hijo pudo repartir las tarjetas que me había pasado más de diez días escribiendo. El obispo Fray Pedro, las señoras del Cabildo, los vecinos de Fuste, todos estaban invitados. Seguramente de alguien me había olvidado de invitar, pero tarde o temprano se enteraría. En este pueblo todo es así…
Entonces, por fin, apareció Benja aplastando todos mis jazmines, pero lo noté preocupado, seguro que no quería llegar tarde a mi fiesta. ¡Siempre tan atento mi hijito!
- Vete a vestir - fue lo primero que le dije cuando lo vi – ponte la chupa morada. Pronto estará aquí el Gobernador –
Y fui rápido a acomodar unas sillas, tenía miedo de que se me salieran las plumas rojas del pelo e hice todo con cuidado. No iba  arruinar mi peinado, me había llevado todo el día hacerlo.
- Madre no podré estar en la fiesta. Tengo que partir enseguida para el norte – me dijo.
Lo primero que pensé fue cómo se iba a ir para el norte el día de mi fiesta. ¡Cómo bromeaba mi hijo Dios mío! Por suerte, los jilgueros me comprendían y reían conmigo de aquella loca situación.
- Madre tiene usted que comprenderme, debo irme ahora sin darme un segundo – me dijo al notar que no respondía.
Inmediatamente comencé a seguirlo y lo rodeamos con la mulata, Benjamín me empujó hacia la puerta pero yo presentía que no se iría y junto a la mulata empujamos el sillón hacia la puerta, para prevenirnos.
Enseguida me puse a regar, me quería descargar con los jerandios para tranquilizarme un poco. De ninguna manera, los invitados me podían ver en este estado. Fue ahí cuando vi al alcalde de segundo voto junto a cuatro soldados del fuerte.¡Que feliz estaba! ¡Acaba de llegar el primer invitado!
Quité rápidamente el sillón, para que Benja reciba al huésped. Entró el Gobernador y fui a saludarlo y luego a buscar la enorme cantidad de comida que había preparado toda la tarde y entonces, así, mi hijo y el Gobernador podrían hablar solos.
Me demoré un rato en buscar la comida, pues me entretuve charlando con la Mona Lisa que todos los días, desde la pared azul marino del pasillo, me aconsejaba. Pero al volver de la cocina, noté algo muy raro: ni el alcalde ni mi hijo estaban en el patio…
Sería, tal vez, que no les agradaba tanta luz en el patio. O quizás las metidas de mis flores los habían incomodado.
La verdad no estaba segura por qué se habían ido, pero de lo que si estaba segura era de que en muy poco tiempo regresarían… yo sabía que ellos no querrían perderse de mi fiesta y menos de la espectacular torta.
Bautista

Benja llego a mi casa, se veía muy contento, atrás de él llego una chica no muy linda pero parecía estar muy enamorada de Benjamín. Con una sonrisa de oreja a oreja lo abrase muy fuerte, le enseñe el patio muy iluminado con luces de colores, mesas, sillas y una pista de baile chica en el medio.
Benjamín dijo:
-Mama ¿Vos estás loca? ¿Quién va a venir? No tenes amigos.
-¿Cómo que no tengo? Milagros, Victoria, Horacio y mas-
Eran las once de la noche faltaba poco para que llegaran los invitados. Mientras yo me cambiaba, la mulata terminaba de acomodar las cosas.
Benjamín y la novia estaban discutiendo en la sala principal, al parecer ella lo había engañado con otro. Benjamín, de la impotencia, la agarro del cuello y la golpeó. Yo trate de agarrarlo pero me empujo. Desesperado la arrastro hasta el cuarto sosteniéndola del cabello. Busco el arma en el armario y le disparo en el pecho. Asustadas, la mulata y yo, llamamos a la policía y el se fue corriendo, en el camino lo paro el general Pedro de un tacle lo esposo y lo llevo a la cárcel, de ese momento nunca más supimos nada de él. 
Nahuel Lema

En ese momento yo estaba en mi casa, organizando mi casa para la gran fiesta MUNDIAL, cuando apareció mi hijo. Me le acerqué y le dije que se cambiara de ropa, ya que pronto llegaría el gobernador. Seguí ordenando. Benjamín me aclaró que no podría estar en la fiesta, y no le permití que se fuera por la puerta, así que la atasqué con la silla grande que encontré por allí. Él, furioso, me pidió que le permitiera salir, me dijo que nadie vendría a mi fiesta… estaba re loco!, luego entró el gobernador. No entendí la razón, pero mi hijo saltó por una ventana, trepó el techo y desapareció. Quedé totalmente flasheada. El gobernador me preguntó por Benjamín, y le dije que acaba de irse. Salió corriendo con sus soldados a buscarlo!, qué día de locos. Y yo que pensé que me estaba volviendo loca! Al día siguiente encontré en el diario una noticia en la que un chico con el mismo nombre que mi hijo se escapó de la policía. ¿Qué habrá hecho? Sigo sin entenderlo. ¡Qué mundo tan loco!
Luciano Canale

En el momento que preparaba mi morada para un festín, apareció Benjamín, mi hijo. Lo veía apresurado, como si quisiera escapar de algo o alguien. Le ordené que se vistiera  porque él sería el encargado de recibir a los invitados. Al terminar el me aclaró que no estaría esa noche, que debía viajar al norte. Cuando el ingreso a su cuarto, cerré su puerta con el sillón de Arequipa. Mientras tanto el arremetía con furia contra la puerta de cedro, gritaba y exigía que lo dejara salir. En ese mismo momento, el gobernador llegaba con 5 soldados del fuerte. El me pregunto por Benjamín, le contesté que estaba encerrado en el cuarto, en ese mismo momento, dos soldados quitaban el sillón de la puerta los otros 3 se enfilaban en la puerta y preparaban sus fusiles. Al ver esto, comencé a gritar y intente detener el fusilamiento, pero ya era tarde. Benjamín salió por esa puerta con locura, despavorido . En ese momento recibió 3 balazos y cayó muerto, sin vida. Ese día, un día que sería de fiesta y con mucho color, era el día en el que mi hijo, mi amado hijo perdería la vida.
Carmela Paiola

Ya está todo listo para mi fiesta de cumpleaños, acá acompañada de mi vaca voladora color púrpura, estamos haciendo las invitaciones mientras mi gato me habla y mis duendes me sirven té. Una vez terminadas las tarjetitas me puse a cocinar con las vecinas y con las jirafas mientras mulata me ordenaba el patio y lo iluminaba con velas, yo terminé de cocinar y ayude a mulata con la decoración del patio con flores.
En ese preciso instante entra mi hijo, apurado por irse al norte.
Yo me rehusé a que se fuera, él me dijo que estaba apresurado, entró a su cuarto y empezó a revolver sus cosas e hizo su bolso de viaje. Hablando con mi hada llegamos a la conclusión que sería buena idea encerrarlo, para que no se escapara entonces, con mulata, le pusimos un sillón en la puerta y me fui a recibir al primer invitado junto a mi vaca voladora y mi pony.
Cuando ubiqué al invitado en una mesa, las jirafas lo atendían, con ayuda de mulata sacamos el sillón de la puerta de mi hijo, para que salude a el invitado, pero este lo conocía y llamo a la policía para que lo vengan a buscar. Cuando la policía llego se lo llevaron… ¡qué mal!, nadie se quedó a disfrutar de mi fiesta. Todos se perdieron de la piñata y no se llevaron  la sorpresita… ¿Por qué se habrán llevado a mi hijo? ¿ y a donde quería ir con tanta prisa? Será un misterio saberlo, pobre de mí fiesta, fue un fracasa…
Facundo Perez

Benjamín llego a mi casa y se asombro porque el patio estaba iluminado, me ve y me pregunto:” por qué es todo esto?”. Yo le respondo que hice una fiesta e invité a todas las personas importantes de la ciudad. Benja se asusta y con cara de temor me dice que se tenía que ir y que era urgente.
Como yo no quería que se vaya entonces le digo que en su habitación ahí un regalo para que lo vaya a buscar. Cuanto entra lo encierro y no le abro y  hago como que si no lo escuchase.
Minutos más tarde aparece el alcalde en mi casa con cuatro soldados del fuerte.
Entonces voy a la habitación donde estaba mi hijo para decirle que acoja a los invitados.
Cuando Benjamín fue al patio ve al alcalde. Los cuatro guardaespaldas salieron a correrlo por las calles, Benjamín iba quince metros delante de los cuatro forzudos.
Después de dos minutos, a mi hijo le agarro un  paro cardiaco y falleció en el momento.
Eugenia Fernández

¡Oh no! Se me acabó el tiempo. Estuve horas y horas decorando el patio con velas por ahí, velas por allá, para recibir a mis importantes invitados y así celebrar un día fundamental en mi vida, mi cumpleaños, sí señores, mi cumpleaños; tenía que terminar de enviar las invitaciones para la fecha y ya no tenía tiempo, debía apresurarme.
-          Por favor, tráeme el sillón aquí- ordené a la mulata, que con gusto obedecía mis órdenes.
En cuestión de minutos tenía el sillón dónde lo quería, y a mi hijo cruzando el umbral con cara de preocupación. Vino con el cuento de que nadie vendría a mi fiesta y que él tenía la necesidad de huir enseguida - ¿En el día de mi cumpleaños? – Pensé - ¡No!, inaceptable, de ninguna manera, este chico estaba chiflado, y se atrevió a decirme que el evento que había estado planeando arduamente iba a fracasar, inaudito.
Obviamente, lo único que hizo fue ignorarme y seguir con sus planes de huir sosteniendo firmemente su posición ante el planteo de que nadie concurriría; permitirlo no era opción, decidí tomar una medida algo drástica, debía imponerme, por lo tanto lo encerré en una habitación,  sonó desquiciado, lo sabía, pero no podía permitir que me enfrentara y mucho menos de esa manera, ¡Es una falta de respeto!
Gritó, pataleó, lloriqueó pero nada iba a moverme de mi postura inicial, no iba a liberarlo para que cumpliera su cometido. ¡La fiesta se iba a llevar a cabo! ¡Gente importante vendría! Unos minutos más tarde, alguien pulsó la puerta, y resultó ser el Alcalde de la ciudad. Con ayuda de la mulata quité el sillón de la puerta y, acto seguido, Benjamín acogió al huésped.
Entré al cuarto cautelosamente intentando descifrar dónde se encontraba mi hijo, puesto que luego de varios minutos de haber quitado la silla para que pudiera salir no hubo respuesta alguna.  Exasperada por la repentina desaparición de Benjamín comencé a tambalearme y caí de rodillas al suelo.
Pasé días enteros, acompañada por los oficiales de la policía, intentando localizar por cielo y tierra a mi joven hijo. Pasada una semana, caímos en la cuenta de que no íbamos a encontrarlo, se había esfumado de la faz de la tierra.
Años después, lúcida como nunca, recibí una notificación en la que me comunicaban que mi hijo, mi pequeño Benjamín, había fallecido. Estuve varios días sumida en una inmensa agonía hasta que decidí dar fin a mi vida. No es un adiós, es un hasta pronto. 
Santiago Trobbiani

El patio se encontraba iluminado, en las paredes se reflejaba la luz de las innumerables velas que adornaban el lugar.
La loca llevaba una maseta con geranios, con la ayuda de la mulata, cuando de pronto vi frente a mí a mi hijo Benjamín.
El pobre niño estaba nervioso, se tomaba la cabeza, tenía su capa colocada sobre su espalda, como dispuesto a salir de la casa. Le pregunté hacia donde iba y me respondió:
-Madre debó irme de la casa.
-No te puedes ir hoy y faltar a la gran fiesta que organicé para mi cumpleaños, le respondí:
-Madre quisiera estar contigo pero no podré porque vendrán a buscarme, siento vergüenza, no puedo explicarte el motivo, debo irme.
-Hijo mío, no sé la causa de tu angustia, pero siempre de protegí y te apoyé, y esta vez no será distinto.
Marchate, habrá otros cumpleaños en los que podremos estar juntos.
Con mis pelos de punta, le respondí mientras un fuerte dolor oprimía mi pecho.
Lo abracé fuertemente y bese su frente. Me quedé observando cómo se alejaba y su figura se confundía con la oscuridad del anochecer.
Juan Voria

Estaba decorando el patio, llenándolo de velas, mueves, entre otras cosas. Esa noche iba a ser mi gran fiesta. Mientras hacía mis cosas muy tranquila y felizmente aparece mi hijo. Él se encontraba muy exaltado. Lo invité a sentarse, a que se tranquilice, pero no quiso. Dijo que no podía quedarse, que tenía que partir para el Norte. Se adentró en su aposento y al ver la oportunidad frente a mis ojos, con la ayuda de mi esclava apoyamos el sillón contra la puerta, impidiéndole a mi hijo poder salir.
-¡Madre, madre, dejadme salir, nadie vendrá!-. Imploraba mi hijo.
-Verás que sí, ya van a llegar los invitados-.
Pero al terminar de discutir con mi hijo pudo escuchar las pisadas de mi primer invitado. Era el alcalde, por lo que decidí dejar salir a Benjamín para que recibiera al huésped.
Pero al abrir la puerta, el silencio nos incomodó al alcalde y a mí. Pude ver la ventana del cuarto rota, y en medio de la habitación ropa y billetes desparramados.
-Benjamín, ¿Dónde te encuentras?¿Es que estás en el armario otra vez?-.
Pero no hubo caso, el chico no aparecía. Comencé a temblar y a morderme los dedos.
-¡Se nos ha escapado de nuevo! ¡Búsquenlo y mátenlo!- Gritaba el alcalde.
-¿Es que ya se va, señor? Si la fiesta acaba de comenzar. No se vaya. ¡Señor! ¡Señor!-.
El alcalde se marchó con sus soldados y yo, mirando sin saber dónde, pude ver un papel pegado a un costado del armario. Era de Benjamín.
-Querida madre: Lo siento, pero he tenido que huir. Nunca me has entendido y estoy en graves apuros, mi situación es complicada. ¡He robado, y es una fortuna! Pero el invitado que estaba en tu fiesta quiere verme muerto, por lo que he tenido que viajar al Norte. Cuento con tu silencio, pero aún asi quema esta carta-
Te adoro, Benjamín-.                                                                 
Luego de leer esta carta con los ojos llorosos, me senté a tomar te en espera de mi hijo.

Brenda Locher

Estoy esperando hace más de un mes mi fiesta, a la que invite a todo el pueblo y al nuevo comité con el juez y el alcalde de segundo voto que asistirá con todos sus soldados.
Le he dicho a la mulata que acomode las sillas en sus lugares y también que encienda todas las velas y faroles que se encuentren a nuestra disposición. Especialmente le pedí que regara todas las flores y que alimente a los jilgueros.
En ese momento llega mi hijo, yo estaba acomodando el patio, cuando lo vi le dije que inmediatamente se fuera a poner su chupa morada. El estaba un poco despistado pero había algo que realmente lo preocupaba. Como Benjamin no hacia caso a lo que le decía, desesperadamente comenzó a gritar que debia irse hacia el norte, yo no entendia por qué y me reia con una risa tonta, pero el insistia que debia irse y que nadie acudiria a mi fiesta.
En un momento el solo se enceró en su aposento, y con ayuda de la mulata, pusimos una silla frente a su puerta para que no pudiera escapar, en ese momento escuche que llego el primer convicto. Este era el alcalde con sus soldados. Yo estaba feliz porque había llegado mi primer invitado.
Queria que Benjamin conociera al alcalde, entonces le pedí ayuda a la mulata para que corra la silla y Benjamin salude al huesped.
Cuando logro correr la silla me doy cuenta de que no había nadie en la habitación y la venta estaba abierta. Por esta se veia a Benjamin corriendo por la calle hacia la estación de ómnibus.
Luego de una semana reicbo una carta que decia que no iba a volver a casa hasta que no arreglara un problema que tenia, esta estaba firmada por Bnejamin.
Después de 5 meses él vuelve a casa y yo no le pregunte nada, los dos estabamos bien.
Federico Zurita

Estaba preparando todo para la fiesta de esa noche con la mulata, cuando mi hijo Benjamín apareció. Le dije que se vistiera pero me dijo que no iba a estar, que tenía que ir para el Norte. Insistí en que no se fuera pero no me hizo caso, por lo que, con ayuda de la mulata, colocamos el pesado sillón contra la puerta para que se quedara en la casa.
De pronto entró el Alcalde de segundo voto escoltado por cuatro soldados del Fuerte. Me puse a conversar un rato, y luego, con la mulata, quitamos el sillón para que Benjamín recibiera al invitado. Pero el Alcalde, al ver a mi hijo, ordenó a sus soldados que lo capturaran. Se marcharon inmediatamente con Benjamín esposado.
Me enviaba cartas semanalmente desde la cárcel, contándome cómo estaba todo y que, en un par de días, sería liberado.
Josefina Guzinger

Se acercaba mi gran noche, hacía mucho tiempo que no me sentía así de nerviosa. No podía perder más tiempo! Dos segundos después me paré rápidamente y de un salto salí de la cama, me puse el mejor de mis vestidos y comencé a mover todas las masetas acomodándolas para que se vieran de la mejor manera posible para esta noche. – Dale mulata, dale, tenemos que acomodar todo muy rápido, corre!-Recuerdo que le dije. Una hora después vi a Benjamín, me dio una inmensa alegría verlo después de tanto tiempo, estaba segura de que se había olvidado de mi gran noche, de mi cumpleaños. –Vete a vestir-le dije. -Ponte la chupa morada, pronto estará el gobernador aquí-. No perdí más tiempo y me fui a cambiar de vestido.  Este tenía muchas plumas, en distintos tonos de rojos, importadas de Francia.
-Aquí- Le ordene a la mulata, la pobre criada ya casi no escuchaba.
-Madre, no podré estar es tu fiesta. Tengo que partir en seguida para el Norte. Lo miré con cara de desilusión, y él volvió a dirigirme la palabra. –Madre, tiene ustedes que comprenderme, debo irme ahora sin perder más tiempo. – No puedes irte hoy Benjamín! No te vayas hijo!- Le grite, me salió, sinceramente, del alma.
-Me voy madre, me voy-
En ese momento comprendí que Benjamín pensaba que la gente no iba a acudir a mi fiesta, siempre fui una mijer muy inteligente, pero el pobre estaba loco.
Hice lo que cualquier madre haría intenté agarrarlo, logré encerrarlo y le murmuré a la mulata que Benjamín no se iría.
Faltando tan poco tiempo para la fiesta me puse a regar mis tiestos olorosos, sacudí la alfombra mientras pensaba en una solución para mi pobre hijo loco.
- Madre, madre, que nadie vendrá, que no habrá fiesta, no nada! En eso le volví a preguntar, intentando confundirlo -¿Nadie acudirá a la fiesta, a su fiesta? Y como lo suponía, Benjamín se había confundido.
-Lo vi, lo vi al alcalde- Me dije a mi misma, Esta trayendo un bello bastón en la mano izquierda.
En eso sonreí y lo miré a Benjamín demostrándole mi derrota, abrí la puerta luego de haber movido el sillón con ayuda de la mulata, y no había nadie, absolutamente nadie.. En ese momento dejé salir mi nudo de la garganta y grité con toda mi fuerza. 
Clara Cherry

Se acercaba el martes y aún no había terminado de concretar todos los detalles. Sólo restaban tres días para poder repartir las tarjetas, elegir la decoración y mi vestimenta para el gran evento. No tenía que cargarme de grandes preocupaciones, ya que la mulata podría resolver cierta parte de ellos.
Esos últimos días de preparación para la fiesta había estado notando actitudes raras en Benjamín, mi hijo. Pasaba gran parte del día fuera de la casa y, cuando aparecía por aquí, solo se encerraba en su cuarto, sin ni siquiera dirigirme la palabra.
Al llegar el viernes, el día de la fiesta, Benjamín llegó a la casa temprano. Lo encontré en el segundo patio, pensativo y deslumbrado al observar la decoración para aquella noche. Estaba muy emocionada por su futura presencia en mi fiesta. Al toparnos, quebró mi ilusión diciendo:
-Madre, no podré estar en la fiesta. Tengo que partir enseguida para el Norte.
¿Al Norte? ¿El mismo día de mi fiesta tenía que partir para el Norte? E insistió:
-Madre, tiene usted que comprenderme, debo irme ahora sin perder un segundo.
Sin lugar a dudas, no quería asistir a la fiesta.
-¡No te puedes ir hoy, Benjamín! ¡No te vayas hijo!- Respondí. Sin embargo, su decisión ya había sido tomada. Tenía que hacer algo al respecto.
Benjamín se dirigió hacia su aposento y cerró las puertas. Con ayuda de la mulata, movimos una silla muy pesada contra la puerta, para que la salida quedara trabada.
Al darse cuenta, Benjamín intentó salir, pero no pudo lograrlo. Desde su habitación me gritaba cosas absurdas y delirantes.
Miré hacia la entrada y ya se asomaba el primer invitado, el alcalde de segundo voto.
Eufórica, con ayuda de la esclava, quité el sillón de la puerta para que Benjamín recibiera al huésped.
En el camino desde el cuarto hacia el patio, mi hijo no levantó la mirada del piso. Al llegar a destino, el alcalde observó detenidamente a Benjamín. Sin decir palabras, lo tomó del brazo y se lo llevó. Enseguida, el resto de los invitados comenzó a llegar.
Desde ese día que no veo a Benjamín, se perdió de una fabulosa fiesta.

Julia Giménez

Estaba sentada en el patio de mi casa, toda iluminada con flores que sonríen cuando se me ocurrió organizar una fiesta para invitar a todos mis amigos y vecinos. Sin pensarlo, empecé con los preparativos. Las invitaciones parlantes, que entregue a cada uno de mis invitados a través de mi elefante volador de colores, estaban recién impresas.
Todavía quedaban muchos detalles por resolver y muy poco tiempo. Un día antes de mi fiesta tuve que ir por mi vestido, que estaba realizado con arroz y fideos (mis comidas favoritas) y después fui por la torta que Juan, el perro del vecino, se comprometió a hacer.
Cuando el día de la fiesta llegó, yo me encontraba parada junto a mi mulata, quien me ayudo con la organización de mi fiesta, esperando a que alguno de mis invitados tocara la puerta para disfrutar un buen momento.
En ese momento, vi la sombra de un hombre que paso rápido por el pasillo y se iba acercando a la puerta de salida. Empecé a gritar, lo pare para que no se fuera, el se dio vuelta y me di cuenta de que es mi hijo Benjamín. Me dijo, muy asustado, que no se iba a quedar en mi fiesta ya que la policía lo estaba buscando porque lo acusaban de trafico de frutas y negros. Yo, pensando que me trataba de loca, le pedí a mi mulata que me ayudara a encerrarlo en la habitación más cercana.
   Para olvidarme de este mal momento me fui a la cocina sola a danzar con mis amigos los cerámicos, que también estaban invitados a mi fiesta. En eso, escucho que suena el timbre de la puerta principal, salí corriendo de la cocina para abrirla.
Me encontré con el Alcalde de la ciudad. Muy alegre me acerque hacia donde se encontraba Benjamín, lo presente, pero el Alcalde lo reconoció y lo arresto. Muy desilusionada cancele mi fiesta y sin pensarlo dos veces fui corriendo a mi habitación, subí el volumen de la música y toda la tristeza terminaría al correr una silla y quedar colgada de una soga.
Agustina Castro

Es lunes, faltan pocos días para mi fiesta. Hoy comenzare a repartir las invitaciones, estas quedaron muy lindas tienen detalles en dorado. Estoy muy emocionada y ansiosa. A mi fiesta acudirá gente muy importante como el alcalde, diputados, empresarios y demás.
Mi hijo Benjamín es una gran persona y un importante comerciante. Mi esposo siempre está con  él y lo ayuda en su trabajo. En este momento se encuentra de viaje.
Es el día de mi fiesta mi mulata Clara, esta ayudándome con los preparativos. El patio está muy iluminado con faroles y velas. También se encuentra una mesa dulce con pasteles, tartas y masas finas. Al rato llega mi hijo Benjamín, me saluda y comienza a decirme:
-Mamá no podré estar en la fiesta, tengo que viajar al norte.
-¿Qué no estarás en la fiesta? La mulata Clara, responde:
-Solo bromea
Comencé a reírme a carcajadas con Clara. Benjamín seguía bromeando y se dirige hacia la puerta porque quiere irse. Me enoje y le dije que se fuera a vestir, la mulata le dio su traje. Benjamín siguió insistiendo en que quería irse. Entonces lo encerré en una habitación. Benjamín muy enojado comienza a decirme:
_-¡mama déjame salir! ¡Déjame salir! ¡Dale porque me van a llevar preso!

Sigo sin entender, me acomodo el pelo. Al rato se escucha la puerta y voy ansiosa a ver. Era el alcalde con cuatro oficiales. Lo llevo hacia la habitación donde estaba mi hijo. Le abro la puerta, Benjamín sorprendido y asustado mira al alcalde. El alcalde se dirige hacia a mi y me dice:
-Señora me temo que su hijo nos tiene que acompañar
-¿Mi hijo? ¿Por qué señor?
-Está acusado de contrabando y tráfico de esclavos
¿Cómo puede ser esto? Es un malentendido.
El alcalde tomó las manos de Benjamín y le puso las esposas.
Guadalupe Cadona

En ese entonces me decían doña Concepción, todos pensaban que yo estaba loca, lo cual no era así. Aquella noche yo organizaba una fiesta, a las que asistían personas muy importantes, ya tenía todo preparado, cuando de repente paso Benjamín, mi hijo, yo ya estaba arreglada. Me miraba raramente y me decía que no podría asistir a mi fiesta., tan pronto escuche eso, reaccione mal y comencé a gritarle que por favor estuviera presente esa noche. Cuando se decidió a entrar a su habitación, le cerré la puerta, para que no pudiera salir. Cuando Salí al patio, ya estaban llegando los invitados, el alcalde de segundo voto, tría un bastón en su mano derecha y lo escoltaban cuatro soldados del fuerte, yo le sonreí amablemente, le hable muy frenética, agitando los brazos de un lado para el otro, como una loca. Con la ayuda de la esclava quitamos el sillón de la puerta, que impedía que Benjamín saliera. En cuanto el alcalde lo vio, sus soldados saltaron hacia él, yo no sabía qué pasaba en ese momento, lo único que sabía era que habían agarrado a mi hijo, y nadie me decía por qué.
Catalina Azzimonti

Ya estaba todo listo y en su lugar para la fiesta tan esperada, en cualquier momento llegarían los invitados, todos los hermosos adornos hechos con mis propias manos cada uno ubicado perfectamente, y yo lista, esperando. Tanto tiempo planeando esta fiesta, haciendo las invitaciones, ordenando todo para que esté perfecto, y al fin había llagado el día.
De repente entró al patio Benjamín, mi querido hijo, pero todavía no estaba listo, y pronto comenzaría la fiesta.
-Hijo, vete a vestir, ponte la chupa morada que pronto comenzará la fiesta y tu no estarás listo, ¿qué pensarán los invitados cuando lleguen y tú no estés para recibirlos?-
-Madre, no podré estar en la fiesta, debo irme cuanto antes, tengo que partir enseguida para el Norte-
-¿Cómo? ¿Qué tú no estarás en la fiesta? No, no puede ser, es una broma, tú no puedes irte, pronto estarán aquí las personas más importantes de Buenos Aires, tú no puedes faltar, claro que no, no, tú te quedas, no te irás de aquí.-
Mi hijo debe estar bromeando, no puede irse antes del comienzo de la fiesta, mi fiesta. Tanto esfuerzo haciendo las tarjetas, dedicadas especialmente para cada invitado, no, no puede ser.
- Madre, debe comprenderme, tengo que irme ahora, no puedo perder más tiempo.-
- Benjamín, mi Benjamín, tú no puedes hacerme esto, no, no, no puedes irte, no. ¿Él no puede hacerme esto verdad? No, claro que no, él se quedará, no se irá de aquí. Tú te quedarás Benjamín, te quedarás conmigo.-
- Madre, déjeme, tengo que irme, no puedo quedarme, déjeme, déjeme, me voy, madre.-
Benjamín entró en su habitación y cerró la puerta.
- No se irá, Benjamín no se irá… Tú, tú me ayudarás, tú me ayudaras a que mi hijo se quede, mi Benjamín no puede irse. Ven, ayúdame, corramos el sillón. No podrá irse si no puede salir de su habitación.-
Desde dentro de la habitación se comenzaron a oír las súplicas de mi Benjamín, pero yo iba a hacer todo lo que estuviera a mi alcance para que no se fuera, él no podía dejarme sola en mi fiesta.
- ¡Madre! ¡Por favor déjeme salir madre! ¡Que no habrá ninguna fiesta, no vendrá nadie! ¡Déjeme salir! ¡Que vendrán a prenderme! ¡Madre por favor!-
- ¿Cómo? ¿Qué nadie vendrá a mi fiesta? No, mi hijo delira, ¿no es así? Dime, mi negra, que sí vendrán los invitados, mi Benjamín debe estar imaginando cosas, ¡es imposible que falten los invitados!... ¡Mira! Allá esta nuestro primer invitado, el alcalde. Te dije, Benjamín está imaginando cosas. Ven, vamos a recibirlo mientras mi hijo termina de arreglarse.-
- Buenas noches, Doña Concepción, vengo a ver a su hijo, es urgente.-
-Buenas noches, sea usted bienvenido, señor alcalde. Mi hijo Benjamín está arreglándose, vendrá a recibirlo en unos momentos… Espero que la pase muy bien en esta fiesta, como ve, he dedicado mucho tiempo y esfuerzo para que todo salga perfecto. Venga acompáñeme, le mostraré el jardín para que vea…-
- Disculpe, Doña Concepción, pero necesito ver a su hijo, lléveme a su habitación en este momento.-
- Discúlpeme, ahora mismo lo llevo. Ven, ayúdame a correr el sillón de nuevo, mi negra.-
- Muy bien, ¡Señor Benjamín! Hemos venido a buscarlo, queda usted detenido por contrabando desde aquí hacia Mendoza.-
-¿Mi Benjamín detenido? Esto debe ser un error señor alcalde, no puede ser, usted debe de estar confundido, no, no puede ser.-
- Disculpe señora, aquí no hay ninguna confusión, su hijo es contrabandista.-
Entre tres hombres comenzaron a sacar a mi Benjamín de dentro de su habitación a medio vestir, yo lo sabía, estaba segura de que no estaría presentable para recibirlos, pero ellos insistieron. No pasará nada, se lo están llevando a un pequeño viaje. Se podrá cambiar tranquilo mientras viaja. Pronto volverá, y cuando llegue, le haré una gran fiesta de bienvenida.
-¡Madre! ¡Madre! Perdóneme.-
- Hijo no te preocupes, de haber sabido que te llevaba de viaje el alcalde no te lo hubiera impedido, debe ser por un asunto muy importante, me imagino. No te preocupes, yo les diré al resto de los invitados que tú te has ido en un importante viaje con el alcalde, y que muy pronto volverás, ve hijo, ve.-
Acompañado por los ayudantes del alcalde, partió mi Benjamín para el norte en un importante viaje, lo extrañaré mucho, pero sé que todo estará bien. 
Urdiales

Todo empezó aquel día en los preparativos para mi fiesta de cumpleaños. Benjamín estaba paseando por el patio cuando decidió desaparecer rumbo a Santa Fe porque sino vendrán a arrestarlo por contrabando de mercancía.
Al dia siguiente, me acerqué a él rápidamente para decirle que se fuera a vestir y que se pusiera la chaqueta morada. Sin detenerme volví a mi tarea. Al rato, mi hijo me dijo que no podrá estar en mi fiesta porque tenía que partir al norte. Yo pensé que mi hijo estaba bromeando. Pero finalmente me dijo: “tiene que comprenderme madre, debo irme ahora sin perder un segundo”. Me besó angustiado, me abrazó y le grite:
- ¡No te puedes ir hoy Benjamín, eres mi hijo! Es un dia especial para mí, vendrá el gobernador.
- Me voy madre, me voy.
Él se fue a su aposento y arrojó las alfombras sobre la cama. La mulata se quedó junto a mí enloquecida; Benjamín volvió al patio, nos empujó hacia la puerta y quedé balanceándome en el medio del patio. Murmuré: “no se irá”.
Benjamín estaba furioso, arremetió las hojas pero los duros cuarterones resistían. Me dijo:
- Madre, déjeme salir que vendrán a buscarme para arrestarme.
No lo escuché.
- Madre, que no vendrá nadie, no habrá tal fiesta.
Llegó el alcalde y trajo el bastón en la diestra y lo escoltaban cuatro soldados.
Benjamín ya se había ido, y cuando llegó al norte me comentó que era contrabandista y por ese motivo se tuvo que ir. Volvió a casa y se entregó a la policía porque no resistía la presión, entonces quedó cuatro meses en la cárcel y se suicidó allí.

DASHA OREJOVA
 Estaba a horas de mi cumpleaños, terminando de preparar los últimos detalles, estaba muy entusiasmada. Por suerte, la mulata ya había terminado de confirmar las asistencias a mi fiesta de cumpleaños, eso me entusiasmó mucho más.
Noté algo, algo que me inquietó bastante. Benjamín, mi amado hijo, se veía nervioso y muy estresado, con miedo. Me atreví a preguntarle qué le pasaba. Él, como siempre, me contestó cortante. Esta vez no me dejé faltar el respeto, fui y le volví a preguntar qué era lo que le pasaba. Benjamín, muy angustiado, me dijo que se tenía que ir, partir hacia el Norte, en este mismo instante. Yo no entendí nada, me puse mal y a la vez no sabía que no lo iba a dejar irse, no para mi cumpleaños.
 Cuando él entró a su cuarto para agarrar sus cosas y partir, agarré la llave de su cuarto y lo encerré ahí. Me quedé más tranquila, mi hijo iba a estar en mi fiesta de cumpleaños.
Me asomé por la ventana y vi que el primer invitado ya estaba llegando, era el alcalde de segundo voto. A la vez, vi que mi hijo se escapaba por la ventana. Qué triste me puso. Pero, por alguna razón, el alcalde lo persiguió, lo tiró al suelo y llamó a la policía. “Qué raro” pensé. Me puse a pensar qué podía hacer, y llegué a la conclusión de que no quería vivir más así, ahora con mi hijo muy lejos de mí, yo sin plata para poder sacarlo de la cárcel, no quería vivir más así.
Ese fue mi último cumpleaños, número 50.                     
Mercedes González

El tiempo corrió, todo se volvió más difícil de organizar. De acá para allá, de arriba abajo, transpirando como una loca, para crear un ambiente satisfactorio a nuestros ilustres invitados.
-Aquí, aquí lo quiero- le exclamé a la mulata donde tienen que ir los faroles con vela de sebo para que el patio quede espléndidamente iluminado.
Benjamín, mi hijo un poco perdido, llegó con una cara de preocupación más pálida que un fantasma. Poniendo toda mi energía positiva me acerco a pedirle que se vista para mi importante reunión.
-Madre, ahora mismo tengo la obligación de irme hacia el Norte.
-¿Cómo que te tienes que ir hacia el Norte justo en este preciso instante en el que pueden llegar todos los invitados? ¡No te puedes ir!-exclamé con gran furia.
-Es un asunto muy delicado, no puedo quedarme un minuto más, me tenderé que marchar en este preciso momento.-dijo Benjamín serio y con gran angustia.
Empecé a desesperarme sabiendo que en cualquier momento podrían llegar el alcalde u otros invitados de gran importancia. En esa desesperación me vi obligada a encerrar a mi propio hijo con ayuda de la mulata. Desde adentro de la habitación en la que él estaba, se escuchaba que gritaba amenazándome con que nadie iba a asistir a mi fiesta de gala. La verdad es que no sé con esa actitud lo que quería decir, lo cierto es que le pedí a la mulata que cantara mientras poníamos un sillón en la puerta de la habitación en la que estaba mi hijo, para así tapar el acceso a ella y aliviar la tensión que se presentaba en la sala.
De pronto aparece el primer invitado. Por mi parte no podía estar más feliz de demostrarle a mi hijo que sí había llegado un invitado, es más,  que había llegado el alcalde de segundo voto, que traía con él cuatro soldados del Fuerte escoltándolo. Con mi frenética risa y mi dulce sentido del humor logré que el alcalde me acompañara a ver a Benjamín, por supuesto siempre con sus cuatro soldados rodeándolo. Entonces le pedí a la esclava que me ayudara a correr el sillón para que el alcalde viera a Benjamín. En el momento que abrí la puerta ví el cambio de cara más rápido de mi vida, Benjamín apareció muy molesto y luego se quedó pálido al momento en que vio con quien yo estaba acompañada. El alcalde, sin pensarlo dos veces, exigió el encarcelamiento de mi hijo, sus soldados respondieron a su pedido y vi como se llevaban a Benjamín. Supongo que ese muchacho tiene varias cosas que confesarme, en ese sentido salió a mí.
Franco Pereira

Todo empezó con el día de mi fiesta yo estaba muy inquieta moviendo cosas de acá para allá, ansiosa porque llegarán los invitados. Cuando repentinamente lo vi a benjamín que se había olvidado, agarrandose la frente, así que lo mandé rápido a cambiarse y el muy maleducado me dijo:
-Pareces un ave extraña que camina entre las velas a saltitos.
Porque tenía unas plumas rojas en mi cabello y cuando me terminó de decir, me comunicó que se tenía que ir. Le grité con todo:
-¡No te puedes ir! ¡No te vayas!
Me puse muy nerviosa y cuando entró a su aposento lo encerré, le trabé la puerta y él me gritaba que no iba a haber fiesta, que nadie iría, pero enseguida llegaron el alcalde de segundo voto y cuatro soldados de frente, con la ayuda de mi mulata le quitamos el sillón con el cual habíamos trabado la puerta para que saludara a mi invitado.
Cuando destrabe la puerta vi que la ventana estaba abierta, busque a mi hijo por todos lados pero no lo encontré por lo que salí corriendo a contarle al alcalde, que me respondió:
-¡Maldición! Muchachos vayan a buscarlo.
Me di cuenta de que mi hijo era contrabandista de negros y que yo misma lo había condenado.
A las tres horas vino el alcalde, me comunicó que lo habían encontrado pero que lo habían sentenciado de por vida. Me puse a llorar y luego de 6 años, no me lo perdona, encima que voy todos los días a verlo.
Romina Frasone

Era el día tan esperado para mi, para mi fiesta de cumpleaños solo faltaban horas.
María y yo acomodábamos los sillones e íbamos de acá para allá iluminando el patio.
De un momento a otro vi a Benjamín parado en la puerta.
Me acerque muy contenta a él ya que cada vez faltaba menos para mí fiesta, y le dije “Ve a vestirte querido hijo, en un rato llegaran los invitados”.
El estaba inmóvil y con la mirada perdida. Preocupada le pregunte si le pasaba algo, me dijo que no asique fui a la cocina a preparar jugo de espinaca.
Después me fui a cambiar, me puse un vestido azul con unas plumas fucsias.
Luego regrese al patio donde me esperaba mí amado hijo para decirme que se tenía que ir rápidamente y no iba a poder estar en mi fiesta. Muy angustiada lo abrace y le rogué que se quedara, peor el me dijo que debía irse.
Con ayuda de la mulata, lo encerré en su aposento, el me gritaba: “Loca, déjame salir que vendrán a prenderme por lo que he hecho!!”.
En el medio de los gritos la mulata logro ver que ya venía el primer invitado, el alcalde, junto con sus soldados.
Con la ayuda de María moví el sillón para que mi querido hijo fuera a recibirlos, pero cuando abrimos la puerta, no estaba en el aposento, Benjamín había escapado.
Donde estaba era un misterio, solo sé que mi hijo había desaparecido.

Sofía Kroeck
No logro dejar ese recuerdo atrás, su mirada inculpándose tratando de evitar ser responsable de sus delitos. ¿Cómo él, mi hijo, pudo mandar a su propia madre a un lugar como este, tan solitario y deprimente? No tengo nada más con qué distraerme más que estas paredes forradas en papel blanco y tratar de zafarme de este chaleco, que tantas cosas me impide.
Era una tarde de Otoño, aquel 21 de Abril. Había notado una actitud extraña en Benjamín. Él no quería asistir a mi fiesta y era muy persistente en eso, Recuerdo que trataba de explicarme el motivo, pero yo no hacía oídos sordos a esto. Entre todos los preparativos ya había comenzado a enloquecerme, y Benjamín hacía esto peor. Quería que esa fiesta ocurriera, ojalá las cosas hubieras resultado diferentes y hubiera dado ese sarao, jamás pensé terminar en este espantoso lugar, hubiera preferido saltar desde las cataratas.
El alcalde ya había arribado, junto a su bastón y sus cuatro soldados. Yo me sentía feliz, al fin empezaban a llegar mis invitados. Previamente había encerrado a Benjamín en su cuarto, lo tenía bien merecido ya que me había faltado bastante el respeto. Quité la silla que trababa la puerta y dejé al alcalde entrar. De repente mi cabeza comenzó a llenarse de gritos y agresiones. El alcalde y sus soldados venían a llevarse a mi hijo y no lograba entender  por qué.
Enloquecí, comencé a herirme, la sangre corría por mi rostro, mis uñas llenas de pedazos de piel y mechones de mi pelo caían al suelo. Mi hijo comenzó a gritar, no logré comprender sus palabras del todo. Solo sé que él se encuentra ahora en una cárcel lejana de aquí y yo me encuentro en el Manicomio Psiquiátrico de Mendoza, sola con mi mente y aquellos recuerdos.