jueves, 7 de julio de 2011

Escritos sobre "Puente Viejo"

Muy ansioso estaba yo, al final de leer la noticia, quería saber qué había pasado  con lujo de detalle, por eso no se me ocurrió mejor idea que ir a Puente Viejo y buscar testimonios de gente del lugar. Para ello, me preparé las valijas, busqué mis agendas y partí. Al llegar, me alojé en un hotel y lo primero que hice fue buscar algún patio de comidas o un buen restaurant para comer, el viaje había sido un tanto largo y yo estaba muy hambriento.
Esa misma tarde, con ansias salí a recorrer el pueblo en busca de alguna persona que pueda contarte desde su punto de vista lo sucedido, y fue así que, caminando por una vereda, me encontré con una señora, un tanto alocada, que limpiaba se vereda; me pareció que podía contarme, por eso me acerqué y muy amablemente me dirigí a ella y le hice un par de preguntas. Ella, muy histérica y a la vez simpática, me contó toda la historia, prácticamente como se mencionaba en el diario, pero cuando llegó al final y contó que había llegado el comisario con un grupo grande de personas y habían comenzado a hacer pozos en el patio mencionó un detalle, demasiado importante para mí, que fue cuando terminaron de cavar y encontraron el cadáver, se dieron cuenta de que no era quien ellos buscaban. Por eso al finalizar, el comisario dijo a todos: “No digan nada de lo sucedido, se quedan callados”.
Creo que no es un detalle menor por eso es que  me sorprendí demasiado, ya que en el artículo este no se había mencionado. Luego de que la señora terminara le agradecí por su información y seguí recorriendo. Fue así que afuera de un almacén, encontré un grupo de personas, que por su forma de hablar supuse que algo más podían contarme, me dirigí a ellos y con seriedad les pregunté sobre lo sucedido. Ellos me respondieron prácticamente lo mismo que la señora, por eso pude pensar que la gente de allí tenía la misma información. Para terminar, entré a un supermercado, quizá allí iba a poder encontrar a alguna otra persona, me acerqué a una parejita de ancianos y les pregunté, pero ellos me respondieron que no sabían en realidad si responderme ya que en esa época los militares no eran muy buenos con la gente; por este motivo es que no quise presionar y, agradeciéndoles, me retire del lugar.
Afuera del supermercado se encontraba un señor, que por lo que me habían comentado era un peluquero, me acerqué y le consulté a él a cerca de lo que me había pasado en el pueblo, pero él interrumpiéndome, y antes de que termine de hablar, me respondió con un fuerte “NO”; de esta manera muy sorprendido le agradecí igual y me fui.
De esta manera, después de un largo día, volví al hotel y pude llegar a la conclusión de que la gente del lugar y el diario decían lo mismo, pero que al venir aquí, pude ver cómo los ciudadanos lo habían vivido acá y algunos detalles que no podían pasar desapercibidos.

Brianna Berardo

Escritos sobre "Puente Viejo"

Nuevos hallazgos de cadáveres en Argentina.

Ayer, se descubrieron nuevos cadáveres en Argentina, que está pasando por una dictadura militar.
Los datos fueron aportados por una vecina de la ciudad de Puente Viejo. Ella dijo que todo comenzó con una señora que desapareció de la ciudad, y una chica caminando por los médanos, vio que un perro comía una mano humana; entonces, le avisó al comisario del pueblo, y este pidió gente que colaborara cavando en los médanos, buscando el cadáver.
La gente que quiso colaborar, trabajó mucho con la pala. Luego, empezaron a encontrar cadáveres. Decenas de personas muertas, llenas de arena.
-Un espanto, añadió la vecina que no quiso revelar su nombre por miedo.
El comisario fue a preguntar a sus superiores que hacer con los muertos. A la media hora, volvió y ordenó enterrarlos denuevo.
Estas cosas están sucediendo en Argentina, durante el Golpe de Estado. Los ciudadanos están sufriendo mucho, solo por pensar diferente.

César Cervi

Escritos sobre "Puente Viejo"

TANTO SILENCIO, ATURDE


Estoy indignado, y al decir esta palabra, no sé si es la correcta. Tal vez podría ser, “dolido”, “avergonzado”. Lo peor es que esto lo llevo desde mi juventud, porque yo también callé, yo también accedí a hacer de cuenta que nada había pasado en nuestro pueblo.
Hoy adulto, y luego de haber vivido tantas situaciones injustas, tanto abuso de poder, tantas muertes de inocentes. Escribo esto sin miedo para que no volvamos a permitir que se pisen nuestro derechos. Que haya respeto hacia todos, que se termine la discriminación.
Hoy me atrevo a decir que cuando callamos como pueblo, por orden directa del Comisario, fue exclusivamente por el temor que nos causó ver tantos cuerpos mutilados y acribillados; para no terminar como el perro que descubría con su ladrido desesperado más cuerpos enterrados. Del viajero nunca más se habló,  ojalá haya logrado escapar de ese infierno y respecto al comisario… espero que pueda, alguna vez, reflexionar de lo que fue cómplice.-


Matías Cabral

Escritos sobre "Puente Viejo"

SOBREVIVIENDO

Hoy 29 de marzo del 2011 como participe del grupo de excavación aquella primavera de 1978 en Puente Viejo, después de 33 años y en democracia al fin puedo sacar y dar a saber mis propias opiniones acerca de este hecho inolvidable.
¿Qué pasó? ¿Qué nos está pasando? ¿Por qué nos callamos? ¿Por qué nos dejamos engañar sabiendo que estábamos siendo engañados? ¿Cuál será la respuesta? ¿Teníamos miedo? ¿Sabíamos que nos iba a pasar? Tal vez pensábamos que íbamos a terminar como el joven viajero, pero en realidad ¿Sabíamos que le había pasado? Estaba desaparecido, lo único que sabíamos, sin saber por qué, ni cómo ni cuándo; todo nos escondían pero interiormente cada uno de nosotros sabíamos qué nos estaba pasando como sociedad, pero una sociedad reprimida, con miedo ¿Qué fue lo que pasaba por nuestras cabezas en ese entonces? ¿El comisario tenía algo que ver con todo esto, o solo obedecía órdenes? Si obedecía órdenes ¿Qué tan responsable era? ¿Por qué le hicimos caso?
La respuesta a todas estas preguntas puede ser “MIEDO”, pero si es así yo hoy en día tengo miedo, porque si mis padres se callaron en las anteriores dictaduras, nosotros nos callamos en aquella ¿por qué no, nuestros hijos se callen en un futuro? Para poder invertir esto para que no pase lo que nos pasó a nosotros, para que no repriman la vida de nuestros hijos, de nuestros nietos, fuere cual fuese el gobierno hay que defender los derechos humanos, tenemos que defender la democracia; para que nunca más nos falten treinta mil voces, para que nuca más nos falten treinta mil sonrisas, para que nunca más nos pase dictadura.


Lucia Ferrer
16.456.150
Pueblo Viejo

Escritos sobre "Puente Viejo"

Querido puente viejo:
                                   Aprovecho este medio y esta fecha para contarles lo que sucedió en Puente Viejo en 1978. Viví muchas situaciones de injusticias y por eso decidí contar lo que sucedió. Seguimos al perro por sus ladridos y llegamos a la playa, comenzamos a cavar y encontramos cuerpos, el comisario nos ordenó que nos calláramos y eso hicimos. Es el día de hoy que me pregunto qué hubiera pasado si alguien hubiera hablado. Creo que nadie habló por miedo, por miedo a que suceda algo, por miedo a hoy estar enterrado allí con esos cuerpos, por miedo a que no podamos estar con nuestras familias, por miedo. Nunca nadie habló sobre el viajero, siempre tuve la sensación de que algo malo había sucedido, pero nunca se pudo demostrar. En cuanto a lo que sucedió con el comisario, todos fuimos cómplices ya que el comisario anotó uno por uno los nombres de cada uno. Antes creía que el comisario era él cómplice pero ahora sé que él no tenía nada que ver, solo estaba siguiendo órdenes porque seguramente tenía miedo como nosotros.

Giuliana Bello

Escritos sobre "Puente Viejo"

Sr. Director                                                                                                                                            24/03/05
                       Escribo hoy, para ponerle un fin a aquello sucedido hace ya varios años. Me siento obligado a dar una explicación, de mi parte y creo que sino de todos nosotros, de la mayoría, porque nunca hablamos de aquel joven viajero que una vez fue la novedad el pueblo. Ni de él ni de tantos otros que no hemos visto más. Supongo que los más jóvenes no sabrán a quién me refiero. Pero lo que deberían saber, y pienso decírselos, es la razón por la cual no conocen esa historia, que se desean pueden obtener información de cualquier miembro antiguo de esta comunidad. En la primavera de 1978 encontramos allí en los médanos a las afuera de este pueblo varios de los que debieron ser mucho más cadáveres. Íbamos con el comisario, fallecido hace sólo tres meses, que nos instó a guardar silencio sobre el asunto, algo entendible dadas las condiciones que el país vivía. ¿Por qué callamos tanto tiempo? En un principio, nos asustó más que el mismo comisario, la desaparición de su hija, lo cual demostraba la presión que este recibía. En sus últimos días, el pobre hombre decidió hablar. Nunca voy a entender por qué me eligió a mí como su confidente. Quizás porque estuve con él en el momento del descubrimiento de los cadáveres, o porque por casualidad llegué a su casa con algunas compras olvidadas en el negocio justo después de que su hija fuera secuestrada. El punto es que habló sobre cómo habían amenazado a su familia para mantener el secreto de los médanos, sobre la imprudente curiosidad que lo llevó a investigar la zona con las personas de Puente Viejo, el horror que experimentó al ver lo que ocultaba y cómo por culpa de un perro muerto de un balazo, ellos, los culpables de los cadáveres, se dieron cuenta que alguien ajeno había estado allí y decidieron llevarse a su hija a forma de escarmiento.
               Sin embargo, nos mantuvimos mucho más tiempo en silencio, luego del retorno  a la democracia por vergüenza, creo yo, de haber sido partícipes, de haber tapado la injusticia cometida en este pueblo sin pensar que no fue el único  lugar donde pasó, y que esas cosas es mejor exponerlas.
             En cuanto al muchacho, referido al comienzo de la carta, aquel libre viajero de pelo largo, nos podemos entregar a muchas especulaciones, como que efectivamente fue desaparecido, en ese caso, es nuestro deber seguir buscándolo como a los demás, o que se exilió por cuenta propia a seguir viajando por el resto del mundo.

Malena Amra

Escritos sobre "Puente Viejo"

El misterioso hallazgo en Puente Viejo


La gran noticia que ha conmovido a la gente, es la aparición de cadáveres en un pueblo llamado Puente Viejo, provincia de Buenos Aires, Argentina.

Lo que más llamó la atención es que los habitantes de dicho pueblo nunca tocaron el tema, por temor a algo o alguien. Nadie quiere hablar de lo sucedido o de los cadáveres.

Uno de los habitantes se animó a hablar y contó la historia de dos personas que habían desaparecido. Cuando empezaron a investigar, encontraron centenares de cuerpos enterrados en la arena. Estos cadáveres podrían ser algunos de los posibles asesinados por parte del golpe de estado en Argentina. Por su parte, el entrevistado contó que una de las personas que buscaban, apareció nuevamente en el pueblo, mientras que la otra continúa desaparecida.

Asimismo, el interrogado agregó que había estrechas órdenes por parte del comisario del pueblo, que nunca  más se tocara el tema.


Joel Pereira

Escritos sobre "Puente Viejo"

Infierno Grande.
El silencio en Puente Viejo esconde más de lo que no dice
Se descubrieron varios cadáveres en las dunas de un pueblo cercano a Bahía Blanca y, para sorpresa, el silencio es dueño de la situación.
Se estima que hace aproximadamente un mes, fueron hallados una cantidad innumerable de cadáveres en las dunas del pueblo costero Puente Viejo, provincia de Buenos Aires, Argentina.
Además del múltiple crimen lo indescriptible es el silencio de los habitantes frente a este hallazgo tan triste. Algunas investigaciones plantean que fue consecuencia del golpe de estado presente en el país.
Se quiso hablar con los vecinos del pueblo, pero nadie se atrevió a decir ni una palabra, con excepción de un habitante que nos brindó valiosa información; se cree que el miedo es más fuerte que los pensamientos de aquellos habitantes.
Se logró conseguir una data por parte un almacenero del pueblo, que estuvo presente en el hallazgo. Indicó que fue junto con otras personas, de las cuales no dio nombres, a buscar cuerpos de dos habitantes desaparecidos en la zona, y se encontraron con una sorpresa espantosa, centenares de muertos enterrados bajo la arena. Podrían ser posibles desaparecidos y torturados por la masacre que se está viviendo en toda la República Argentina. Por su parte, el entrevistado dijo que una de las personas buscadas regresó con vida al pueblo, pero de la otra, no se sabe absolutamente nada, y no fue hallada entre los cuerpos. Además agregó que se le dieron órdenes por parte de la comisaría, de volver a enterrar los cuerpos y no hablar de ello nunca más.
Julieta A. Solís Zudaire.

Escritos sobre "Puente Viejo"

Querido Puente Viejo:
Aprovecho este medio y está fecha, en la que todos reflexionamos con respecto a lo sucedido en Argentina, para informarles, lo que sucedió en Puente Viejo.
Como más de uno ha escuchado rumores y ya conoce la historia entre la francesa y el viajero hippie, voy a arrancar desde más adelante.
Una tarde fuimos un montón de personas a la playa y comenzamos a cavar. En un momento encontramos un montón de cuerpos en la playa. En ese entonces, hablar y opinar estaba prohibido, y el policía anotó todos nuestros nombres en una hoja.
Solo sabíamos que estaba La Francesa, pero ¿Y el Viajero? Para mí, el viajero fue una de las tantas víctimas de los militares que fueron secuestrados, maltratados y hasta tal vez matados de la peor forma que una persona puede imaginarse.
Así, de este modo, cierro la carta y saco a más de uno de la duda que tenía.

Desde ya, muchas Gracias.
Mai Grispino

Escritos sobre "Puente Viejo"

DESAPARECIDOS EN ARGENTINA.
Tras determinadas encuestas realizadas por la periodista Gabriela Uriburu se dio a conocer una historia con muchas preguntas inconclusas en Argentina, en la localidad de Puente Viejo.
Actualmente Argentina está pasando por un golpe de estado comandado por militares.
“A pesar de que en muchos lados se ve a la Argentina alegre por haber ganado la copa del mundo, la realidad es que mucha gente desapareció, y nadie sabe dónde está” Afirmó una vecina de Puente Viejo. También hablando con otra vecina “La viuda Espinoza” comentó una historia que dejó “helada” a la ciudad, donde comentaba la desaparición de una habitante de la ciudad, pero como su esposo decía que estaba de viaje, el caso se dejó a un lado.
También se decía que la mujer desaparecida se había fugado con un muchacho nuevo en la ciudad, que aparentemente había desaparecido el mismo día que la mujer.
“Yo sabía que algo raro pasaba, lo presentía” Dijo la viuda Espinoza.
El marido de la supuesta desaparecida se negó a difundir detalles sobre el lugar dónde estaba su mujer aunque aclaró que se fue a ver a su padre enfermo.
Pasaron los días y ni la mujer ni el muchacho aparecían.
Una mañana de septiembre un grupo de vecinas comentó que se realizaría una búsqueda de un cuerpo que la viuda Espinoza denunció que había visto en la playa.
La trágica búsqueda terminó en la aparición de decenas de cuerpos. “Anotare los nombres de cada uno de los presentes hoy, enterraremos los cuerpos de nuevo y haremos que nada de esto pasó” Dijo uno de los policías. Más de uno de los presentes en la playa comentaron entre sí acerca las torturas y las censuras de la libre expresión que había en la Argentina.
Luego de haber enterrado nuevamente los cadáveres sin más que hacer todos volvieron a sus casas y prometieron no volver a hablar de lo ocurrido.
Al cabo de unos días la supuesta desaparecida regresó, en cuanto al muchacho nunca más se supo algo de él. 

Escritos sobre "Puente Viejo"

Querida gente de Puente Viejo:
Hoy como habitante de este mismo pueblo decido no callar más. Todos me conocerán como el fiel dueño del almacén, aquel, viejo, poco reluciente, que se encuentra a 2 cuadras de la plaza. Va siendo el único almacén de este pequeño lugar.
En fin, decidí callar más, no sé por qué se me dio por hacerlo hoy 25 de marzo, pero en fin. ¿Por qué callamos? No sé, todavía me pregunto por qué decidimos callar cuando encontramos los cadáveres, cuando desapareció el joven, cuando el comisario dijo: “acá no pasó nada”. No entiendo, como pudimos callar tanto. El joven, aquel viajero de barba larga, que iba de por medio a aquella peluquería, no recuerdo bien si era la de Melchor o la del otro muchacho, a quién se le desconfió, se le dudó y en muchos casos se lo culpó de la desaparición de él.
¿Será que tuvimos miedo? No lo sé, lo que sí sé es que yo junto a otras 6 personas más y un pequeño perro, que ladraba y ladraba, encontramos miles de cadáveres. Fue ahí donde realmente abrí los ojos y vi la cruda realidad en la que estábamos viviendo.
En fin, hoy dudo si hubiera preferido no ver esos miles de cadáveres ocultos, no aceptar lo que estábamos viviendo, y de darme cuenta que nuestros derechos no estaban siendo respetados.
Hoy quedan muchas dudas del viajero, de donde esta, porque se fue, o si realmente se fue o se lo llevaron.
Hoy solo sé que me quedan muchas dudas, las cuales, seguramente nunca voy a descubrir.

Macarena Barcos

Escritos sobre "Puente Viejo"

EL MISTERIO DEL PUENTE VIEJO

Se han encontrado muertos en un pueblo de Argentina, estos se hallaban cerca del puente viejo en las dunas de la playa. Aun no se ha podido investigar lo que ha ocurrido, y la falta de personas aumenta cada día.


En el año 1980 comencé una investigación en la Argentina en ese pueblo. Allí me hospede en una casa, cerca del centro en donde se  podía ver todo lo que ocurría y así poder conocer personas que aportaran información sobre las personas desaparecidas.

Una mañana fresca, me levante muy temprano y caminé por la orilla del mar y al mediodía me dirigí  hacia el almacén que se encontraba cerca de la casa. Cuando entré al almacén vi que se acercaba un muchacho muy raro y después de realizar mis compras decidí esperar para poder escuchar su conversación con el almacenero en una de las góndolas. El muchacho le pregunto si había una peluquería y el hombre le dijo que había dos en el Puente Viejo; pero que él le recomendaba la de Cervino.
Salí del almacén tan rápido pude para poder seguir a este muchacho hacia la peluquería y así poder observarlo más detalladamente.
El muchacho ingreso a la peluquería y pidió un corte raro; mientras Cervino hacia su trabajo apareció su mujer que era apodada la Francesa, ella se quedo mirándolo y luego se fue.
Al pasar los días note que el muchacho estaba viviendo en una carpa cerca del pueblo.
Cervino y la Francesa, según el relato del almacenero, venían de la ciudad y habían llegado el verano anterior. Cervino tenía título de peluquero y contaba con todo la tecnología en peluquería.
Todos los del pueblo estaban acostumbrados a no ver con frecuencia al muchacho en el almacén y cuando decidía aparecer hacia compras grandes como para quince días.
Pasaron unas semanas y las mujeres del pueblo decían en secretos que Nielsen había estado son la Francesa la noche anterior, según la viuda de Espinosa, porque desde su ventana los había escuchado en la carpa del muchacho.

Pasaron unos días y decidí hacer mi caminata habitual desde la playa hasta el Puente Viejo, pero fue en ese momento en que no pude ver a la Francesa en la peluquería y la carpa del muchacho se encontraba vacía. Es por eso que todos los del pueblo pensaban que habían huido juntos, pero a mí me parecía bastante extraño ya que la carpa del muchacho seguí allí. Fue en ese momento, que noté a la viuda de Espinosa muy pensativa tratando de aclarar sus dudas. Ella sospechaba de Cervino, en cambio yo y el almacenero no estábamos de acuerdo con sus ideas.

Un día estaba en el almacén charlando con unas cuantas personas cuando en un momento entra Cervino muy distraído al almacén. La viuda no dudó en preguntarle donde se encontraba la Francesa, pero el solo dijo que ella había ido a visitar a su padre porque estaba enfermo.
Transcurrió un mes aproximadamente desde la desaparición del muchacho y la Francesa.

Como hacía más de un mes que estaba en ese pueblo, decidí aceptar el empleo que me ofrecían en el almacén para poder contralar la mercadería. Cuando todas las tardes venía gente  al almacén se escuchaban rumores de que Cervino era un criminal y que un asesino andaba suelto.
Todas dudaban de la historia de la Francesa que contaba Cervino.

Una mañana  me levante temprano para hacer unas encuestas a las personas que pasaran por el almacén: para poder preguntar qué pensaban acerca de los desaparecidos. Es por eso que me enteré que la viuda estaba buscando con una pala los cadáveres de la Francesa y el muchacho en la playa y que un día los encontró.

Una tarde cálida de noviembre, la viuda y otras personas buscaron palas en el almacén y todos fuimos hacía los médanos del Puente Viejo.
El almacenero y yo íbamos cargando las palas y la viuda y un comisario iban delante de la caminata.
Allí en los médanos, todas las personas cavaban pero nadie encontraba nada. En este escalofriante lugar, había un perro que la viuda había visto comiendo una mano, este ladraba saltaba, fue entonces cuando el comisario encontró un cuerpo y todos se entusiasmaron porque tenían las esperanzas de encontrar a la Francesa. Pero en lugar de eso. Encontraron cientos de cuerpos.
Yo no había tocado la pala, solo estaba sentada. El comisario luego de ver esto, pidió que esperáramos allí mientras él iba al pueble y pedía instrucciones al pueblo.
El comisario volvió rápidamente y mientras anotaba nuestros nombres nos ordenó que desenterráramos a loa cadáveres.

Como no obtuve respuestas acerca de los cuerpos ni de los desaparecidos decidí volver a mi país esa misma noche.
Me despedí del almacenero, le dejé mi dirección así me mantenía informada acerca de lo que sucediera.

Una tarde lluviosa, recibí una carta de él. La abrí rápidamente y leí que la Francesa había regresado, porque su padre se había recuperado, pero también leí que del muchacho no se hablaba más y todos trataban de olvidarlo.

  
Sofía Garrido

Escritos sobre "Puente Viejo"

“Lo que la arena se llevó”
Mi curiosidad por el rumor de una historia capaz de poner los pelos de punta me llevó al país celeste y blanco. Mi vuelo se atrasó algunas horas y la llegada a Ezeiza fue un poco incómoda. Se veían más policías y militares que pasajeros.
Salí del hotel donde me quedé sólo una noche, me subí a un taxi y me fui a la estación de ferrocarril. Durante el trayecto me sorprendió la cantidad de autos verdes que daban vueltas alrededor de la ciudad de Buenos Aires.
Llegué a Puente Viejo, un pueblo en la provincia de Buenos Aires donde se decía que los pueblerinos habían encontrado cadáveres y habían sido obligados a volverlos a ocultar. Sabiendo que conseguir información no iba a ser algo sencillo, decidí hacerme pasar por un turista. Luego de dejar las valijas en l hostería, salí a recorrer un poco y aprovechar los últimos rayos de sol. Mientras caminaba, pasé por una peluquería, un almacén y una comisaría. Como en todo pueblo pequeño, pensé que los que más sabrían sobre la historia serían el almacenero y el peluquero, así que me dirigí a la peluquería.
Al entrar, noté que había algunas revistas para hombre un poco escondidas. El peluquero me preguntó qué se me ofrecía. Le respondí que quería cortarme el pelo y me hizo sentar en uno de los sillones. Mientras escuchaba el ruido de las tijeras contra mi pelo, oí que uno de los clientes mencionaba algo sobre unos cadáveres encontrados en los médanos hacía un tiempo. Eso fue todo lo que pude escuchar, porque el peluquero había terminado su trabajo y luego de que pagué me invitó a marcharme.
Unos días después, me dirigí al almacén en busca de más información. Agarré algunas latas de una repisa y me fui al mostrador. Justo en ese momento entró una mujer de mediana edad que, en seguida, comenzó a hablar con el almacenero. Por lo que había oído unos días antes, supuse que era la “viuda de Espinosa”. La mujer se largó a hablar sin parar siquiera a respirar. Decía que aunque habían pasado dos años, ella aún tenía pesadillas con “todos esos cadáveres” y sostenía que “el muchacho estaba ahí”. Antes de poder escuchar algo más, el almacenero me preguntó si estaba listo para pagar y, como no tenía ninguna excusa para quedarme, otra vez pagué y me fui.
Pasaron cinco días sin escuchar nada más sobre el tema y como me estaba quedando sin dinero, decidí volver a España. Pero, según la Ley de Murphy, la última noche de mi estadía mientras caminaba me encontré con la viuda de Espinosa tratando de entrar a su casa con diez bolsas del almacén. Me acerqué y le pregunté si necesitaba ayuda. Tomé algunas bolsas y entré a su casa. Las dejé y me di vuelta para irme, pero la mujer me invitó a tomar algo llamado mate. Acepté y nos sentamos en la mesa de su cocina.
Así fue como supe lo que había pasado. Una mujer a quien llamaban la Francesa había desaparecido en el año 78 al mismo tiempo que un muchacho que acampaba al lado de su casa. Todos asumieron que ella, casada, se había cansado y ambos habían huido como amantes. Un día, unos meses después, el comisario del pueblo ordenó a los habitantes dirigirse a los médanos detrás de un puente y cavar, porque habían visto a un perro comiendo una mano humana. Luego de unas horas de cavar en silencio, apareció un cadáver y otro y otro más. Había cadáveres donde se mirara. Cuerpos golpeados, con los ojos tapados o llenos de arena. El comisario les dijo que esperaran allí mientras él se ausentaba unos minutos. Al volver, ordenó a los pueblerinos que volvieran a enterrar todos los cuerpos. Le pidió a cada uno su nombre y les ordenó no volver a mencionar nunca nada a nadie.
“Nunca nos enteramos quiénes eran esas personas, o porqué estaba allí. Pero algo era seguro: todos los que estuvieron en Puente Viejo en ese momento saben que el pueblo nunca volvió a ser el mismo” finalizó la viuda de Espinosa.

Verena Kaiser

Escritos sobre "Puente Viejo"

Diario la mañana del puente viejo:
Les cuento y les quiero informar sobre los hechos ocurridos en Puente Viejo en el año 1978. Yo soy un habitante de este mismo pueblo y tengo un almacén frente a la playa, donde una o dos veces al mes veía siempre ese peculiar muchacho, del cual nunca supimos su nombre y siempre tuvo un aspecto a mochilero de paso al sur.
Luego del fin de la primavera desapareció al igual que la francesa y se corría el rumor que se habían ido, o que el esposo de ella la había matado y mucho más. Pero particularmente no pienso en nada, hasta el día de hoy no se encuentran los cuerpos, solo algunos que no fueron identificados. En ese momento nadie opinaba sobre ello. Yo siempre pensé que el comisario algo sabía o por lo menos algo sospechaba. De los 12 años que pasaron siempre me pregunte ¿Qué ocurrió con ellos?
Marianela Barrientos

Escritos sobre "Puente Viejo"

La peluquería que te recomendé fue donde se despertaron las habladurías de la gente, quienes decían que tenías un romance con la esposa del peluquero. Así pasaban los días hasta tu desaparición.
Se murmuraron muchas cosas y hasta se buscó tu cuerpo, pero en tu lugar se hallaron otros, los que tapamos por órdenes superiores, por el mismo motivo que siempre tuvimos que callar.
Yo sabía que habías alcanzado a huir del infierno pero callé más aun, no por temor, sino porque quería que vivieras, aunque fuera lejos de tu tierra, feliz.

Rocío Sendyk

Escritos sobre "Puente Viejo"

Diario de Puente Viejo
Carta de lectores
A todos aquellos que leen esto, a quienes les interesa saber o puede ser recordar un poco de lo que pasó esa primavera de 1978.
¿Por qué callamos? ¿Por qué había tanto miedo? ¿Será que esas amenazas nos tenían atados a un secreto que es solo el día de hoy podemos revelar? ¿Será que hoy es el día en que no tenemos quién nos reprima, quién nos calle con una bala, quién nos entierre como aquellos cuerpos que encontramos aquel día? Hoy en una sociedad democrática tengo el valor de contar qué pasó con Puente Viejo que tantos años calló este secreto, que tanto tiempo al igual que el comisario estaba entre la espada y la pared sin poder gritar “auxilio” o mejor dicho “libertad”.
No voy a entrar en detalles de lo que pasó aquel día, pero a todo Puente Viejo le quiero recordar ese momento del que nunca tenemos que olvidar. Por todos esos ángeles que nos acompañan día a día, dedico esta breve y sencilla carta.


Paulina Bonoris.

Escritos sobre "Puente Viejo"

Carta de lectores
Lectores de puente viejo:  mi nombre es Pedro y en el año 1978 trabajaba en el almacén de mis padres; recuerdo muy bien el día en que un muchacho que yo supuse, por su aspecto desaliñado, era un mochilero que se dirigía al sur, entró en el almacén, compró provisiones y me preguntó por una peluquería. Le recomendé la peluquería de Cervino, que era nueva en el pueblo, y parece que allí es donde conoció a la Francesa, la esposa de Cervino.
A partir de entonces la gente comenzó el rumor de que el muchacho y la Francesa tenían un romance secreto o algo así. Por eso es que cuando el muchacho y la Francesa desaparecieron, todos pensamos que habían huido juntos, hasta que la viuda de Espinosa sugirió que esa desaparición había sido muy extraña y que había que vigilar a Cervino, y así comenzaron historias sobre que Cervino había asesinado al muchacho y a su esposa, y cuando le preguntábamos por ella  contestaba que su mujer había viajado a la cuidad para cuidar de su padre, que estaba muy enfermo, pero la Francesa no volvía, y por otro lado,  tampoco los cadáveres aparecían, por lo que no sabíamos que creer.
Hasta que un día la viuda de Espinosa dijo que había visto un perro sosteniendo una mano humana, avisó al comisario y este juntó voluntarios para ir a buscar a los supuestos cadáveres de la Francesa y el muchacho.
La viuda señaló el lugar y comenzamos a cavar, y allí encontramos cadáveres, cientos de cadáveres, recuerdo que el comisario fue a pedir instrucciones y cuando volvió nos hizo enterrar los cadáveres y le tuvimos que jurar que nunca hablaríamos de lo ocurrido, anotó nuestros nombres y luego nos dejó ir. La Francesa volvió a los pocos días, su padre se había recuperado.
Ahora me pregunto, ¿Por qué callamos?; ¿Era que teníamos miedo? ¿Miedo a que? , ¿A terminar como esas personas? Y si, estábamos aterrados, era una época difícil, y esto no se podía volver noticia, o acabaríamos todos muertos, o eso pensaba yo.  Del muchacho no volvimos a saber nada, quizá se exilió y aún vive, o quizá su cuerpo se encontraba entre esos cadáveres.
Después de tantos años y de dedicarme a defender los derechos humanos, me animo a hablar de esto, creo que soy el primero, aunque estoy casi seguro que la viuda de Espinosa no se pudo quedar callada.
Maite Guerrero 

Escritos sobre "Puente Viejo"

La Noticia, lunes 5 de Agosto de 1978
Alguien en los médanos
En un pueblo olvidado los médanos de sus afueras ocultan más que solo granos de arena
Por Mariana Mezza
Puente Viejo.- Se hallaron cadáveres de varias personas de X identidad en unas pilas de arena en las afueras de un pueblo llamado Puente Viejo en Buenos Aires, Argentina. La historia que parecía no ser real, llegó a oídos del diario por una mujer llamada Ana que huía de su país natal hacia Barcelona por miedo a decir lo que le obligaron callar.
El conseguir testimonios de los pueblerinos fue una ardua tarea, pues nadie quería hablar, todos callaban. Las calles estaban totalmente vacías y el silencio era el jefe de la localidad. Solo una persona fue la que se atrevió a dar información acerca de lo ocurrido en los médanos. Una mujer fue la que nos brindó data fundamental y de gran ayuda para poder descifrar de lo que en realidad estaba pasando en la Argentina. Ella accedió a romper su silencio pero con la condición de no dar si paradero. A escondidas y con gran cautela le contó a “La Noticia” que todo comenzó cuando dos personas del pueblo desaparecieron: una mujer y un hombre. Hubo muchas especulaciones sobre lo que podría haber sucedido. Ella sentía que algo no estaba funcionando correctamente, pues ya había pasado tiempo y nada se sabía de aquellas personas. Comenzó a hacer rastrillajes por su cuenta para verificar si su hipótesis de que un peluquero del pueblo era el responsable de las dos desapariciones y así fue como encontró un cadáver. Lo importante de este punto es que no era el cuerpo de ninguna de las personas buscadas. Todo el vecindario se acercó para intentar encontrar los cuerpos entre los médanos y ahí fue cuando todos los allí presentes comenzaron a encontrar más cadáveres en las dunas, ninguno era el de los dos buscados inicialmente.
La vecina también relató que el comisario del pueblo les ordenó que volvieran a enterrar todos los cuerpos y anotó a los allí presentes. Tiempo después, una de las personas que se creía desaparecida, la mujer, volvió sana y salva, se había ido a cuidar a un familiar. Del joven desaparecido, jamás se supo nada.
Desde ese día el pueblo calla. Nadie se atreve a hablar. Esos cadáveres no habían crecido de la tierra, habían sido sepultados. De la incertidumbre inicial de la vecina del no saber qué había pasado con las dos personas desaparecidas, ahora esta se multiplicaba y no había ni siquiera, una respuesta.
Se cree que el muchacho desaparecido fue víctima del gobierno militar, pero nunca hubo pruebas que confirmaran esto.

Escritos sobre "Puente Viejo"

Jueves 28 de mayo del 2011
Queridos Lectores:
Me dirijo a ustedes para comentarles lo sucedido en la ciudad de Puente Viejo en el año 1978. Yo fui parte de la historia de este pueblo y partícipe de un montón de hechos desagradables. Fui uno de los que como muchos calló ante el miedo.
Hoy en día soy abogado y lucho por defender los derechos que en aquel entonces no fui capas de defender realizando juicios a personas que fueron partícipes de aquella gran masacre. 
Todo comenzó cuando la gente del barrio empezó a comentar acerca de la desaparición del joven viajero extraviado y al descubrir tanta cantidad de cuerpos enterrados. Algo que muchos ustedes no sabes de esta triste vivencia es que el comisario fue quien nos privó del habla, reprimiéndonos y anotando uno por uno nuestros nombres en una lista. En ese momento es en el que como pueblo tendríamos que haber preguntado el ¿POR QUÉ? A todo lo sucedido y no lo hicimos, decidimos callar y no buscar explicación a este triste pasado. De esta manera es que hoy en la actualidad no hay un solo día en el que no recuerde aquel momento en el que decidí callar y no pelear por mis derechos.


Sebastián Rímmele

Sobre "Puente Viejo"

28 de marzo
Florencia, desde España

Me dirijo a ustedes con la finalidad de comunicarles que en Puente Viejo sucedió algo que nunca hubiesen imaginado, una violación a los derechos del hombre.
Solo yo me atrevo a contarles lo sucedido allí, ya que todos los testigos de aquella historia tuvieron la obligación de quedarse callados debido a que temían por su propia vida y por las de sus familias.
Siempre tuve la sensación de que el joven viajero permanecía bajo tierra y que nunca volvió, pero el pueblo todavía tiene la esperanza de que algún día vuelva. Yo me pregunto si el comisario estaría asociado con lo sucedido o el solo hacía su trabajo. En mi opinión, todo esto pasó muy rápido y espero que en un futuro no suceda lo mismo ya que todo esto tuvo un fuerte impacto para el pequeño pueblo de Puente Viejo.


Flor Marziali

lunes, 4 de julio de 2011

Infierno Grande, Guillermo Martínez

INFIERNO GRANDE
Muchas veces, cuando el almacén está vacío y sólo se escucha el zumbido de las moscas, me acuerdo del muchacho aquel que nunca supimos cómo se llamaba y que nadie en el pueblo volvió a mencionar.
Por alguna razón que no alcanzo a explicar lo imagino siempre como la primera vez que lo vimos, con la ropa polvorienta, la barba crecida, y, sobre todo, con aquella melena larga y desprolija que le caía casi hasta los ojos. Era recién el principio de la primavera y por eso, cuando entró al almacén, yo supuse que sería un mochilero de paso al sur. Compró latas de conserva y yerba, o café; mientras le hacía la cuenta se miró en el reflejo de la vidriera, se apartó el pelo de la frente, y me preguntó por una peluquería.
Dos peluquerías había entonces en Puente Viejo; pienso ahora que si hubiera ido a lo del viejo Melchor quizá nunca se hubiera encontrado con la Francesa y nadie habría murmurado. Pero bueno, la peluquería de Melchor estaba en la otra punta del pueblo y de todos modos no creo que pudiera evitarse lo que sucedió. 
La cuestión es que lo mandé a la peluquería de Cervino y parece que mientras Cervino le cortaba el pelo se asomó la Francesa. Y la Francesa miró al muchacho como miraba ella a los hombres. Ahí fue que empezó el maldito asunto, porque el muchacho se quedó en el pueblo y todos pensamos lo mismo: que se quedaba por ella.
No hacía un año que Cervino y su mujer se habían establecido en Puente Viejo y era muy poco lo que sabíamos de ellos. No se daban con nadie, como solía comentarse con rencor en el pueblo. En realidad, en el caso del pobre Cervino era sólo timidez, pero quizá la Francesa fuera, sí, un poco arrogante. Venían de la ciudad, habían llegado el verano anterior, al comienzo de la temporada, y recuerdo que cuando Cervino inauguró su peluquería yo pensé que pronto arruinaría al viejo Melchor, porque Cervino tenía diploma de peluquero y premio en un concurso de corte a la navaja, tenía tijera eléctrica, secador de pelo y sillón giratorio, y le echaba a uno savia vegetal en el pelo y hasta spray si no se lo frenaba a tiempo. Además, en la peluquería de Cervino estaba siempre el último El Gráfico en el revistero. Y estaba, sobre todo, la Francesa.
Nunca supe muy bien por qué le decían la Francesa y nunca tampoco quise averiguarlo: me hubiera desilusionado enterarme, por ejemplo, de que la Francesa había nacido en Bahía Blanca o, peor todavía, en un pueblo como éste. Fuera como fuese, yo no había conocido hasta entonces una mujer como aquélla. Tal vez era simplemente que no usaba corpiño y que hasta en invierno podía uno darse cuenta de que no llevaba nada debajo del pulóver. Tal vez era esa costumbre suya de aparecerse apenas vestida en el salón de la peluquería y pintarse largamente frente al espejo, delante de todos. Pero no, había en la Francesa algo todavía más inquietante que ese cuerpo al que siempre parecía estorbarle la ropa, más perturbador que la hondura de su escote. Era algo que estaba en su mirada. Miraba a los ojos, fijamente, hasta que uno bajaba la vista. Una mirada incitante, promisoria, pero que venía ya con un brillo de burla, como si la Francesa nos estuviera poniendo a prueba y supiera de antemano que nadie se le animaría, como si ya tuviera decidido que ninguno en el pueblo era hombre a su medida. Así, con los ojos provocaba y con los ojos, desdeñosa, se quitaba. Y todo delante de Cervino, que parecía no advertir nada, que se afanaba en silencio sobre las nucas, haciendo sonar cada tanto sus tijeras en el aire.
Sí, la Francesa fue al principio la mejor publicidad para Cervino y su peluquería estuvo muy concurrida durante los primeros meses. Sin embargo, yo me había equivocado con Melchor. El viejo no era tonto y poco a poco fue recuperando su clientela: consiguió de alguna forma revistas pornográficas, que por esa época los militares habían prohibido, y después, cuando llegó el Mundial, juntó todos sus ahorros y compró un televisor color, que fue el primero del pueblo. Entonces empezó a decir a quien quisiera escucharlo que en Puente Viejo había una y sólo una peluquería de hombres: la de Cervino era para maricas…
Con todo, creo yo que si hubo muchos que volvieron a la peluquería de Melchor fue, otra vez, a causa de la Francesa: no hay hombre que soporte durante mucho tiempo la burla o la humillación de una mujer.
Como decía, el muchacho se quedó en el pueblo. Acampaba en las afueras, detrás de los médanos, cerca de la casona de la viuda de Espinosa. Al almacén venía muy poco; hacía compras grandes, para quince días o para el mes entero, pero en cambio iba todas las semanas a la peluquería. Y como costaba creer que fuera solamente a leer El Gráfico, la gente empezó a compadecer a Cervino. Porque así fue, al principio todos compadecían a Cervino. En verdad, resultaba fácil apiadarse de él: tenía cierto aire inocente de querubín y la sonrisa pronta, como suele suceder con los tímidos. Era extremadamente callado y en ocasiones parecía sumirse en un mundo intrincado y remoto: se le perdía la mirada y pasaba largo rato afilando la navaja, o hacía chasquear interminablemente las tijeras y había que toser para retornarlo. Alguna vez, también, yo lo había sorprendido por el espejo contemplando a la Francesa con una pasión muda y reconcentrada, como si ni él mismo pudiese creer que semejante hembra fuera su esposa. Y realmente daba lástima esa mirada devota, sin sombra de sospechas.
Por otro lado, resultaba igualmente fácil condenar a la Francesa, sobre todo para las casadas y casaderas del pueblo, que desde siempre habían hecho causa común contra sus temibles escotes. Pero también muchos hombres estaban resentidos con la Francesa: en primer lugar, los que tenían fama de gallos en Puente Viejo, como el ruso Nielsen, hombres que no estaban acostumbrados al desprecio y mucho menos a la sorna de una mujer.
Y sea porque se había acabado el Mundial y no había de qué hablar, sea porque en el pueblo venían faltando los escándalos, todas las conversaciones desembocaban en las andanzas del muchacho y la Francesa. Detrás del mostrador yo escuchaba una y otra vez las mismas cosas: lo que había visto Nielsen una noche en la playa, era una noche fría y sin embargo los dos se desnudaron y debían estar drogados porque hicieron algo que Nielsen ni entre hombres terminaba de contar; lo que decía la viuda de Espinosa, que desde su ventana siempre escuchaba risas y gemidos en la carpa del muchacho, los ruidos inconfundibles de dos que se revuelcan juntos; lo que contaba el mayor de los Vidal, que en la peluquería, delante de él y en las narices de Cervino... en fin, quién sabe cuánto habría de cierto en todas aquellas habladurías.                                                       
Un día nos dimos cuenta de que el muchacho y la Francesa habían desaparecido. Quiero decir, al muchacho no lo veíamos más y tampoco aparecía la Francesa, ni en la peluquería ni en el camino a la playa, por donde solía pasear. Lo primero que pensamos todos es que se habían ido juntos y tal vez porque las fugas tienen siempre algo de romántico, o tal vez porque el peligro ya estaba lejos, las mujeres parecían dispuestas ahora a perdonar a la Francesa: era evidente que en ese matrimonio algo fallaba, decían; Cervino era demasiado viejo para ella y por otro lado el muchacho era buen mozo... Y comentaban entre sí con risitas de complicidad que quizás ellas hubieran hecho lo mismo.
Pero una tarde que se conversaba de nuevo sobre el asunto estaba en el almacén la viuda de Espinosa y la viuda dijo con voz de misterio que a su entender algo peor había ocurrido; el muchacho aquel, como todos sabíamos, había acampado cerca de su casa y, aunque ella tampoco lo había vuelto a ver, la carpa todavía estaba allí; y le parecía muy extraño -repetía aquello, muy extraño - que se hubieran ido sin llevar la carpa. Alguien dijo que tal vez debería avisarse al comisario y entonces la viuda murmuró que sería conveniente vigilar también a Cervino. Recuerdo que yo me enfurecí pero no sabía muy bien cómo responderle: tengo por norma no discutir con los clientes.
Empecé a decir débilmente que no se podía acusar a nadie sin pruebas, que para mí era imposible que Cervino, que justamente Cervino... Pero aquí la viuda me interrumpió: era bien sabido que los tímidos, los introvertidos, cuando están fuera de sí son los más peligrosos.
Estábamos todavía dando vueltas sobre lo mismo, cuando Cervino apareció en la puerta. Hubo un gran silencio; debió advertir que hablábamos de él porque todos trataban de mirar hacia otro lado. Yo pude observar cómo enrojecía y me pareció más que nunca un chico indefenso, que no había sabido crecer.
Cuando hizo el pedido noté que llevaba poca comida y que no había comprado yogurt. Mientras pagaba, la viuda le preguntó bruscamente por la Francesa.
Cervino enrojeció otra vez, pero ahora lentamente, como si se sintiera honrado con tanta solicitud. Dijo que su mujer había viajado a la ciudad para cuidar al padre, que estaba muy enfermo, pero que pronto volvería, tal vez en una semana. Cuando terminó de hablar había en todas las caras una expresión curiosa, que me costó identificar: era desencanto. Sin embargo, apenas se fue Cervino, la viuda volvió a la carga. A ella, decía, no la había engañado ese farsante, nunca más veríamos a la pobre mujer. Y repetía por lo bajo que había un asesino suelto en Puente Viejo y que cualquiera podía ser la próxima víctima                             Transcurrió una semana, transcurrió un mes entero y la Francesa no volvía. Al muchacho tampoco se lo había vuelto a ver. Los chicos del pueblo empezaron a jugar a los indios en la carpa abandonada y Puente Viejo se dividió en dos bandos: los que estaban convencidos de que Cervino era un criminal y los que todavía esperábamos que la Francesa regresara, que éramos cada vez menos. Se escuchaba decir que Cervino había degollado al muchacho con la navaja, mientras le cortaba el pelo, y las madres les prohibían a los chicos que jugaran en la cuadra de la peluquería y les rogaban a sus esposos que volvieran con Melchor.                                           .
Sin embargo, aunque parezca extraño, Cervino no se quedó por completo sin clientes: los muchachos del pueblo se desafiaban unos a otros a sentarse en el fatídico sillón del peluquero para pedir el corte a la navaja, y empezó a ser prueba de hombría llevar el pelo batido y con spray.
Cuando le preguntábamos por la Francesa, Cervino repetía la historia del suegro enfermo, que ya no sonaba tan verdadera. Mucha gente dejó de saludarlo y supimos que la viuda de Espinosa había hablado con el comisario para que lo detuviese. Pero el comisario había dicho que mientras no aparecieran los cuerpos nada podía hacerse.
En el pueblo se empezó entonces a conjeturar sobre los cadáveres: unos decían que Cervino los había enterrado en su patio; otros, que los había cortado en tiras para arrojarlos al mar, y así Cervino se iba convirtiendo en un ser cada vez más monstruoso                              Yo escuchaba en el almacén hablar todo el tiempo de lo mismo y empecé a sentir un temor supersticioso, el presentimiento de que en aquellas interminables discusiones se iba incubando una desgracia. La viuda de Espinosa, por su parte, parecía haber enloquecido. Andaba abriendo pozos por todos lados con una ridícula palita de playa, vociferando que ella no descansaría hasta encontrar los cadáveres.
Y un día los encontró.
Fue una tarde a principios de noviembre. La viuda entró en el almacén preguntándome si tenía palas; y dijo en voz bien alta, para que todos la escucharan, que la mandaba el comisario a buscar palas y voluntarios para cavar en los médanos detrás del puente. Después, dejando caer lentamente las palabras, dijo que había visto allí, con sus propios ojos, un perro que devoraba una mano humana. Me estremecí; de pronto todo era verdad y mientras buscaba en el depósito las palas y cerraba el almacén seguía escuchando, aún sin poder creerlo, la conversación entrecortada de horror, perro, mano, mano humana                                 La viuda encabezó la marcha, airosa. Yo iba último, cargando las palas. Miraba a los demás y veía las mismas caras de siempre, la gente que compraba en el almacén yerba y fideos. Miraba a mí alrededor y nada había cambiado, ningún súbito vendaval, ningún desacostumbrado silencio. Era una tarde como cualquier otra, a la hora inútil en que se despierta de la siesta. Abajo se iban alineando las casas, cada vez más pequeñas, y hasta el mar, distante, parecía pueblerino, sin acechanzas. Por un momento me pareció comprender de dónde provenía aquella sensación de incredulidad: no podía estar sucediendo algo así, no en Puente Viejo.
Cuando llegamos a los médanos el comisario no había encontrado nada aún. Estaba cavando con el torso desnudo y la pala subía y bajaba sin sobresaltos. Nos señaló vagamente en torno y yo distribuí las palas y hundí la mía en el sitio que me pareció más inofensivo. Durante un largo rato sólo se escuchó el seco vaivén del metal embistiendo la tierra. Yo le iba perdiendo el miedo a la pala y estaba pensando que tal vez la viuda se había confundido, que quizá no fuera cierto, cuando oímos un alboroto de ladridos. Era el perro que había visto la viuda, un pobre animal raquítico que se desesperaba alrededor de nosotros. El comisario quiso espantarlo a cascotazos pero el perro volvía y volvía y en un momento pareció que iba a saltarle encima. Entonces nos dimos cuenta de que era ése el lugar, el comisario volvió a cavar, cada vez más rápido, era contagioso aquel frenesí, las palas se precipitaron todas juntas y de pronto el comisario gritó que había dado con algo; escarbó un poco más y apareció el primer cadáver.
Los demás apenas le echaron un vistazo y volvieron enseguida a las palas, casi con entusiasmo, a buscar a la Francesa, pero yo me acerqué y me obligué a mirarlo con detenimiento. Tenía un agujero negro en la frente y tierra en los ojos. No era el muchacho                                             Me di vuelta, para advertirle al comisario, y fue como si me adentrara en una pesadilla: todos estaban encontrando cadáveres, era como si brotaran de la tierra, a cada golpe de pala rodaba una cabeza o quedaba al descubierto un torso mutilado. Por donde se mirara muertos y más muertos, cabezas, cabezas.                                 
El horror me hacía deambular de un lado a otro; no podía pensar, no podía entender, hasta que vi una espalda acribillada y más allá una cabeza con vendas en los ojos. Miré al comisario y el comisario también sabía, nos ordenó que nos quedáramos allí, que nadie se moviera, y volvió al pueblo, a pedir instrucciones.
Del tiempo que transcurrió hasta su regreso sólo recuerdo el ladrido incesante del perro, el olor a muerto y la figura de la viuda hurgando con su palita entre los cadáveres, gritándonos que había que seguir, que todavía no había aparecido la Francesa. Cuando el comisario volvió caminaba erguido y solemne, como quien se apresta a dar órdenes. Se plantó delante de nosotros y nos mandó que enterrásemos de nuevo los cadáveres, tal como estaban. Todos volvimos a las palas, nadie se atrevió a decir nada. Mientras la tierra iba cubriendo los cuerpos yo me preguntaba si el muchacho no estaría también allí. El perro ladraba y saltaba enloquecido. Entonces vimos al comisario con la rodilla en tierra y el arma entre las manos. Disparó una sola vez. El perro cayó muerto. Dio luego dos pasos con el arma todavía en la mano y lo pateó hacia delante, para que también lo enterrásemos.
Antes de volver nos ordenó que no hablásemos con nadie de aquello y anotó uno por uno los nombres de los que habíamos estado allí.                            .

La Francesa regresó pocos días después: su padre se había recuperado por completo. Del muchacho, en el pueblo nunca hablamos. La carpa la robaron ni bien empezó la temporada                                .