jueves, 9 de agosto de 2012

Franco Lisa



“En un hospital muy viejo”

En un hospital muy viejo, Leopoldo Strepen un viejo enfermero que trabajaba allí, pasaba horas y horas trabajando y sin tomar un mínimo descanso hasta las doce de la noche donde iba a su casa a descansar un rato para después volver a las cinco de la mañana al hospital.
Cuando llegaba a su casa, su gato “chipi” lo recibía al entrar y rozándole entre las piernas como un gesto de saludo; Leopoldo dejó su bolso en el sillón y escuchó que algo tenía adentro notando qué el que traía del hospital no era el mismo que él tenía, y cuando lo abrió vio muchos medicamentos y no tenía sus papeles. Agarró sus cosas y se fue enseguida al hospital para ver si encontraba su bolso, pero donde él lo había dejado no se encontraba, buscó por todo el hospital, pero nada; le dijo al guardia y a sus amigos enfermeros si lo habían visto, pero ellos no sabían nada. Después de varias horas de buscarlo, se rindió y se marchó a su casa preocupado y pensando dónde lo había dejado.
Después de dormir dos horas nada más, se despertó y se marchó al hospital con el mismo bolso que había traído en esa noche, pero cuando llegó se encontró que el bolso que tenía era el de él y que no tenía ningún medicamento adentro, entonces Leopoldo muy preocupado se puso a pensar si esa noche por el cansancio se confundió o vio mal. Dejó pasar el tiempo y siguió trabajando como todos los días, pasó una semana y al volver al lunes le ocurrió lo mismo que le había pasado con el bolso pero esta vez no le interesó mucho. Al llegar al trabajo, preguntó si alguien le había hecho la misma broma al cambiarle o sacarle el bolso y nadie sabía nada.
A los pocos días Leopoldo tuvo una semana de vacaciones, que se fue con su gato, a vacacionar. Leopoldo se encontró a su mascota cuando él se mudó al departamento donde vive hace quince años y desde ahí lo alimentó y lo cuidó. Siempre fue su mejor amigo y cuando volvía de trabajar siempre lo iba a recibir a la puerta; pero en esa noche de verano estando en Las Grutas, lo que vio Leopoldo nunca se lo imaginó. Cuando se levantaba su gato tenía un olor raro y Leopoldo sospechó mucho de él. Todas las noches Chipi se iba de la casa donde paraban y no volvía hasta la mañana siguiente, entonces una tarde mientras Chipi dormía, Leopoldo le colocó una cámara para ver por donde andaba cuando se iba de la casa.
A la mañana siguiente Leopoldo lo agarró a Chipi y le quitó la cámara, la conectó a su computadora para ver qué hacía él cuando se iba.
Cuando comenzó el video vio que la cámara se había apagado al salir de su casa y cuando volvía se prendía. Esto lo dejó muy confuso que, a la noche siguiente lo ató a la cama y cerró toda la casa con llave para que no saliera. A la mañana siguiente, chipi no estaba dónde tenía que estar y estaba en la cama con Leopoldo.
Leopoldo enfadado con Chipi y confuso porque no sabía cómo hacía Chipi para salir de la casa y ni saber a dónde iba, le hizo tragar un chip que lo rastreaba y veía dónde andaba. A la mañana siguiente, Leopoldo vio donde había ido esa noche, era una farmacia, pero Leopoldo seguía sin entender por qué chipi iba a una farmacia, así pasaron varios días que Leopoldo veía que chipi iba a esa misma farmacia.
 Un viernes por la noche, Leopoldo decidió salir a tomar algo y lo dejó en la casa. Cuando Leopoldo vio que se había escapado de la casa y se iba para la farmacia lo siguió y lo vio entrar a la farmacia. Leopoldo estuvo dos horas esperando afuera cundo lo vio salir de la farmacia, lo agarró. Al agarrarlo observo y vio que estaba drogado y no reaccionaba muy bien. Lo llevó enseguida a la veterinaria, lo revisaron y le dijeron a Leopoldo que había sido drogado. Después de llegar a su casa, sin saber que hacer con chipi, lo miró fijo a los ojos y le dijo, por qué chipi por qué, quién fue el que te hizo esto… y Leopoldo sin ya saber qué hacer, escuchó una voz que le dijo, no te asustes, yo puedo hablar, soy chipi. En ese momento Leopoldo no reaccionaba y al mirar a chipi vio que él le estaba hablando, y entonces Leopoldo se quedó mudo, sin saber que decir. En ese momento chipi le dice, yo soy un niño en forma de gato pero nunca me atreví a hablarte ni a decírtelo. Leopoldo, asombrado, le preguntó qué le había pasado, por qué se iba a la farmacia y quién lo había drogado. Chipi le responde que nadie lo había drogado, que él era el que se drogaba y lo que le ocurrió fue que él siempre soñó y quiso ser un gato que termino tranformandoce en eso y para ahogar penas de ser gato, se drogaba.
 Así fue que Leopoldo se dio cuenta quién era el que le cambiaba el bolso cuando volvía de trabajar y para qué eran todos los medicamentos.
 Desde ese momento Leopoldo y Chipi se hicieron más amigos y Chipi logró no drogarse más, pero nunca pudo volver a su normalidad.

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