jueves, 9 de agosto de 2012

María Belén Franzoni



“Mi respuesta”

A Marcos le encantaba su trabajo más que nada en el mundo. Siempre llegaba temprano para limpiar con algodón cada marco, pulir cada estatua hasta que brille, y encerar cada baldosa hasta que quede bien lisa. Eso además de limpiar los 6 baños, las 6 salas de pinturas, 8 salas de estatuas, las 10 salas dedicadas a músicos y 19 salones de arte generalizado. Marcos nunca llegaba ni medio minuto tarde, y siempre tenía el pelo prolijo, el uniforme planchado y los zapatos lustrados.
El museo iba bien hasta que un día, a las cinco de la tarde, sonó la alarma que avisó que alguien había roto una pequeña estatua irlandesa. Esa tarde habíamos sido invitados los alumnos de séptimo grado de mi colegio a conocer el museo.
Apenas sonó la alarma, la luz roja en el centro de la sala comenzó a girar resaltando las paredes blancas. Todos los chicos abrieron sus ojos grandes y se asustaron, yo pensé que había entrado un ladrón al museo. Pero después que cerraron todas las puertas y ventanas, confirmaron que no era cierto. Con las cámaras de seguridad se logró ver que había sido uno de nosotros el responsable de la ruptura de esa estatua.
- Antes de que esta situación pase a mayores, necesitamos que nos digan inmediatamente quién fue el que rompió la estatua- dijo, seria, la directora que estaba entre de Marcos y la seño de Ciencias Sociales.
Todos nos quedamos en silencio.
- Chicos por favor, tienen que decirlo, no pasa nada- agregó nuestra seño, intentando calmar el ambiente tenso.
- Sino dicen quién fue, el mes que viene no vamos al zoológico-
Estuve  a punto de llorar, ir al zoológico era lo que mas quería hacer.
- No pasa nada- dijo Marcos, pero ni él se creía lo que había dicho.
- Ya mismo cancelo el colectivo para ir al zoológico- dijo la directora mientras sacaba su celular del bolsillo.
Sin pensarlo dos veces dije: Fui yo.
Todos se quedaron en silencio y con la mirada fija en mí. La señorita me agarró suave del brazo y me llevó hasta la sala dedicada a la música clásica. El resto de mis compañeros siguieron el recorrido con Marcos.
La seño no me retó mucho, me dijo que había sido muy torpe pero que había estado bien en asumir mi error. Después se acercó la directora, con un discurso de dos horas repitiéndome la importancia del cuidado y la responsabilidad en las actividades fuera del colegio. Y como castigo me dejo ahí sentada, sin que pudiera terminar de conocer el museo junto con el resto de mis compañeros.
Mientras miraba el tutú que había usado la mejor bailarina de ballet en los años 80, pensaba quién podría haber sido él o la responsable de que se haya roto la estatua. Pero en mi cara apareció una sonrisa enorme cuando recordé la cantidad de animales que vería el mes próximo.

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