“Mi respuesta”
A Marcos le
encantaba su trabajo más que nada en el mundo. Siempre llegaba temprano para
limpiar con algodón cada marco, pulir cada estatua hasta que brille, y encerar
cada baldosa hasta que quede bien lisa. Eso además de limpiar los 6 baños, las
6 salas de pinturas, 8 salas de estatuas, las 10 salas dedicadas a músicos y 19
salones de arte generalizado. Marcos nunca llegaba ni medio minuto tarde, y
siempre tenía el pelo prolijo, el uniforme planchado y los zapatos lustrados.
El museo iba bien
hasta que un día, a las cinco de la tarde, sonó la alarma que avisó que alguien
había roto una pequeña estatua irlandesa. Esa tarde habíamos sido invitados los
alumnos de séptimo grado de mi colegio a conocer el museo.
Apenas sonó la
alarma, la luz roja en el centro de la sala comenzó a girar resaltando las
paredes blancas. Todos los chicos abrieron sus ojos grandes y se asustaron, yo
pensé que había entrado un ladrón al museo. Pero después que cerraron todas las
puertas y ventanas, confirmaron que no era cierto. Con las cámaras de seguridad
se logró ver que había sido uno de nosotros el responsable de la ruptura de esa
estatua.
- Antes de que esta
situación pase a mayores, necesitamos que nos digan inmediatamente quién fue el
que rompió la estatua- dijo, seria, la directora que estaba entre de Marcos y
la seño de Ciencias Sociales.
Todos nos quedamos
en silencio.
- Chicos por favor,
tienen que decirlo, no pasa nada- agregó nuestra seño, intentando calmar el
ambiente tenso.
- Sino dicen quién
fue, el mes que viene no vamos al zoológico-
Estuve a punto de llorar, ir al zoológico era lo que
mas quería hacer.
- No pasa nada-
dijo Marcos, pero ni él se creía lo que había dicho.
- Ya mismo cancelo
el colectivo para ir al zoológico- dijo la directora mientras sacaba su celular
del bolsillo.
Sin pensarlo dos
veces dije: Fui yo.
Todos se quedaron
en silencio y con la mirada fija en mí. La señorita me agarró suave del brazo y
me llevó hasta la sala dedicada a la música clásica. El resto de mis compañeros
siguieron el recorrido con Marcos.
La seño no me retó
mucho, me dijo que había sido muy torpe pero que había estado bien en asumir mi
error. Después se acercó la directora, con un discurso de dos horas repitiéndome
la importancia del cuidado y la responsabilidad en las actividades fuera del
colegio. Y como castigo me dejo ahí sentada, sin que pudiera terminar de
conocer el museo junto con el resto de mis compañeros.
Mientras miraba el
tutú que había usado la mejor bailarina de ballet en los años 80, pensaba quién
podría haber sido él o la responsable de que se haya roto la estatua. Pero en
mi cara apareció una sonrisa enorme cuando recordé la cantidad de animales que
vería el mes próximo.
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