Siglos antes, para ser más
precisos en el siglo IX, en la ciudad de Sanit-Étienne, un científico loco vivía en su enorme castillo
junto a su pony salvaje, de color violeta, y su perro chiguagua. El científico Esnel
trabajaba en su mayor creación, que había hecho con mucho mérito y esfuerzo;
pero se dio cuenta de que le faltaba un último detalle para terminarlo, un
cerebro. Lo fue a comprar a la carnicería de Don Pancho.
Una vez que tuvo el cerebro en
mano decidió colocárselo cuidadosamente. Era muy mohoso y se le resbala de las
manos, se le cayó al piso y se le deslizó hacia la cocina. El científico bajó a
buscarlo, lo lavó, lo perfumó un poco y lo colocó en la cabeza de su gran
monstruo.
Una vez ya
colocado, descargó energía eléctrica sobre su creación y así logró despertarlo.
Cuando
el engendro se levantó, no sabía ni hablar, ni escribir, por lo que Esnel lo
tuvo que anotar en la escuela; lo llamó
Frankestein.
Frankestein iba
a la mañana al colegio Sillas de Colores. Estaba muy feliz de ir porque haría amigos,
pero se dio cuenta de que cada vez que jugaba con un niño siempre lo terminaba
lastimando por la fuerza que tenía, como a los chicos les daba miedo dejaron de
juntarse con él.
Por ello, Frankestein
volvió llorando a su casa y le contó todo a Esnel. Él no tuvo más remedio que
contarle por qué lo había creado y cuál era su función. Al enterarse de toda la
verdad, Frankenstein, entendió que debía dejar el colegio y empezar con su
trabajo. Al día siguiente fue a los lugares más extraños e insólitos de la
ciudad. Ahí conoció a un joven chica, un poco maleducada y grosera. Fue ahí que
entendió cómo era lo que debía hacer.
Se
acercó a ella y le habló:
-¿Cómo te llamas?- Le preguntó
Frankestein curioso e impaciente.
-Qué te importa a vos como me
llamo, hablás raro, no te lo quiero decir.
Al ver cuál era su reacción, el
prototipo que le había insertado Esnel en el cerebro hizo un “clic” y reaccionó.
-¡De personas como vos me dijo mi
papá que me cuide! ¡Personas como vos son las que tiene que ser castigadas!- La
joven, asustada, le gritó su nombre desesperadamente, le dijo que se llamaba
Edelina y que no le hiciera daño.
Frankestein
la tomó de la cintura, la cargó como si fuese un saco de papas y la llevo con
Esnel. Cuando llegó todo ya estaba listo para comenzar, solo faltaba que
Edelina y Frankestein llegaran y se pusieran en posición.
Del
susto que tenía Edelina no entendía nada, al ver a toda una muchedumbre sentada
frente a ella, con verdura podrida, comenzó a imaginar lo que estaba sucediendo;
y no estaba equivocada… ¡¡¡ERA LA ATRACCIÓN PRINCIPAL DEL PARQUE DE DIVERSIONES
DEL PROFESOR ESNEL!!! Todo lo que siempre detestó, por lo que siempre peleaba
con los pueblerinos, se había cumplido!
Frankestein
había cumplido con su propósito, buscar y encontrar a la persona más malvada de
la ciudad y castigarla, en el caso de Edelina ponerla en la parte de payasos
fracasados, a los que les arrojaban verdura podrida.
Esnel estaba orgulloso de
Frankestein, nunca antes le había salido un experimento tan bien.
4to parrafo: uso excesivo de la Y.
ResponderEliminar6to parrafo: mal uso del lenguaje.
10mo:uso excesivo de la palabra chica.