“El
gallo Charly”
Rogelio
vivía en una colonia alemana, situada en lo alto de una montaña en el sur de
Argentina, con sus dos hermanitas, su madre y su padre. Su barrio constaba de
25 cabañas pintorescas pintadas de color caoba, todas con un cuidado parque en
frente, lleno de coloridas flores. Casi todas las cabañas eran de familia, en una
o dos vivían jóvenes solos. Todos estaban obligados a trabajar para Don Máximo,
el hijo de un importante diplomático. Este era un hombre al que no le temían, pero
si le tenían mucho respeto, ya que era bastante serio y drástico en cuanto a
sus castigos.
Las
tareas de Rogelio y su familia consistían en el cuidado de los cultivos de
frutas exóticas, como el de las frambuesas. También se encargaban de cuidar a
las ovejas y esquilarlas, ordeñar las vacas y envasar la leche para enviarla a
los distintos comercios de la provincia, y también mantener a los caballos en
perfectas condiciones para Don Máximo. Éste era fanático de las carreras de
caballo. Ninguna de todas estas personas estaba desconforme con su trabajo ya
que Don Máximo les pagaba justamente y les alcanzaba para vivir a gusto y tener
sus ahorros. Pero, como siempre, nada es de color rosa.
Don
Máximo tenía un gallo inglés, importado desde Irlanda. Lo había llamado Charly,
su plumaje exótico constaba de 6 colores distintos. Lo cuidaba como si fuera de
oro. Lo tenía en una cabaña exclusiva para él, lo alimentaba con el mejor
alimento que se podía conseguir en el mercado y todas las noches le contaba un
cuento para que se durmiera. Si, parece mentira pero no lo era, Don Máximo
todas las noches, por más que lloviera, nevara o un tornado estuviera arrasando
con todo, iba con su bata de piel de conejo y sus confortables pantuflas hasta
la cabaña del gallo Charly, lo acomodaba en un sillón lleno de mantas y se
sentaba a contarle cuentos, como si fuera un niño.
Le
problema era que todas las familias tenían muchísima rabia hacia este animal,
ya que todas las santas mañanas, no a las 7 ni a las 8, a las 5 en punto, se
paraba en todas y cada una de las ventanas de las cabañas de la colonia y daba un
concierto de 10 minutos hasta que todos se levantaban. Por esta razón, todos
estaban más que cansados para realizar sus trabajos. Hacía ya más de un año y
medio que venían soportándolo, pero nadie se atrevía a hacerle nada, ya que
valía oro para Don Máximo, y si este se enteraba de que alguien se había tomado
el atrevimiento de tocarlo o de hacerle daño, sería capaz de hacer que lo
expulsaran del país. Hasta que un día sucedió.
Una
mañana, como cualquier otra, Agustina se despertó, miró el despertador y se
quedó sorprendida al ver que eran las 9 de la mañana y no se había despertado por
causa del maldito gallo Charly. Salió a la vereda y todos los vecinos estaban
reunidos preguntándose qué habría pasado con el gallo, que por primera vez no
los había despertado a tempranísimas horas de la mañana. Fue entonces cuando
escucharon los gritos enloquecidos de Don Máximo acercarse por la calle.
–“¡¡¡¿Quién fue el desgraciado que le hizo esto a mi gallo?!!!” - exclamaba
mientras caminaba con el gallo degollado entre sus brazos. El silencio fue
absoluto por lo menos durante un minuto. – “Espero que el que haya sido el
culpable de esto se presente ante mí antes de media noche. Si esto no sucede,
todos pueden ir recogiendo sus cosas y tomando un colectivo lo más lejos de mi
vista posible.” Dijo Don Máximo y se retiró.
El
murmullo no tardó en empezar, y todos los vecinos discutieron sobre quién se
había atrevido a matar al fastidioso gallo. Pasaron 8 horas y todavía no se
encontraba a un culpable. Rogelio admiraba el coraje del anónimo que había realizado
el crimen, también sabía que si hasta ese entonces nadie se había delatado,
nadie lo iba a hacer y todos estarían de patitas en la calle antes de la mañana
siguiente.
El
sol ya había asomado, y todos estaban despertando. Curiosos por saber si Don
Máximo se había apiadado de ellos o alguien había confesado, salieron a la
vereda a chusmear con los otros vecinos. Fue entonces cuando vieron a Rogelio
subir con sus cosas a un colectivo de línea e irse de la colonia. Nadie podía
creer que aquel jovencito hubiera sido tan valiente de matar al gallo que
molestaba a todos. De pie, todos lo aplaudieron a medida que el colectivo se
alejaba y se perdía de vista entre las angostas calles.
En la primera oración se agregó una coma después de colonia alemana, para hacer una pausa antes de empezar a describirla.
ResponderEliminarDespués de “drástico en cuanto a sus castigos.” (la última oración del primer párrafo) se hizo un punto aparte para hacer una mejor distribución de párrafos y porque cambia de idea. Además, se reemplazó el “Sus” por Rogelio y su familia. Y se cambió el “se basaban en” por “consistían en”.
Se unió parte del segundo párrafo con parte del primero después de la 3era oración. También se agregaron comas en la oración: “Pero, como siempre, nada es de color rosa” porque “como siempre” es una aposición y se escribe entre comas.
Se modificó la segunda oración del 3er párrafo de: “. Charly lo había nombrado,” a “. Charly lo había nombrado,”
En la última oración del tercer párrafo se hizo un punto aparte después de “como si fuera una niño”, porque hace una pausa como cortando el inicio de la historia, pasando al conflicto. Y se cambió el inicio del próximo de “. Pero todas las familias tenían muchísima rabia” a “Le problema era que todas las familias tenían muchísima rabia”, porque suena mejor…..
En la anteúltima oración del párrafo 4 se cambió de “sería capaz de hasta hacer que lo expulsen del país” a “sería capaz de hacer que lo expulsaran del país”. Se suprimió el “hasta” y se cambió de “expulsen” a “expulsaran”, ya que se debe contar en pasado.
Kathya Pretz