jueves, 9 de agosto de 2012

Kathya Pretz


“El gallo Charly”

Rogelio vivía en una colonia alemana, situada en lo alto de una montaña en el sur de Argentina, con sus dos hermanitas, su madre y su padre. Su barrio constaba de 25 cabañas pintorescas pintadas de color caoba, todas con un cuidado parque en frente, lleno de coloridas flores. Casi todas las cabañas eran de familia, en una o dos vivían jóvenes solos. Todos estaban obligados a trabajar para Don Máximo, el hijo de un importante diplomático. Este era un hombre al que no le temían, pero si le tenían mucho respeto, ya que era bastante serio y drástico en cuanto a sus castigos.
Las tareas de Rogelio y su familia consistían en el cuidado de los cultivos de frutas exóticas, como el de las frambuesas. También se encargaban de cuidar a las ovejas y esquilarlas, ordeñar las vacas y envasar la leche para enviarla a los distintos comercios de la provincia, y también mantener a los caballos en perfectas condiciones para Don Máximo. Éste era fanático de las carreras de caballo. Ninguna de todas estas personas estaba desconforme con su trabajo ya que Don Máximo les pagaba justamente y les alcanzaba para vivir a gusto y tener sus ahorros. Pero, como siempre, nada es de color rosa.
Don Máximo tenía un gallo inglés, importado desde Irlanda. Lo había llamado Charly, su plumaje exótico constaba de 6 colores distintos. Lo cuidaba como si fuera de oro. Lo tenía en una cabaña exclusiva para él, lo alimentaba con el mejor alimento que se podía conseguir en el mercado y todas las noches le contaba un cuento para que se durmiera. Si, parece mentira pero no lo era, Don Máximo todas las noches, por más que lloviera, nevara o un tornado estuviera arrasando con todo, iba con su bata de piel de conejo y sus confortables pantuflas hasta la cabaña del gallo Charly, lo acomodaba en un sillón lleno de mantas y se sentaba a contarle cuentos, como si fuera un niño.
Le problema era que todas las familias tenían muchísima rabia hacia este animal, ya que todas las santas mañanas, no a las 7 ni a las 8, a las 5 en punto, se paraba en todas y cada una de las ventanas de las cabañas de la colonia y daba un concierto de 10 minutos hasta que todos se levantaban. Por esta razón, todos estaban más que cansados para realizar sus trabajos. Hacía ya más de un año y medio que venían soportándolo, pero nadie se atrevía a hacerle nada, ya que valía oro para Don Máximo, y si este se enteraba de que alguien se había tomado el atrevimiento de tocarlo o de hacerle daño, sería capaz de hacer que lo expulsaran del país. Hasta que un día sucedió.
Una mañana, como cualquier otra, Agustina se despertó, miró el despertador y se quedó sorprendida al ver que eran las 9 de la mañana y no se había despertado por causa del maldito gallo Charly. Salió a la vereda y todos los vecinos estaban reunidos preguntándose qué habría pasado con el gallo, que por primera vez no los había despertado a tempranísimas horas de la mañana. Fue entonces cuando escucharon los gritos enloquecidos de Don Máximo acercarse por la calle. –“¡¡¡¿Quién fue el desgraciado que le hizo esto a mi gallo?!!!” - exclamaba mientras caminaba con el gallo degollado entre sus brazos. El silencio fue absoluto por lo menos durante un minuto. – “Espero que el que haya sido el culpable de esto se presente ante mí antes de media noche. Si esto no sucede, todos pueden ir recogiendo sus cosas y tomando un colectivo lo más lejos de mi vista posible.” Dijo Don Máximo y se retiró.
El murmullo no tardó en empezar, y todos los vecinos discutieron sobre quién se había atrevido a matar al fastidioso gallo. Pasaron 8 horas y todavía no se encontraba a un culpable. Rogelio admiraba el coraje del anónimo que había realizado el crimen, también sabía que si hasta ese entonces nadie se había delatado, nadie lo iba a hacer y todos estarían de patitas en la calle antes de la mañana siguiente.
El sol ya había asomado, y todos estaban despertando. Curiosos por saber si Don Máximo se había apiadado de ellos o alguien había confesado, salieron a la vereda a chusmear con los otros vecinos. Fue entonces cuando vieron a Rogelio subir con sus cosas a un colectivo de línea e irse de la colonia. Nadie podía creer que aquel jovencito hubiera sido tan valiente de matar al gallo que molestaba a todos. De pie, todos lo aplaudieron a medida que el colectivo se alejaba y se perdía de vista entre las angostas calles. 

1 comentario:

  1. En la primera oración se agregó una coma después de colonia alemana, para hacer una pausa antes de empezar a describirla.
    Después de “drástico en cuanto a sus castigos.” (la última oración del primer párrafo) se hizo un punto aparte para hacer una mejor distribución de párrafos y porque cambia de idea. Además, se reemplazó el “Sus” por Rogelio y su familia. Y se cambió el “se basaban en” por “consistían en”.
    Se unió parte del segundo párrafo con parte del primero después de la 3era oración. También se agregaron comas en la oración: “Pero, como siempre, nada es de color rosa” porque “como siempre” es una aposición y se escribe entre comas.
    Se modificó la segunda oración del 3er párrafo de: “. Charly lo había nombrado,” a “. Charly lo había nombrado,”
    En la última oración del tercer párrafo se hizo un punto aparte después de “como si fuera una niño”, porque hace una pausa como cortando el inicio de la historia, pasando al conflicto. Y se cambió el inicio del próximo de “. Pero todas las familias tenían muchísima rabia” a “Le problema era que todas las familias tenían muchísima rabia”, porque suena mejor…..
    En la anteúltima oración del párrafo 4 se cambió de “sería capaz de hasta hacer que lo expulsen del país” a “sería capaz de hacer que lo expulsaran del país”. Se suprimió el “hasta” y se cambió de “expulsen” a “expulsaran”, ya que se debe contar en pasado.
    Kathya Pretz

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