jueves, 9 de agosto de 2012

Juan Voria



                                                                           “Mi mejor amigo”
Wembly por fin estaba donde debía; en el campamento militar de Ederville por supuesto. Aquel depravado ya no podía ni pensar. Con un cerebro tan estropeado como ése no se sabe cuál es la realidad ni cuál la ficción.
Wembly era un sujeto alto, flaco, con inmensos bigotes y era un amante del sexo. Vivía con Patricia, su mujer, hasta que ocurrió un crimen, un crimen impensable, repugnante. De todas formas, a él le gustaba estar en el campamento. Decía que le gustaba ser maltratado. El muchacho estaba enfermo de la cabeza. Y es algo entendible. Con tal crimen cometido uno no puede dudar de su enfermedad.
Comencé a investigar la causa de sus problemas. Descubrí que Wembly no tenía familia, la única persona en su vida era su ex-mujer, Patricia. Me contacté con ella y le pregunté sobre la enfermedad que padecía éste.
-Mira, Wembly es un adicto al sexo. La enfermedad parte de ahí-. Dijo la mujer.
-No entiendo, ¿Qué tiene que ver eso?-.
-Yo estaba harta de mi marido, así que me separé. Él se quedó en nuestra casa con Roqui, nuestro antiguo perro. Yo me mudé a un departamento, después de eso no supe más de mi ex-marido. Pero por lo que había leído en el diario, él había matado a Roqui y desconozco la razón-. Esas fueron las últimas palabras de la mujer.
Luego de una semana, visité a Wembly con la esperanza de que me contara por qué había asesinado a su mascota. Pero un extraño suceso ocurrió mientras estaba en camino al campamento militar. Comencé a tener imágenes en mi mente, imágenes que me mostraban cómo fue asesinado su perro. No entendía por qué. Finalmente contacté con Wembly y me lo contó todo.
-Roqui era mi mejor amigo, éramos inseparables, desde chico lo había criado. Pero desde que Patricia me dejó yo necesitaba hacer el amor, ya sabe, una necesidad que todo el mundo tiene, por lo que intenté hacerlo con mi perro… Él empezó a morderme y a ladrar, entonces unos policías de la cuadra oyeron y me golpearon la puerta. Yo estaba tan furioso que le pegué una patada a Roqui. En un instante, el animal estaba muerto. Nunca entendí por qué murió si la patada no fue con tanta fuerza. Supongo que ya estaba viejo. Finalmente, los policías entraron y dijeron que habían visto todo, por lo que me mandaron acá, a este campamento militar. Y ciertamente, este lugar me gusta, disfruto cuando los demás me pegan y me maltratan, por eso no quiero irme a ningún otro lado. Acá me siento a gusto, como si estuviese en mi propia casa-.
Yo jamás había visto a una persona tan enferma como aquella. Me desmayé luego de su historia, y mientras estaba inconsciente, más imágenes aparecieron en mi cabeza. Aquellos momentos eran iguales a los que había escuchado de Wembly, pero con algo extraño… Aparecía yo violando al perro, luego matándolo, y no entendía por qué. Finalmente, al despertar, me encontraba atado a una silla con un chaleco para gente con deficiencias mentales. Ahí fue cuando pude entenderlo todo. Ese enfermo violador de perros, llamado Wembly, era yo. Nunca había hablado con Patricia, era solo un producto de mi imaginación. Y lo peor de todo, había asesinado a mi mejor amigo.

2 comentarios:

  1. Juan Voria: Corrección del título con comillas debido a que es una propiedad que llevan todos los títulos.

    ResponderEliminar