Fue creado con un propósito, defender el laboratorio, fue
llamado Frankenstein y era considerado un monstruo que, con sus dos metros de
altura y una fuerza extraordinaria, imponía mucho respeto. Lo único que conocía
era el laboratorio de su amo, a quien él cuidaba. Aunque no fuera muy
inteligente, nadie se atrevía a entrar. Era casi una máquina invencible. Estuvo
viviendo en el laboratorio hasta que el doctor, en un acto de increíble
distracción, dejó la puerta abierta y el escapó.
Rápidamente, el doctor aviso a la ciudad para que tuvieran
cuidado, pero que no le hicieran daño.
La gente respondió con agresión, debido al miedo que el monstruo generó, y se
dispusieron a capturarlo. Frankenstein entró a una casa en busca de comida pero,
cuando salió, la gente lo estaba esperando para capturarlo; salió corriendo y
pisó un charco, hizo cortocircuito en sus tornillos y cayó al piso.
La gente no lo pudo transportar, por su gran tamaño y
peso, y decidieron dejarlo donde estaba con seguridad constante.
Cuando el monstruo despertó estaba junto al doctor, pero, al ver una persona
con un arma, se asustó y huyó.
Estuvo muchos días perdido. Un día, por el olor a comida,
entró a una fiesta de disfraces, estaban todos disfrazados de monstruos y
también varios como él, la gente lo felicitaba pensando que era un disfraz,
nadie sospechaba que él era el real. Se comió todo lo que había en la mesa y cuando
empezó el concurso del mejor disfraz fue el ganador.
Frankenstein no entendía nada. Cuando alguien lo llevó al
escenario le quisieron poner la medalla alrededor del cuello; pero, sin querer,
las manos del hombre tocaron sus tornillos -sus únicos puntos débiles- y cayó. El
doctor estaba mirando para otro lado y
no se daba cuenta de que Frankenstein
estaba presente; al darse vuelta y ver su creación sin vida empezó a llorar y a
gritar.
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