domingo, 26 de agosto de 2012

Julián López


Fue creado con un propósito, defender el laboratorio, fue llamado Frankenstein y era considerado un monstruo que, con sus dos metros de altura y una fuerza extraordinaria, imponía mucho respeto. Lo único que conocía era el laboratorio de su amo, a quien él cuidaba. Aunque no fuera muy inteligente, nadie se atrevía a entrar. Era casi una máquina invencible. Estuvo viviendo en el laboratorio hasta que el doctor, en un acto de increíble distracción, dejó la puerta abierta y el escapó.
Rápidamente, el doctor aviso a la ciudad para que tuvieran cuidado, pero  que no le hicieran daño. La gente respondió con agresión, debido al miedo que el monstruo generó, y se dispusieron a capturarlo. Frankenstein entró a una casa en busca de comida pero, cuando salió, la gente lo estaba esperando para capturarlo; salió corriendo y pisó un charco, hizo cortocircuito en sus tornillos y cayó al piso.
La gente no lo pudo transportar, por su gran tamaño y peso, y decidieron   dejarlo donde estaba con seguridad constante. Cuando el monstruo despertó estaba junto al doctor, pero, al ver una persona con un arma, se asustó y huyó.
Estuvo muchos días perdido. Un día, por el olor a comida, entró a una fiesta de disfraces, estaban todos disfrazados de monstruos y también varios como él, la gente lo felicitaba pensando que era un disfraz, nadie sospechaba que él era el real. Se comió todo lo que había en la mesa y cuando empezó el concurso del mejor disfraz fue el ganador.
Frankenstein no entendía nada. Cuando alguien lo llevó al escenario le quisieron poner la medalla alrededor del cuello; pero, sin querer, las manos del hombre tocaron sus tornillos -sus únicos puntos débiles- y cayó. El doctor estaba mirando  para otro lado y no se daba cuenta  de que Frankenstein estaba presente; al darse vuelta y ver su creación sin vida empezó a llorar y a gritar.

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