martes, 28 de agosto de 2012

Kathya Pretz


Ya hacía 5 o 6 meses desde que Jason había recibido a sus últimas víctimas en el campamento de Crystal Lake. Con el frío helado del invierno ni siquiera aquellos atrevidos adolescentes iban a acampar. Pero la primavera y el calor ya habían llegado y con estas los campistas. Él estaba muy ansioso por ver a sus nuevos amiguillos.
Mark, Maxi, Susan y Roberta acaban de llegar. Mark y Maxi se pusieron a armar las dos carpas e instalar la música, mientras Susan y Roberta bajaban la ropa y la bebida. Jason, escondido detrás de unos árboles, planeaba su ataque de aquella noche. “Todo será muy sencillo, ya lo tengo todo fríamente calculado” se dijo.
Eran casi las 2 de la mañana y los chicos ya estaban completamente ebrios. Mark y Susan fueron a dar un paseo por el bosque; fue entonces cuando Jason se les apareció con sus dos armas favoritas, el machete y el hacha. Ambos cayeron al suelo de risa, obviamente no entendiendo nada de la situación en la que estaban. Furioso Jason dejó caer su hacha sobre la cabeza de Susan, pero ésta rodó como un fideo enjabonado por el piso una milésima de segundo antes y el hacha se quedó atascada en un tronco. Cuando intentó sacar su machete, se dio cuenta de que Mark lo había tomado sin que se diera cuenta y éste ya no recordaba dónde lo había dejado. Intentó entonces con una guadaña, pero para cuando quiso rebanarles la cabeza ambos estaban muchos metros adelante brincando como conejitos. Corrió tras ellos y antes de dar cuatro pasos se resbaló con lodo y ¡Plaf! Su cabeza estaba sumergida en tierra y agua. Realmente no podía creer lo que le estaba sucediendo.
Llegó al lugar donde se encontraban Maxi y Roberta, a los otros dos ya los había perdido de vista. Se deslizó silenciosamente detrás de Roberta y con un cautivante -“Hola” – esta se dio vuelta y le dio en la cara con un bate de beisbol. –“¿¡Le di a la piñata!?” gritó Roberta, quien al quitarse las vendas vio que no era lo que esperaba. – “No sabía que teníamos un nuevo compañero” le dijo a Maxi. – “Yo tampoco” le respondió. Jason recuperó la consciencia y, sin esperar, les tiró un dardo a ambos pero este se desvió y cayó sobre la cabaña del otro lado del lago en donde vivía Jason. –“ ¡Woooooooow, otra, otra!” gritaron los chicos sorprendidos por la llama brillante que se veía.
Jason, resignado, se paró y comenzó a alejarse de ellos diciéndose a sí mismo –“Malditos ebrios, la próxima vez voy a asegurarme de tirar todas y cada una de sus botellas al lago”, y luego desapareció entre la oscuridad de los árboles. 

domingo, 26 de agosto de 2012

Araceli Jáuregui


"La chocolatosa"
Pablo, un investigador, decidió llamar a un cura amigo para que investigara un caso de exorcismo en su pueblo. Él era un ex cura de iglesia y notaba comportamientos raros en su hija Evangelina de 12 años. Ella era muy inteligente y astuta, hasta que visitó la cueva del mal....Nadie sabía lo que le pasaba, comenzó a ser agresiva y  adicta a los dulces, siendo que a ella no le gustaban.
Su familia comenzó a hacer investigaciones acerca del hecho, investigación tras investigación... abogados, doctores, jueces y en fin nada. Un día tuvo una convulsión y mostró poderes sobrenaturales, como la levitación y una fuerza sobrehumana.
Evangelina pedía chocolates en una voz masculina y demoníaca. Su madre creía que los cambios estaban relacionados con la pubertad, pero los médicos sospechaban que era una lesión en el cerebro. Nada se podía comprobar. Fue entonces cuando Pablo decidió consultar la ayuda de un cura amigo.
Días después, la visita del amigo puso de manifiesto nuevas actitudes violentas en Evangelina, ruidos extraños y movimientos inexplicables. El cura no se animaba a realizar el exorcismo por miedo a lastimar a su amigo, Pablo, quien había llegado a la conclusión de que lo que su hija tenía era un demonio dentro...
Cuando llegó el momento de de exorcizar a la niña, ella, de repente... PLASH vomitó chocolates y muchas otras golosinas. Nadie podía creerlo. Levitó lentamente y cayó fuerte sobre la cara, levantó su torso y... lo que ella tenía era un empacho.

Paula Pereira


“LAS APARIENCIAS ENGAÑAN”

Cuenta la historia, relatada por todos nuestros padres, que el Hombre de la Bolsa era un hombre malvado que te secuestraba por las noches, a todos aquellos que se portaban mal y los desobedecieran. Yo conozco una historia parecida, pero en la que las cosas cambian…

El hombre de la bolsa no es un hombre “malvado”, él vaga por las calles, con su bolsa, revolviendo basura en busca de cosas que le sean útiles, cuando las consigue las dona a caridades y ayuda en hogares y comedoras comunitarios. Él encuentra chicos solos en las calles y los hospeda, no los secuestra, los salva. Las apariencias engañan, como dice la frase, él sólo busca ayudar a los demás.
Las versiones han cambiado, pero sólo porque el viejo hombre, a medida que transcurre el tiempo, se ha vuelto más torpe, se confunde niños con perros, recolecta perros y los trata como si fueran niños, como si fueran hijos, ¡Se ha enamorado de una caniche! Pero son cosas de la edad, el pobre anciano ya ni escucha, no distingue y planea formar una familia con un animal…

Luca Caverzán


“FRANKESTEIN”

  En algún lugar de Orlando, Florida, se encontraba Frankenstein, un monstruo amigable y fiel con sus amigos. Frankenstein se encontraba en el castillo con su creador, el Dr.Stally, y  jugaban al futbol como lo solían hacer siempre. De repente Frankenstein metió un pelotazo muy fuerte hacia el arco en el que estaba atajando Stally y, como el arco estaba en contra de la pared, la pelota rebotó haciendo un efecto de boomerang y golpeó en la cabeza del monstruo.
  El Dr. estaba desesperado ya que habían pasado 3 horas y Frankenstein permanecía desmayado, hasta se podría decir que estaba sin vida. Pero, en un instante, el joven monstruo se levantó; sin embargo, ya no era el mismo Frankenstein -aquel amigable y fiel joven- sino que ahora era un cazador de humanos maligno y sin respeto alguno hacia los demás.
Cuando despertó lo primero que se le escuchó decir fue:
-¡Ten-go Ham-bre quier-ro co-mer Hu-ma-nos.- El Dr. tuvo una reacción muy peculiar para con el monstruo, por lo que la segunda voz que se escuchó fue la del Dr. que le decía:
-Frankenstein, espero que esto no lo estés diciendo en serio. Decime, por favor, por qué ha pasado esto,  por qué te ha pasado a vos,  todo por una estúpida pelota que golpeó en tu cabeza.
Frankenstein dijo: -Te voy a comer a vos y a todos los humanos que encuentre, así que si querés vivir empezá a huir ¡ya!-
El Dr. estaba muy angustiado y no se quería ir, quería solucionar todo esto, hasta que en un momento notó que Frankenstein se estaba riendo. El Dr., sin entender, le preguntó a qué se debía esa risa, y Frankenstein contestó que le había jugado una mala pasada, que era todo una broma y lo regañó preguntándole cómo una pelota de futbol que golpeara sobre su cabeza lo iba a hacer cambiar de esta forma.
El Dr. se encontraba enojado con él, pero luego se lo tomó con humor y siguieron jugando hasta el anochecer.

Lautaro Montaña


“¿El Hombre Lobo?”
Todo comenzó aquel día de diciembre en el que John Astin se fue de campamento con su padre, el niño tenía tan solo 12 años. Cuando llegaron al lugar observaron que era un bastante húmedo, debido a las lluvias que se presentaban constantemente. Por esta razón no podrían realizar su preciado fogón alrededor de la carpa…
Cuando comenzó a caer la noche, los ruidos del bosque empezaron a inquietar a John y a su padre, por lo que se encerraron en la carpa sin salir. Esa noche no llovió, al contrario, brillaba la luna llena y los supuestos lobos acecharon durante horas en busca de presas frescas para matar, sus presas preferidas, aparentemente, eran  dos acampantes como ellos.
Esta historia la había escuchado John antes de partir para el bosque, se la había contado un amigo para lograr asustarlo y que el viaje se le tornara insoportable. Se hicieron las 12 de la noche y John y su padre se fueron a dormir, inquieto por la historia que le habían contado no pudo dormir hasta las 3 de la mañana. Cuando pudo cerrar los ojos, comenzó a escuchar ruidos y pasos alrededor de su carpa, salió a mirar y vio un aterrador oso, que no resultó ser precisamente un oso si no un hombre lobo con hambre de humano. Pero lo que le resultó muy extraño fue que el lobo no intentó atacarlo ni siquiera en esos 10 segundos que se quedaron mirándose a los ojos.
En ese momento John empezó a gritar y se metió nuevamente a la carpa para despertar al padre, pero el lobo seguía ahí parado sin intentar nada que pudiese llegar a poner en peligro las vidas de los dos acampantes, luego de unos minutos John volvió a salir para mirar, en ese momento vio que el hombre lobo se había sentado en una piedra bastante gigante con una actitud como de decepción con él mismo. Levantó la cabeza y vio a John mirándolo, ahí fue cuando comenzó a hacer algunos gestos extraños como para explicarle algo que John nunca entendería.
    El hombre lobo comenzó a comer las plantas que encontraba y en ese momento John se dio cuenta de que no era un auténtico hombre lobo si no que era un hombre lobo vegetariano, el niño despertó a su padre y ambos se acercaron cada vez más a él con la intención de saber qué le pasaba y por qué estaba tan triste, éste comenzó a escribir en la arena para que los dos acampantes entendieran su conflicto y lo pudiesen ayudar. En la arena decía, “Soy un hombre lobo en las noches de luna llena, pero no me siento nada conforme con esto, por favor ayúdenme… me veo muy gordo”… En ese momento los dos comenzaron a reírse a carcajadas, ya que pensaron que los quería comer pero afortunadamente era vegetariano debido a su problema con la gordura, aceptaron ayudarlo y lo mandaron a una “asociación de hombres lobos con problemas de sobre peso”. En cuestión de meses se recuperó y logró nuevamente salir al bosque a matar y comer gente como tanto le gustaba.

Julián López


Fue creado con un propósito, defender el laboratorio, fue llamado Frankenstein y era considerado un monstruo que, con sus dos metros de altura y una fuerza extraordinaria, imponía mucho respeto. Lo único que conocía era el laboratorio de su amo, a quien él cuidaba. Aunque no fuera muy inteligente, nadie se atrevía a entrar. Era casi una máquina invencible. Estuvo viviendo en el laboratorio hasta que el doctor, en un acto de increíble distracción, dejó la puerta abierta y el escapó.
Rápidamente, el doctor aviso a la ciudad para que tuvieran cuidado, pero  que no le hicieran daño. La gente respondió con agresión, debido al miedo que el monstruo generó, y se dispusieron a capturarlo. Frankenstein entró a una casa en busca de comida pero, cuando salió, la gente lo estaba esperando para capturarlo; salió corriendo y pisó un charco, hizo cortocircuito en sus tornillos y cayó al piso.
La gente no lo pudo transportar, por su gran tamaño y peso, y decidieron   dejarlo donde estaba con seguridad constante. Cuando el monstruo despertó estaba junto al doctor, pero, al ver una persona con un arma, se asustó y huyó.
Estuvo muchos días perdido. Un día, por el olor a comida, entró a una fiesta de disfraces, estaban todos disfrazados de monstruos y también varios como él, la gente lo felicitaba pensando que era un disfraz, nadie sospechaba que él era el real. Se comió todo lo que había en la mesa y cuando empezó el concurso del mejor disfraz fue el ganador.
Frankenstein no entendía nada. Cuando alguien lo llevó al escenario le quisieron poner la medalla alrededor del cuello; pero, sin querer, las manos del hombre tocaron sus tornillos -sus únicos puntos débiles- y cayó. El doctor estaba mirando  para otro lado y no se daba cuenta  de que Frankenstein estaba presente; al darse vuelta y ver su creación sin vida empezó a llorar y a gritar.

Julia Giménez


“El joven Frankenstain”
Una noche de tormenta, en un pequeño pueblo de Rumania, nació Frankenstain, un gran monstruo verde, con su cara llena de cicatrices y, por encima de sus orejas, dos grandes tornillos que parecían gigantescas antenas.
Cuando Frankenstain comenzó a caminar tuvo varios problemas con el equilibrio, ya que sus gigantescos tornillos provocaban que su cabeza se moviera de lado a lado por su gran peso y al ser tan grandes no podía pasar de frente por las puertas. Por las noches, se sacaba los tornillos para ajustar la cama, ya que debido al peso que tenía estaba toda desvencijada.
Una mañana olvidó colocarse los tornillos y, al levantarse, se dio cuenta de que caminaba sin tambalearse y que podía pasar por las puertas normalmente, pero a la vez sintió que una fría brisa atravesaba  sus agujeros y congelaba su cerebro, por lo que tenía que encontrar algo que los tapara para no congelarse.
Así fue que decidió ir a una ferretería y cambiar sus antiguos tonillos por unos nuevos más chicos. Sus problemas terminaron.

Guadalupe Cadona


No muy lejos de Transilvania se encontraba el mayor lugar turístico de toda la zona: El Castillo. Allí, se rumoreaba, pasaban cosas terribles. Unos años atrás vivían allí dos científicos locos Dr. Jekyll y Mr. Hyde; estos habían sido echados de la convención de científicos que se organizaba todos los años, en esta se llevaban a cabo las mayores creaciones de esos tiempos.
Dr. Jekyll y Mr Hyde habían ganado el premio a la mejor creación de todos los tiempos, luego de obtener este último premio, no se presentaron más. No porque no quisieran, sino porque los habían echado, pero eso no es importante, lo mejor de todo es que cuando estos dos científicos se unían hacían cosas geniales. La mejor creación de todas fue la del monstruo verde. Éste, en lugar de cabeza, tenía algo parecido a una caja de herramientas usadas, tenía clavos por todos lados y tenía tan mal carácter como sus creadores. Lo llamaron Frankenstein, solo porque les gustaba el nombre, y decidieron que este ser sería incapaz de amar.
Lo habían creado para que los ayudaran con las tareas del castillo, también le armaron instrucciones para poder manejarlo, pues no solo podía hacer lo que uno quisiera, sino que tenía la capacidad de almacenar las instrucciones que le daban, para no tener que repetírselas una y otra vez.
Cuando por fin lo terminaron, lo primero que quiso hacer fue salir del encierro de las paredes del castillo. Cuando ya estuvo en la cuidad, todas las personas salían corriendo a saludarlo muy amablemente. Esto fue muy extraño para los científicos ya que cuando habían creado un hada nadie se había acercado porque le temían; ahora, en cabio, con un monstruo de casi cinco metros de altura todos vinieron a recibirlo, Mejor para ellos, pensaban, mas popularidad.
Después de unos días, los científicos se habían aburrido de su creación y lo abandonaron; mientras ellos se tomaban unas vacaciones que se debían de todo una vida, él se quedaría solo en el castillo. Después de un tiempo de no salir, decidió ir a la ciudad. Con la primera persona con la que se encontró fue con Pablo, un amigo de los creadores, que, como lo vio muy solitario, lo invitó a que lo ayudara con la reconstrucción de su moto.
Al llegar al taller, Frankenstein no pudo dejar de notar que no tenía nada de herramientas, por lo que se ofreció a darle algunos clavos de su verde y pequeña cabeza. Desde ese momento, Frankenstein había encontrado un amigo y Pablo una nueva caja de herramientas móvil.

Juan Voria


“Problemas con el Alcohol”
El día que conocí a John pude ver que era una persona alegre, bastante cínica y un poco loca, pero alegre al fin. Últimamente se pasaba todo el día solo, encerrado en su cuarto. No quería que nadie lo perturbara, ninguna interrupción, por lo que había cerrado la puerta con llave y candado.
La semana pasada fui a visitarlo, pero él se molestó. Me gritó que me fuera.
-¡Andate, estoy ocupado! ¡Dejá de molestar!-
Luego, el silencio se hizo presencia. Furioso por la actitud de mi amigo, comencé a patear su puerta hasta tirarla abajo. Al entrar noté algo realmente extraño. Su cama estaba fuera de lugar y en el piso había una especie de puerta que parecía la entrada a un sótano. Bajé por la oscura y sombría escalera hasta que finalmente divisé una potente luz. Escuché la voz de mi amigo a lo lejos, y también la de alguien más. Al llegar al sótano vi a John conversando con un gigante hombre verde de pelo negro, con tornillos al costado de la nuca, con aspecto monstruoso.
-¿Pero qué hacés acá? ¿Cómo entraste?-.
-Mirá, yo…-
-Ya no importa, has descubierto mi secreto. Éste es Frankenstein. Su creación fue un trabajo duro y el motivo por el que le he dado la vida fue por aburrimiento. Me siento muy solo últimamente y nadie puede entenderme. La única función que tiene es, además de moverse y tomar alcohol, conversar conmigo, nada más. Aunque es conveniente que no lo molestes... Tiene mucho carácter-.
El abominable monstruo me miró con sus penetrantes ojos y me sonrió.
-Así que este es tu secreto ¿eh? Pues te prometo mi silencio-.
Pasado un mes empezamos a juntarnos los tres cada vez más. Las tardes y noches eran interminables, siempre riendo y tomando alcohol hasta desplomarnos en el piso. Pero algo raro le pasaba a Frankenstein. Su sonrisa se borraba poco a poco.
Tres días después recibí una llamada de John. Estaba llorando. Fui hasta su casa para ver qué había pasado. Al entrar, el gigantesco hombre verde estaba caído sobre el sillón, con vómito en su cara y en la ropa.
-Murió alcoholizado- Dijo John.
-Bueno, no importa, nos tenemos a nosotros. Vamos a ser dos, como antes-. Le dije yo.
-¡No, yo sin él no puedo vivir!
Dos segundos después, mi amigo se había ahorcado. Yo me había quedado solo.
Salí afuera con una copa de vino en mi mano, llorando. Con un inmenso dolor en el pecho, alcé la mirada al cielo y grité: ¡Beberé todo el alcohol del mundo por ustedes dos, amigos míos!

Catalina Azzimonti


“El Conde Drácula”

En Transilvania, esperando que cayera la noche, se encontraba el Conde Drácula, el monstruo que se transforma en un murciélago o lobo por las noches, para cazar y beber la sangre de sus víctimas. Pero él nunca puede volver luego del amanecer, porque si le llegan los rayos del sol, su gran enemigo, moriría en el instante.
Una noche, como cualquier otra, salió de su ataúd, se transformó en lobo y se preparó para buscar a su próxima víctima. Pero, de pronto, cuando corría entre árboles, comenzó a escuchar una voz desconocida.
- Hola, ¿Quién eres? Mi nombre es Jacob. – Escuchó
- ¿¡Quién anda ahí?! – Gritó Drácula
- Soy Jacob, uno de los lobos más famosos de esta generación, ¿y vos como te llamás? – Escuchó nuevamente.
- No sé quién sos y no me interesa, dejame en paz- Le respondió Drácula y cuando estaba a punto de marcharse del lugar, un lobo se le paró en frente.
- Disculpame, ¿por aquí no viste a Edward? Estoy buscándolo, es un vampiro –
- No sé quién es Edward y tampoco me interesa. Por favor ahora dejame, no puedo quedarme más tiempo. – Respondió Drácula. No le quedaba mucho tiempo para cazar, ya casi amanecía y debía volver a su castillo.
- Mirá, yo te cuento… Edward es el novio de Bella, y a mí me gusta Bella. Entonces, como no quiero que se vean más, lo estoy buscando para hacerlo desaparecer, que no vuelva nunca más y yo pueda quedarme con Bella, porque ella es el amor de mi vida, yo siempre…-
- ¡Callate! ¡No me importa quién es Edward, quién es Bella, y tampoco quién sos vos! No me puedo quedar más aquí, entendelo. ¡Ahora dejame pasar! – Gritó Drácula ya muy nervioso. El amanecer se acercaba y él no estaba en el castillo todavía. Estaba por salir corriendo cuando el lobo lo detuvo nuevamente.
- Pero mirá, si no lo encuentro, él se va a quedar con Bella, y nadie quiere eso, creéme. Si me ayudás te pago, lo juro. –
En ese momento Drácula ya no quiso esperar más y decidió salir corriendo por otro camino, pero ya era demasiado tarde, estaba comenzando el amanecer. A los pocos segundos de comenzar a correr, Drácula se quemó y en su lugar solo quedaron cenizas.

Rocío Graff


“La llamada...”

Una noche Cindy se juntó con Annie en la casa de su amiga. Estaban viendo televisión, y Annie le contó a Cindy sobre un video que había visto hacía una semana y de la llamada que recibió, diciendo que moriría en siete días, después de haberlo visto.
De repente sonó el teléfono, se dirigieron las dos a atender, era la madre de Cindy, mientras que ella se quedaba hablando, Annie volvió a su habitación, y cuando Cindy volvió encontró a Annie muerta de una forma extraña. Luego, se dio cuenta de que la causa de su muerte fue por culpa del video.
A la mañana siguiente, cuando una periodista llamada Rachel se enteró de la extraña muerte de Annie, decidió ver el video y recibió una llamada:
-¡Hola!
-Morirás en siete días – Se escuchó en una interferencia.
-¡No te escucho muy bien! ¿Puedes volver a repetirlo?
-Morirás en siete días – Se volvió a escuchar en la interferencia
-Sigo sin escucharte bien... Hola ¡Hola!....
-Uuuy.. Encima que me queda poco crédito, tengo que estar buscando señal en este pozo de m#****@ - Se alcanzó a escuchar entrecortado
-Eh.. Eso si lo escuché. ¿¡Con esa boquita decís “mama”!?
-Mamma mia, na na na na na My my, na na na na na na
-Me estás confundiendo.. No entiendo, ¿Qué era lo que me decías?
-Uuy que sorda.. En siete días morirás
Tu.. Tu.. Tu..
Apenas Rachel recibió esa llamada se puso muy nerviosa, no sabía qué hacer, y trató de explicárselo a su sobrino que le decía:
-¡Sí, lo sé! Ella me lo dijo
-¿Ella?
-Si, Katia
-¿Quién es Katia?
-La niña que te llamó, ella me cuenta TOOODOOO. Y esta noche vendrá a visitarme.
Rachel asustada, llevó a su sobrino a la granja de su novio para que lo cuidara mientras ella buscaba ayuda. Pero él no le creía, entonces Rachel decidió mostrarle el video, y cuando terminó de verlo recibió la llamada en la que se escuchóa a la niña decir:
-Tengo muy poco crédito, así que lo voy a decir una vez.. ¡Morirás en siete días!
Tu.. Tu.. Tu...
Luego de eso Rachel se fue a buscar ayuda y le mostró el video a una mujer, que era una conocida de un amigo del novio, y ella le explicó que tenía que ir al mismo faro que mostraba el video para encontrar la respuesta de todo.
Cuando llegó al faro, se encontró con el padre de la niña y él le contó que esa niña era su hija y que su esposa la había ahogado en el pozo de la granja donde vivían. Entonces, él le explicó que tenía que cerrar ese pozo para que la niña no pudiera salir.
Luego de eso, Rachel se fue a la granja de su novio para ir a buscar a su sobrino, y lo encontró a él y a su novio en el sótano. De repente se dio cuenta de que ese mismo sótano era el que mostraban en el video y, prestando atención, encontró una puerta en el piso. La abrió y vio el pozo de donde salió la niña.  Cuando estaba intentando cerrarlo, la niña salió y les gritó
-NOOOOO.. No dejaré que tapen el pozo
Todos se habían asustado y se alejaban. Pero cuando la niña trató de salir se resbaló y cayó en lo profundo del pozo. Entonces Rachel y el novio taparon rápidamente el pozo para que la niña no pudiera volver a salir. Y para que nadie más viera el video, lo rompieron y lo quemaron. 

Wabisuke.




“La anécdota de Jason Voorhees”


Jason Voorhees, un hombre muy conocido y respetado, fue invitado a una fiesta cuyos organizadores eran los padres del asesino Freddy Krueger.  Los padres no tenían relación con él, ya que era un monstruo y un asesino.
El  propósito de este hombre en la fiesta era sacarles información a los padres de Krueger que, aunque no lo demostraban, ocultaban algunas cosas importantes, cosas de las que solo Voorhees se había dado cuenta.
Voorhees sentía un odio extremo hacia Krueger, ya que era como una competencia para él, pensaba que no podía, ni debía, haber otro asesino tan conocido como él.
En fin, Voorhees aprovechó la situación yendo a la fiesta. Nadie sabía quién era en realidad y, mucho menos, que era muy conocido por su riqueza.
En realidad, Jason Voorhees era un asesino reconocido por usar una máscara blanca con pequeños agujeros. Gracias a esto, el hombre no podría ser descubierto ya que nadie sospechaba de él.
Una vez en la fiesta, Voorhees saludó a los padres de Krueger, el padre tenía el mismo nombre que su hijo, Freddy; su madre se llamaba Estela de Krueger. Ellos invitaron a Voorhees a comer a su mesa…
Luego de una breve charla, logró sacarles la información que quería y fingió tener dolor de panza para poder irse y planear lo que iba a hacer, seguramente asesinar a los padres de Krueger para así no permitir que hubiera sospechas. Una vez preparado fue a lo siguiente, entró por el lado trasero de la mansión de los Krueger, fue hasta el piso más alto y observó con mucha paciencia… esperando a los Krueger.
Cuando vio que fueron a una sala, bajó las escaleras, guardando la máscara en su chaqueta y, observando que nadie lo hubiera visto, entró a la sala. Al entrar se puso su máscara, ya que si algo resultaba mal podría huir fácilmente; al verlo, los Krueger entraron en un completo shock.
En el momento en que el asesino estaba por llevar a cabo su crimen, se escuchó abrirse la puerta y un “SORPRESA!” al mismo tiempo. Los invitados pretendían sorprenden a los Krueger con una torta, ya que era su aniversario 50 de casados. Jason pegó un salto del susto, al darse cuenta que el criminal era, solamente, un hombre algo miedoso, los invitados fueron hacía él. Tomaron palos, escobas y comenzaron a pegarle.
Inconciente, le sacaron la máscara y al ver que era Jason Voorhees, todos quedaron sin palabras, excepto los Krueger que ya sabían lo que iba a pasar, incluyendo la sorpresa, por eso fueron a la sala y demás, por eso comenzaron a reírse, también estaban algo locos como su hijo, aunque eran buenas personas, llamaron a la policía y Jason Voorhees fue apresado de por vida.

Mercedes González


“El Hombre Lobo”
Una noche, en el campo de su abuela, fue a cazar jabalíes con su padre porque había luna llena y con su luz verían mejor. Se sentaron en la cima de un árbol a esperar ver alguno. En eso escucharon una respiración, justo detrás de sus espaldas, se dieron vuelta y vieron a un espeluznante lobo feroz. Éste fue directo a atacarlo a Raúl, entre gritos y desesperación su padre intentó ayudarlo y sacar a la gran bestia de encima de él. No pudo hacer nada para ayudarlo, ese demonio pesaba más de lo que parecía. Cuando todo acabó, Carlos llevó a Raúl hasta la casa y, luego de tres días, despertó sin dolores ni rasguño alguno, como si nada le hubiera pasado. Carlos pensó que lo que había ayudado a su hijo a recuperarse tan rápido fueron los rezos de su madre, la abuela de Raúl.
Pero, a partir de esa inolvidable experiencia, Raúl había quedado marcado por el resto de su vida. Cada noche de luna llena el niño se convertiría en un hombre lobo y buscaría más víctimas para atacar. Esto era algo que él no podía evitar, era una maldición.
Luego de muchos años, Raúl, ya casado, encontró la vocación de su vida, el ciclismo. Era algo que le fascinaba, un deporte de suma preparación y vitalidad. Estaba dispuesto a hacer lo que fuera para convertirse en el mejor del mundo y, sin duda alguna, hizo todo lo posible.
Empezó a practicar día y noche, cuando no había luna llena por supuesto. Trabajó tan duro que le empezaron a salir canas en la barba. Pero todo esto a él no le importaba, amaba el ciclismo y estaba seguro de que nunca lo iba a dejar.
Cuando quiso empezar a hacer carreras, había una serie de requisitos que debía cumplir para entrar en ella. Uno de esos requisitos era tener las piernas totalmente limpias, sin un pelo. Eso era, probablemente, lo más difícil de cumplir para un hombre lobo, pero la atracción de Raúl hacia esta pasión por el ciclismo era muy fuerte, y decidió depilarse. 
Su esposa lo ayudó. Estuvieron alrededor de seis o siete horas hasta que la pierna derecha quedó limpia como la piel de un delfín. Después de seis horas más terminaron la otra pierna. Exhaustos se fueron a dormir teniendo pesadillas con pelos.
A la mañana siguiente, Raúl se despertó confiado en que iba a ganar esa carrera. Cuando fue al baño vio que sus piernas estaban llenas de pelos otra vez. Despertó a su mujer desesperado para que lo ayudara a depilarse nuevamente y la mujer le dijo que no quedaba más cera. Entonces Raúl comenzó a calentar un poco de miel que le había quedado de las vacaciones pasada. Se apuraron en depilarse y salieron rápido hacia la competencia para no llegar tarde. Cuando llagaron las piernas de Raúl estaban hinchadas, rojas, dulces y con todos los poros abiertos. Las calzas especiales para la competencia de ciclismo no le entraban y Raúl, desafortunadamente, no pudo competir.
Luego de una hora los pelos de sus piernas eran de quince centímetros de longitud, y decidió renunciar al segundo amor de su vida porque, para él, era muy cansador y doloroso depilarse cada vez que tenía una competencia.

Belén Franzoni


Temblábamos del susto Ángeles y yo. Estábamos hambrientas, sucias y encerradas en ese calabozo hacía 8 horas. El pequeño demonio poseído nos tenía a ambas secuestradas. Chuky sólo se nos había acercado tres veces a hablarnos, pero siempre nos decía lo mismo: - Las tengo vigiladas pequeñas, y estén muy atentas porque las voy a hacer sufrir más que a ninguna de mis otras víctimas- y a la vez hacía girar un filoso cuchillo que tenía atado con una cinta al brazo. Cada vuelta del cuchillo en su mano era como un paro en el corazón para mí. Primero nos trajo una caja de arañas, después nos salpicó de sangre,  nos decía que nos estaba preparando para la gran venganza.
Pero tarde o temprano escaparíamos, Ángeles y yo estábamos seguras de eso. Lo único que nos faltaba era encontrar el momento justo en que Chuky no estuviera cerca del calabozo, o estuviera entretenido con otra cosa.
Ya habían pasado dos horas, según los cálculos de mi amiga, porque lo único que teníamos era la ropa puesta y nada más, él nos había sacado todo. Y como el muñeco no aparecía, decidimos que era el mejor momento para escapar. Abrimos el candado con un alambre y despacio fuimos hacia una puerta.
Chuky estaba ahí, mirando una telenovela y llorando más que un bebé. Lloraba y se secaba con un pañuelito, sentado sobre un sillón agarrándose las rodillas. Al costado de la silla había una pila de pañuelitos. Nunca hubiese imaginado que un ser como éste tenía algo de sentimientos, y menos por una novela romántica de la televisión.
Nos quedamos unos segundos mirándolo sorprendidas, pero después continuamos con nuestro plan para escapar. Pasamos en punta de pie hasta la próxima puerta y logramos escapar de ese horrible lugar, sanas y salvas. 

Ezequiel Mira


Ellos existen desde hace miles y miles de años y se llaman hombres lobos.
Estos mutantes, en sus orígenes, vivían en el bosque. No tenían influencia en la ciudad ya que comían sólo carne de animales.
Los ciudadanos de Inglaterra vivían tranquilos y en paz, hasta que decidieron ir al bosque a talar árboles, ellos no sabían que existían los hombres lobos, estos mutantes de día eran personas normales pero de noche se convertían en lobos. Cuando los hombres lobos descubrieron las ciudades fueron en busca de presas; pero se encontraron con supermercados llenos de verdura.
Desde que los mutantes conocieron las verduras se hicieron vegetarianos y, ahora, conviven con las personas. Algunos de ellos son malvados y todavía comen carne de personas y animales, pero estos aun viven en el bosque. Más adelante los humanos, con ayuda de los hombres lobos buenos, le dieron a los malos unos cigarrillos que ayudaron a tranquilizarlos. Luego de eso ya no hubo ni malos ni buenos, se las consideró como ciudadanos que vivieron en armonía en distintas ciudades.

Valentina García


“EL HOMBRE LOBO”
Estaba en medio de mi transformación cuando comencé a olfatear a mi próxima presa. Su olor me hacía agua la boca y los ojos se me dilataban. Empecé a correr, guiado por mis instintos, y me lancé sobre el pobre animal.
-Pero inútil ¿Qué es lo que estás haciendo?- Aulló un hombre lobo que yo conocía.
-Eh…lo siento hermano, creo que me he equivocado.
-Mirá mi pata... ¡Andate de acá!
-¡Lo siento!- Gemí mientras me alejaba a máxima velocidad.
Siempre creí que era diferente y lo comprobaba cada vez de salía de caza; mi olfato no era el mejor de todos, digamos que habían mejores rastreadores.
Luego de unos minutos, volví a mi forma humana y me dirigí hacia la ciudad.
Normalmente, con la reputación de hombre lobo, la gente temía o huía cuando caminabas cerca de ellos; pero conmigo eso no funcionaba. Creo que era porque no los atacaba o, simplemente, porque solía pasar papelones, como ese día…
No entendía qué les causaba tanta risa; quien pasaba por mi lado contenía sus risas entre una ancha sonrisa, hasta que me di cuenta de que no llevaba el pantalón puesto.
-Perdón, disculpe, con permiso…
Entre algunos choques y empujones logré salir de la multitud y me dirigí al bosque; donde me había olvidado el pantalón.
Lo busqué por todos lados pero no lo encontré, por ello decidí volver a mi forma lobuna; todavía era domingo y tenía hasta las 12 pm para volver a mi forma humana y permanecer así hasta el próximo domingo.
Por única vez no tenía más opción que confiar en mi olfato; mi fantástico olfato. Estuve rastreándolo por, al menos, 2 horas hasta que lo encontré, me lo puse y emprendí mi regreso a casa.
Cuando estaba próximo a abandonar el bosque un lobo; el mismo que había mordido hacía apenas unas horas, se interpuso en mi camino. Pensé en averiguar qué quería pero decidí correr y el lobo, por supuesto, comenzó a perseguirme.
Corrí cuanto pude pero me alcanzó, respiré profundamente preparado para sufrir y, de repente, me bajó los pantalones.
-¿Qué es lo que estás haciendo?- Le pregunté algo confundido.
-¡¿Qué es lo que vos estás haciendo con mi pantalón?!
-¡Dios Santo! Me he equivocado de nuevo, ha sido culpa de mi olfato, lo juro.
-Como digas, tomá, comete un chupetín.
-¿Un chupetín?
-Sí, para que te entretengas, son las 12.05 pm y seguís siendo lobo; no podrás volver a tu forma humana hasta el próximo domingo.
-¡¡Diablos!!

Victoria Wiedemann



“Conversación entre El Doctor (que fue el creador) y Frankenstein”
-       Listo, te dejé chiche bom bom, estás para un concurso de belleza.
Frankenstein lo miró dubitativo…y huyó despavorido pensando que el doctor lo estaba alabando enserio. Se encontró en la esquina con un niño que le dijo:
-       ¡Qué lindos ojos que tenés!.
-       Para verte mejor...
-       ¡Qué brazo forzudo!… ¿de quiénes son?
-       De Carlos Monzón
-       ¡Qué lindas piernas tenés!
-       Son de Jesse Owens para correr mejor.
-       ¡Qué boca grande tenés!
-       Si me acaban de colocar botox

El nene se retiró dudoso de las respuestas de Frankenstein. Al rato, FJIOFJSOFJO  se miró al piso y se reflejóa en un charco de agua, al ver su rostro gritó:
-       ¡Doctor me la vas a apagar…!

Santiago Trobbiani


“El malo señor de la noche”

Se llamaba Frankestein. Era alto, robusto y con cabeza grande, con forma de triángulo invertido. Era el señor de la noche. Aparecía solo algunos minutos en la oscuridad  y  siempre algo raro ocurría. Solo salía de noche porque de día los rayos solares le causarían la muerte. La gente salía poco de noche porque sabían que podían ser víctimas del famoso Frankestein.
Aquel día, cuando caía el atardecer y se vestía para salir a la calle, decidió que iría a una panadería. Esta era chica y tenía sus ventanas sin cortinas, pero sus vidrios estaban perfectamente limpios.
Llegó al lugar y el dueño, Juan, le ofreció unas cervezas bien frescas. Hablaron de la vida, mujeres y, sobre todo, de los asesinatos de Frankestein. Sorprendido, Juan, le empezó a hablar para que reflexionara y que dejara de matar gente. Seguían tomando una, dos, tres…  hasta que llegaron a la décima cerveza. Juan y el perverso asesino quedaron dormidos profundamente.
Al otro día se vio un patrullero y una ambulancia. Se comentó que esa noche se habían puesto borrachos y que los rayos solares impactaron sobre el cuerpo de Frankestein.
Finalmente murió apenas amaneció.

Dasha Orejova


Ya habían pasado 3 años desde que Samantha había quedado viuda. Ella había quedado aterrada después de presenciar la muerte de su marido y se aisló de toda la vida social que tenía.
Durante esos tres años no se atrevió a acercarse al pozo, le tenía terror, todas las tardes se sentaba frente a la ventana a observarlo y desear que “ella” le devuelva a su marino sano y salvo. De la misma forma en la que le tenía terror al pozo y a Sara, la chica inmortal que se llevó al marido, le daba intriga ver cómo es que vivía ahí, cómo es que ella no se ahogaba dentro del pozo. Era una noche de mucho frío y luna nueva. Había sido igual el día que su marido murió…
Se abrigó, agarró una linterna y una pala y salió de su casa. Al llegar al pozo se le ocurrieron mil y un situaciones para llamarla, pero le dio miedo. De repente escuchó la voz de Sara que se iba acercando;  se abrió un poco la tapa del pozo y se vieron los dedos de ella asomándose por el agujero.
Era ella, la culpable de la tristeza de Samantha. La viuda comenzó a llorar desesperadamente y le dieron enormes ganas de vengarse. Sara salió del pozo con absolutamente  todos los huesos descolocados, era un monstruo. La viuda estaba dispuesta a matarla y, a punto de pegarle con la pala, Sara cayó, de repente, al piso y empezó a temblar. La asustada mujer había quedado asombrada, no entendía cómo era posible que ella, viviendo en un pozo, tuviera frío.
Samantha escuchó que Sara susurraba, tartamudeando, “entremos dentro del pozo, por favor, no te voy a hacer daño, tengo mucho frío y me están esperando adentro, te lo ruego” La mujer no entendía quién la estaba esperando adentro ni la razón de que fuera amable con ella pero aceptó y entró junto a la asesina del marido. Al llegar al fondo, se encontró con su marido muerto y con una casa maravillosa.
El esposo vio a Samantha, la saludó como si nunca hubiera pasado nada y se sentaron a cenar. Samantha quedó perpleja. Sara la explicó que no había matado al esposo porque se sentía sola y lo amenazó con matarlo y matarla a ella si salía de ahí, entonces el marido le pidió que invitara a su esposa así se podían reencontrar.  La supuesta viuda abrazo a Sara y le dio mil gracias por no haberlo matado, la felicidad había vuelto a su vida.  Al parecer, justo ese día era el cumpleaños de Samantha, asique los tres se quedaron dentro del pozo a celebrar sus 50 años.
La policía busco a “la viuda” por más de 5 años, nunca la encontraron. Dejaron el caso bajo la denominación de  “desaparición misteriosa” y difundieron el terror por toda la ciudad. Pobres ciudadanos, nunca se podrían haber imaginado que Samantha estaba con su marido, y la “asesina” de ambos,  viviendo en un pozo.

Mariaaaaa


El conde Drácula vivía en un castillo bastante viejo, en la ciudad de Transilvania. Él era un vampiro medio viejo y quejoso, tan viejo que no podía caminar ni volar muy rápido, esto hacía su trabajo mucho más difícil.
                En una oportunidad trató de conseguir sangre de campesinos, por lo que se fue  al campo que quedaba relativamente lejos de su castillo, más o menos a dos horas de viaje. Al llegar no encontró a nadie, por lo que fue buscando casa por casa. Todas las casas estaban muy bien cerradas, esto le imposibilitó el placer de chupar sangre.
                A eso de las 3 de la mañana, Drácula comenzó a sentirse muy mal, esto se debía a la falta de sangre en su cuerpo. Desesperado encontró un par de vacas, les chupó la sangre rápidamente y se fue a su castillo unos minutos antes de que el sol saliera.
                A la mañana siguiente lo encontraron muerto; una de las hipótesis de su muerte fue que chupó sangre de vacas medicadas y la medicina le hizo perder la vida. Nunca más se supo nada de El Conde Drácula.

Valentina Quiroga


“Una noche de luna llena”
Una noche muy tranquila Carola Castelli abandonaba el edificio de su trabajo, cuando de repente se detuvo a admirar la majestuosidad de la luna.
-¡Qué hermosa luna!- Exclamó la señora, que luego siguió caminando hacia la parada del colectivo. Al llegar al lugar, el colectivo ya se encontraba allí, por lo que se apuró a subir ya que no tenía mucho tiempo. Subió, le pagó al conductor y luego, al darse vuelta, se percató de que no había nadie dentro del colectivo, así que se sentó en el primer asiento.
-¿Qué pasó? ¿Por qué no hay pasajeros?- Le preguntó Carolina al conductor, aunque éste no le respondió, solo señaló un cartel que decía “Prohibido hablar con el conductor”.
En la siguiente parada subió un pasajero muy extraño, una persona robusta y de una pequeña estatura, que miró tenebrosamente a la señora Castelli, y luego se sentó detrás de ella. En un momento, la señora Castelli empezó a escuchar unas quejas provenientes de ese pasajero, por lo que decidió preguntarle qué le pasaba.
-Disculpá que te moleste, pero escuché que te estabas quejando… ¿Pasa algo?- Le preguntó.
En ese momento, el pasajero comenzó a tomar una forma rara y de un momento a otro se convirtió en un chihuahua. La señora comenzó a reír y el pequeño perro a ladrar, Carola llegó a la conclusión de que ese misterioso pasajero era un hombre lobo o, más bien, un hombre perro.
El conductor paró el colectivo ¡No podía parar de reír!
-Jajajajajaja… ¿Pensás que vos me das miedo?- Le dijo el conductor al perrito.
-¡Qué divertido! Jajajajajaja, nunca había visto esto…- Dijo Carola.
-¡No se rían! Los comeré vivos- Dijo enojado el perro; por supuesto Carola y el conductor rieron aún más fuerte.
El perro se enojó tanto que no pudo  evitar soltar un gas, claro que los sujetos no pudieron aguantar la risa, por lo que también la soltaron.
-¡Déjense de reír! ¿Acaso no les doy miedo?-dijo el perro, muy estresado y enojado… Pero ellos se seguían riendo.
-Bueno, ¡Basta! ¡Basta! Por favor volvé a ser como eras antes, no puedo más de la risa- Dijo Carola muy tentada.
-¡No puedo! Hay luna llena y no puedo volver a mi forma- Dijo sollozando el perro
Luego de una larga media hora de risas y enojos una nube negra tapó esa hermosa luna llena y, así, el pequeño perro pudo volver a su forma humana.

Franco Lisa


“Frankeinstein”
Y ahí me encontraba yo frustrado, tras horas de haber estado probando materiales u objetos para completar mi mayor creación. Se trataba de algo nuevo, gigante, jamás hecho por el hombre…revivir a un muerto.
Estuve varios meses intentando encontrar ese algo que me faltaba para poder emplearlo como cerebro, pero nada parecía funcionar. Probé con carne picada y resultó que la bestia que estaba creando no hablaba, mugía; probé con un chip de un celular, pero éste no le dio la capacidad de hablar. Como decían que el cerebro de los monos es muy similar al de los humanos opté por utilizar uno. En el momento en que le di vida a mi creación, ésta rompió sus ataduras y se escapó por la ventana.
En cuestión de minutos llegó a la ciudad, podía verlo desde la ventana de mi torre. La ciudad  estaba nevada y él no tenia control de sus extremidades, era muy torpe y resbaló con un charco de agua. Al levantarse, por su falta de reflejos, casi lo atropelló un automóvil; pero él se levantó y siguió a paso atolondrado, esquivando al automóvil, y siguió su camino hacia el centro de la ciudad.
A pesar de los adelantos tecnológicos, y que estábamos en el siglo XXI, los habitantes del pueblo parecían haber quedo estancados en el siglo XVIII, por ello fueron a mi mansión con rastrillos y palos en llamas para amenazarme. Decidí tomar cartas en el asunto, estaba dispuesto a capturarlo y traerlo de regreso a casa. Intentée con sogas y trampas, pero nada parecía ser eficaz y tuve que sedarlo. Una vez dormido, lo llevé arrastrando a mi mansión ocultándolo donde nunca mas viera la luz…volvió a escapar…

Johnny Knoxville



Batman se encontraba desayunando junto a Robín en una de las estaciones de servicio de Ciudad Gótica. Mientras tanto,  el primero saludó a los súper villanos con los que había  estado lidiando tantos años de su carrera como el Pingüino, Dos Caras, Gatubela, Dr. Frio, Hiedra Venenosa, Bane, El Acertijo… entre otros.
En un momento Robín se levantó a pedir azúcar para su café, cuando entró el Guasón por la puerta de entrada de la estación, vio a Batman a la distancia y se acercó a saludarlo muy entusiasmado, estrecharon sus manos y se dieron un beso en la mejilla muy cálidamente. El Guasón se sentó en la silla que no había sido ocupada por ninguno de los dos.
-Hace mucho que no te veía por aquí, ¿Dónde te habías metido?- preguntó el Guasón entusiasmadamente.
- Sí, la verdad es que me voy a jubilar, ya llegó mi tiempo de dejar este trabajo tan arduo, pero entrenando a aquel chico, Robín – contestó Batman señalándolo.
- No te lo puedo creer, ¿y a donde irás?- dijo el Guasón
- Creo que iré a New York o Miami a relajarme un poco, igualmente vendré a visitarte como en los viejos tiempos, acordate que nunca terminamos el torneo de pool y metegol en tu casa.
-Por supuesto, vení cuando quieras, las puertas de mi casa estarán abiertas para tu visita.-. Llegó Robín a la mesa con el azúcar.
- Robin, él es el Guasón, un gran amigo con el que compartí muchas de las mejores aventuras de mi vida y Guasón él es Robín. –.
- Es un  placer poder conocerlo, Batman me ha contado infinidad de historias en las que están juntos. ¿Puedo hacerle una pregunta?, ¿Por qué si es un payaso nunca sonríe?–.
- Es una larga historia, pero, básicamente, desde que me escapé del circo de mis padres a los 25 años no he vuelto a sonreír frente a nadie.-
- Por eso mismo nos conocimos los dos. Yo trabajaba para la policía, era mi primer caso en Ciudad Gótica, cuando me llamaron para que encontrara a un payaso que se había escapado del circo de sus padres. Desde el momento en que lo vi asaltando ese banco en el centro de la cuidad supe que íbamos  ser muy buenos amigos.-
- Y acaso ¿se está recuperando de algún accidente?
- No ¿por?
- Jodeme, ¿en serio esa es tu cara? –.Ríen los tres juntos.
-Esa también es una gran historia que te puede contar Batman – contesta el Guasón como recordando algo con una gran sonrisa en su rostro.
-Igualmente, hoy mi cara debe de estar peor de lo normal, lo que pasa es que no tuve mucho tiempo de maquillarme, ni de pasarme el labial esta mañana. Ya me tengo que ir.- Se abrazó con Batman, se saludó con Robín y, antes de salir por la puerta por la que había entrado, le dijo a Batman.
-Acuérdate de venir a visitarme cuando puedas. –. Batman levantó la mano haciéndole un gesto amistoso de pulgar hacia arriba y le contesta:
-Lo haré, lo haré.

Carmela Paiola


Siglos antes, para ser más precisos en el siglo IX, en la ciudad de Sanit-Étienne, un científico loco vivía en su enorme castillo junto a su pony salvaje, de color violeta, y su perro chiguagua. El científico Esnel trabajaba en su mayor creación, que había hecho con mucho mérito y esfuerzo; pero se dio cuenta de que le faltaba un último detalle para terminarlo, un cerebro. Lo fue a comprar a la carnicería de Don Pancho.
Una vez que tuvo el cerebro en mano decidió colocárselo cuidadosamente. Era muy mohoso y se le resbala de las manos, se le cayó al piso y se le deslizó hacia la cocina. El científico bajó a buscarlo, lo lavó, lo perfumó un poco y lo colocó en la cabeza de su gran monstruo.
Una vez ya colocado, descargó energía eléctrica sobre su creación y así logró despertarlo.
         Cuando el engendro se levantó, no sabía ni hablar, ni escribir, por lo que Esnel lo tuvo que anotar en la escuela;  lo llamó Frankestein.
Frankestein iba a la mañana al colegio Sillas de Colores. Estaba muy feliz de ir porque haría amigos, pero se dio cuenta de que cada vez que jugaba con un niño siempre lo terminaba lastimando por la fuerza que tenía, como a los chicos les daba miedo dejaron de juntarse con él.
Por ello, Frankestein volvió llorando a su casa y le contó todo a Esnel. Él no tuvo más remedio que contarle por qué lo había creado y cuál era su función. Al enterarse de toda la verdad, Frankenstein, entendió que debía dejar el colegio y empezar con su trabajo. Al día siguiente fue a los lugares más extraños e insólitos de la ciudad. Ahí conoció a un joven chica, un poco maleducada y grosera. Fue ahí que entendió cómo era lo que debía hacer.
         Se acercó a ella y le habló:
-¿Cómo te llamas?- Le preguntó Frankestein curioso e impaciente.
-Qué te importa a vos como me llamo, hablás raro, no te lo quiero decir.
Al ver cuál era su reacción, el prototipo que le había insertado Esnel en el cerebro hizo un “clic” y reaccionó.
-¡De personas como vos me dijo mi papá que me cuide! ¡Personas como vos son las que tiene que ser castigadas!- La joven, asustada, le gritó su nombre desesperadamente, le dijo que se llamaba Edelina y que no le hiciera daño.
         Frankestein la tomó de la cintura, la cargó como si fuese un saco de papas y la llevo con Esnel. Cuando llegó todo ya estaba listo para comenzar, solo faltaba que Edelina y Frankestein llegaran y se pusieran en posición.
         Del susto que tenía Edelina no entendía nada, al ver a toda una muchedumbre sentada frente a ella, con verdura podrida, comenzó a imaginar lo que estaba sucediendo; y no estaba equivocada… ¡¡¡ERA LA ATRACCIÓN PRINCIPAL DEL PARQUE DE DIVERSIONES DEL PROFESOR ESNEL!!! Todo lo que siempre detestó, por lo que siempre peleaba con los pueblerinos, se había cumplido!
         Frankestein había cumplido con su propósito, buscar y encontrar a la persona más malvada de la ciudad y castigarla, en el caso de Edelina ponerla en la parte de payasos fracasados, a los que les arrojaban verdura podrida.
Esnel estaba orgulloso de Frankestein, nunca antes le había salido un experimento tan bien.

Agustina Castro


“Frankenstein”
Frankenstein era un científico malvado, se lo reconocía por una cicatriz que tenía en la frente y por su fealdad y monstruosidad. Un día iba caminando por las calles de Inglaterra, ya era de noche, y estaba volviendo a su casa.
Mientras caminaba, a lo lejos,  se vio la sombra de un joven  muchacho. El monstruo se escondió en el callejón a la espera de que pasara su víctima. El muchacho era un joven delgado, alto, vestía de traje y llevaba un maletín entre sus manos. Tal vez era algún abogado o, quizás, un comerciante.
El hombre pasó por el callejón, Frankenstein seguía escondido. Al ver que se acercaba, Frankenstein salió y pegó un grito para asustar al joven. Éste, un poco sorprendido, lo miró y, muy tranquilo, le respondió:
-Wow… ¿Hola?
El monstruo volvió a pegar otro grito, aun mayor, para lograr asustar al muchacho.
El muchacho, le dijo:
-Señor, ¿Se encuentra bien?
-No. ¡Qué raro! Se supone que te tenés que asustar. El hombre, muy seguro, le  respondió:
-Jajajajaajaj, ¿Por vos?  Para nada
- La mayoría de la gente huye de mí y se asusta.
-¿Por qué? ¿Lo decís por tu cicatriz y por tu fealdad?
-Sí
-No te preocupes, hay buenas cirugías. Mirá, tomá esta tarjeta, es un buen cirujano y te va a ayudar.- El joven le dio la tarjeta-. Disculpá, no dispongo de tiempo, debo irme. Hasta luego.
Se alejó del callejón y Frankenstein quedó muy sorprendido y decidió regresar a su casa.

Federico Zurita


Pepe Lotudo es un hombre común y corriente, alto, morocho, un poco torpe y de 26 años. Pero en las noches de luna llena, se metamorfosea en un lobo.
Una noche en la que estaba en su casa, tranquilo, leyendo el periódico en el baño y haciendo lo suyo, de repente pegó un grito feroz, aunque un poco femenino, y su cuerpo comenzó a transformarse. Le crecieron pelos por todo su cuerpo, garras y un hocico.
Salió desesperado de su casa, en busca de alimento. Empezó a correr rápidamente en cuatro patas, pero a las tres cuadras se cansó y tuvo que parar a descansar y a beber agua de un canal.
Luego de una larga caminata encontró a una persona que sería su presa. Se trataba nada más ni nada menos que de Coco Drilo, un hombre experto en artes marciales, pero Pepe no lo sabía.
Es por eso que “el hombre lobo” apareció en el hospital al día siguiente, lleno de moretones y con algunas fracturas.

Macarena Sola


“El Conde Drácula… ¡Pobre de él!”

El peligroso Conde Drácula se encontraba volando en su horrible forma de murciélago hacia Inglaterra. Su objetivo era uno solo. El despiadado Conde se dirigía hacia la amada de otra persona para robar su corazón. De una forma elegante, aterrizó sobre una casa bastante hogareña y tomó su forma más parecida a la de un humano. Acomodó su traje y su pelo. Con solo asomarse pudo ver dónde se encontraba su amada, Mina. Decidido, bajó en forma silenciosa, con un horrible plan en su mente.
-Buenas Noches Madame, mi nombre es Drácula-. Dijo a espaldas de la hermosa mujer.
-No…- murmuró Mina, con un aura tan peligrosa como la de un tigre
-¿No?...- preguntó Drácula un poco temeroso, ya que había captado aquella aura peligrosa.
-¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ME MOLESTES!!!!!!!!- gritó la mujer con una voz tan chillona que destruiría los oídos -¡¡¡¡¡PERVERTIIIIIDOOOOOOO!!!!- y comenzó a golpearlo hasta dejarlo en el suelo.
-Amada mía… te conquistaré, lo juro…- dijo el pobre Drácula mientras se encontraba en el suelo observando cómo se alejaba la peligrosa mujer.
La noche siguiente, aun estando algo adolorido, se había decidido a ir otra vez tras Mina. El Conde Drácula se acercó en silencio hacia el balcón de Mina. Allí se encontraba ella. Parecía triste y melancólica, seguro que porque hacía tiempo que no veía a Jonathan, su prometido. El presumido y creído Drácula pensó:
-Lo sé amada mía… nuestro amor es tan lejano que te produce tristeza… pero pronto acabará este tormento- 
Esperando el momento indicado para mostrarse ante ella, él notó una imagen muy peculiar en un periódico. Era un retrato de él y abajo decía: “Cuidado con el pervertido, si lo ven, no duden en avisar a la policía del pueblo”.
-¡Jaja! No solo soy famoso, si no que salí genial en este retrato- pensó
 Igualmente, esa noche no pudo acercarse totalmente a Mina, ya que las heridas producidas por aquella mujer, no lo dejaban casi ni moverse.
Esperó varios días escondido dentro de una cueva que se encontraba en un bosque cercano al pueblo. Las heridas le habían impedido salir, además de que aun no sabía qué plan podría utilizar para acercarse a ella.
Los murciélagos que se encontraban en la cueva lo habían ayudado a curarse, mientras que otros solo se reían de lo patético que se veía.
-Es obvio que mi presencia hace que se ponga nerviosa y por eso es tan agresiva. Pobre, es tímida- dijo él mientras esperaba la noche para salir.
-Yo creo que desciende de las amazonas- dijo un murciélago que estaba junto a él.
-¡Hoy es la noche! La tercera siempre es la vencida-. Siguió hablando sin escuchar a los demás murciélagos que lo rodeaban
-Yo creo que desciende de los búfalos- dijo otro murciélago –sii sii- afirmaron los otros murciélagos.
La noche ya había llegado. El plan de Drácula era ir directamente hacia ella.
Mina se encontraba durmiendo en su cama, con su cara angelical. Drácula entró por su balcón y se acercó a ella. Suavemente acarició su cara.
-Mi hermosa amada… por fin estaremos ju…- de repente, ella abrió los ojos y lo agarró del cuello.
-TU... PERVERTIDO-
La ira en los ojos de Mina era inexplicable. El pobre Drácula no pudo defenderse en ningún momento. La agresiva mujer había atado al Conde con una soga y llamado a la policía.
-Policía, hay un pervertido en mi casa, vengan a buscarlo… ¡ah! Pero no se apuren, ya lo tengo controlado jeje- dijo con una voz angelical y femenina.
Poco tiempo después, el gran y poderoso Conde Drácula se encontraba en la prisión.
-Quizás sí era un búfalo…- pensó y se transformó en murciélago para volver a su hogar y así poder descansar de una buena vez.