domingo, 26 de agosto de 2012

Paula Pereira


“LAS APARIENCIAS ENGAÑAN”

Cuenta la historia, relatada por todos nuestros padres, que el Hombre de la Bolsa era un hombre malvado que te secuestraba por las noches, a todos aquellos que se portaban mal y los desobedecieran. Yo conozco una historia parecida, pero en la que las cosas cambian…

El hombre de la bolsa no es un hombre “malvado”, él vaga por las calles, con su bolsa, revolviendo basura en busca de cosas que le sean útiles, cuando las consigue las dona a caridades y ayuda en hogares y comedoras comunitarios. Él encuentra chicos solos en las calles y los hospeda, no los secuestra, los salva. Las apariencias engañan, como dice la frase, él sólo busca ayudar a los demás.
Las versiones han cambiado, pero sólo porque el viejo hombre, a medida que transcurre el tiempo, se ha vuelto más torpe, se confunde niños con perros, recolecta perros y los trata como si fueran niños, como si fueran hijos, ¡Se ha enamorado de una caniche! Pero son cosas de la edad, el pobre anciano ya ni escucha, no distingue y planea formar una familia con un animal…

1 comentario:

  1. El hombre de la Bolsa era invocado por las madres y padres para que sus hijos tomaran la sopa, comieran todas las verduras, limpiaran su habitación y se sacaran buenas notas.
    La historia cuenta que en abril de 1919 una familia granjera de los Estados Unidos buscaba, por medio de un aviso en el diario, trabajadores. Un tal Ariel Heink respondió el mismo. Era un hombre de cabello y bigote gris, delgado, no muy alto, que arrastraba una pierna al caminar. Ah, llevaba además una bolsa.

    La familia lo invitó a su hogar, para que cenara con ellos y conociera a Gimena, una de las hijas del matrimonio, una nena de 9 años, de cabellos rubio y ojos celestes. Ariel se maravilló con Gimenita y le regaló un caramelo.
    Cuando terminaron de almorzar, Ariel dijo que debía ir a la casa de su hermana, porque su sobrino cumplía años (nueve, como Gimena) pero que volvería para el trabajo.Antes de salir, se dió vuelta y ofreció llevar a la pequeña Gime al cumpleaños.

    La madre dudó, pero Ariel le aseguró que la cuidaría y le dio la “dirección” de la casa de su hermana. El padre,contento, aceptó, ya que Gime no era muy sociable y la invitaban muy poco a jugar. “Deja ir a la pobre niña. No se divierte demasiado” citó.

    La madre le puso un abrigo, le dio un beso en la cabeza y la pequeña se fue de la mano de Heink.

    Nunca más la vieron.

    Culpan a Ariel de haberla secuestrado en su enorme bolsa y de habérsela comido.
    Yo conozco una historia parecida, pero en la que las cosas cambian…

    El hombre de la bolsa no es un hombre “malvado”, él vaga por las calles, con su bolsa, revolviendo basura en busca de cosas que le sean útiles, cuando las consigue las dona a caridades y ayuda en hogares y comedoras comunitarios. Él encuentra chicos solos en las calles y los hospeda, no los secuestra, los salva. Las apariencias engañan, como dice la frase, él sólo busca ayudar a los demás.
    Las versiones han cambiado, pero sólo porque el viejo hombre, a medida que transcurre el tiempo, se ha vuelto más torpe, se confunde la comida con perros y se alimenta de ellos. Pero nunca se alimentó de un niño, o así dice mi historia...

    Mis cambios fueron: agregarle una introducción para mostrar como era visto el Hombre de la Bolsa y cambiar el final acorde a la introducción.
    Paula Pereira

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