“EL
HOMBRE LOBO”
Estaba en medio de mi transformación
cuando comencé a olfatear a mi próxima presa. Su olor me hacía agua la boca y
los ojos se me dilataban. Empecé a correr, guiado por mis instintos, y me lancé
sobre el pobre animal.
-Pero inútil ¿Qué es lo que estás
haciendo?- Aulló un hombre lobo que yo conocía.
-Eh…lo siento hermano, creo que me he
equivocado.
-Mirá mi pata... ¡Andate de acá!
-¡Lo siento!- Gemí mientras me
alejaba a máxima velocidad.
Siempre creí que era diferente y lo
comprobaba cada vez de salía de caza; mi olfato no era el mejor de todos,
digamos que habían mejores rastreadores.
Luego de unos minutos, volví a mi
forma humana y me dirigí hacia la ciudad.
Normalmente, con la reputación de hombre
lobo, la gente temía o huía cuando caminabas cerca de ellos; pero conmigo eso
no funcionaba. Creo que era porque no los atacaba o, simplemente, porque solía
pasar papelones, como ese día…
No entendía qué les causaba tanta
risa; quien pasaba por mi lado contenía sus risas entre una ancha sonrisa,
hasta que me di cuenta de que no llevaba el pantalón puesto.
-Perdón, disculpe, con permiso…
Entre algunos choques y empujones
logré salir de la multitud y me dirigí al bosque; donde me había olvidado el
pantalón.
Lo busqué por todos lados pero no lo encontré,
por ello decidí volver a mi forma lobuna; todavía era domingo y tenía hasta las
12 pm para volver a mi forma humana y permanecer así hasta el próximo domingo.
Por única vez no tenía más opción que
confiar en mi olfato; mi fantástico olfato. Estuve rastreándolo por, al menos,
2 horas hasta que lo encontré, me lo puse y emprendí mi regreso a casa.
Cuando estaba próximo a abandonar el
bosque un lobo; el mismo que había mordido hacía apenas unas horas, se
interpuso en mi camino. Pensé en averiguar qué quería pero decidí correr y el
lobo, por supuesto, comenzó a perseguirme.
Corrí cuanto pude pero me alcanzó,
respiré profundamente preparado para sufrir y, de repente, me bajó los
pantalones.
-¿Qué es lo que estás haciendo?- Le
pregunté algo confundido.
-¡¿Qué es lo que vos estás haciendo
con mi pantalón?!
-¡Dios Santo! Me he equivocado de
nuevo, ha sido culpa de mi olfato, lo juro.
-Como digas, tomá, comete un
chupetín.
-¿Un chupetín?
-Sí, para que te entretengas, son las
12.05 pm y seguís siendo lobo; no podrás volver a tu forma humana hasta el
próximo domingo.
-¡¡Diablos!!
Los cambios, en general, son por el mal uso de la coma; debe "encerrar" una aclaración no anticiparla.
ResponderEliminarOtro de los errores, fue el uso de la tercera persona "tu" en vez de "vos".
Valentina García
Sofia Kroeck 3ro 1ra
ResponderEliminarEl cuento está muy bueno, me gustó mucho la forma en que se usó la parodia aunque yo hubiera hecho algunos cambios, por ejemplo algunos usos de comas o redacción. Es una historia entretenida y con humor. El título que yo sugeriría sería : “Un lobo medio torpe”
Que torpeza de mi parte aquel día, ¿Quién diría que existen los hombres lobos sin instinto de olfato? Como olvidarlo, cuando me abalance cual tigre cazando hiena sobre mi ex-novia loba. Demás está decir que fue una torpeza, pero se podía notar su furia al ver que yo la había derribado. Me había fallado mi olfato, estaba casi seguro que era alguna presa. Pobre Romina, se excusaba diciendo que no se había podido bañar en esos días pero obviamente no le creí.
ResponderEliminarMi fama ya estaba hecha, cualquier persona que me miraba se reía de mí, me burlaba y hasta a veces me tendían trampas. Los lobos siempre me dejaban a un lado por no ser tan buen rastreador y las personas al mismo tiempo también me dejaban de lado, por no ser un humano si así queremos decirlo. Es por esta razón que aquel día no note diferencia, recorrí todo el centro, la mitad de la ciudad y la gente se me reía como de costumbre. Todo parecía normal hasta que note que no llevaba pantalones. ¡Dios santo que vergüenza pase! Por suerte me cruce con Miguel, uno de los pocos amigos de la familia, y me llevó hasta el bosque de regreso.
Sabía que no debía confiar en mi olfato, asique le rogué a Miguel que me ayudara a rastrear mi pantalón pero me dijo que tenía un asunto más importante que resolver. Estuve horas y horas buscando mi pantalón, se hacía de noche y la luz me apresuraba. Miré hacia arriba de un árbol y lo vi, era mi pantalón pero ¿cómo había llegado hasta allí? No tenía tiempo para analizarlo asique lo tome y me fui.
En mi recorrido a casa me cruce con Romina, “qué suerte la mía” pensé. Trate de evadirla tomando otro camino pero ésta me empezó a correr hasta alcanzarme. Me arrojo al suelo y me quitó los pantalones.
-¿Qué haces Romina? Le pregunte medio nervioso.
-¿Vos que haces nene? Tenés mis pantalones puestos. Ves que siempre fuiste igual, nunca cambias. ¿Ahora te das cuenta porque te deje?
-Bueno Romina perdóname sabes que no tengo muy buen olfato…
-No me importa, ándate de acá ya no te quiero ni ver. Ojala quedes así para siempre.
-¿Así? ¿Así cómo?
-Así lobo nene ya pasaron las 12 y no te transformaste, vas a pasar toda la semana como lobo ¡Nos vemos suerte con eso!
-¡¡Diablos!!