jueves, 9 de agosto de 2012

Tinelli.



“El libro misterioso”
Una vez que terminé mis resúmenes, fui  a ver que mi hermanita esté bien y que mi hermano, quién se encontraba con un amigo, hubiera finalizado sus deberes. Accedí al hall y encontré mi libro de Historia en el suelo, mojado y doblado. Mi paciencia comenzó a agotarse a una velocidad de 10 km/s. Antes de morir de un ataque nervioso corrí para la pieza de mi mamá y desesperadamente comencé a gritar:
-          ¡¡¡¡¡Mamá!!!!! M-mi mi libro d-de historia est-t-ta tirado y estoy se-segura que fu-fue a alguno de mis hermanos.
Ella me rogó que me calmara y enseguida me sentó en la cama y me pidió que me quedara allí. Fue hacia el hall y se agachó para observar el libro de cerca. Luego de mirar detenidamente notó que estaba mojado con leche y enseguida recordó que a  Martina, la hija menor, no sólo no le gustaba la leche sola, sino que le repugnaba verla. No pudo haber sido ella. Caminó hasta el cuarto de Damián y, al entrar, notó que su amigo Raúl no estaba. Le preguntó por él, pero mi hermano no le prestó atención, entonces mamá repitió lo dicho y el respondió:
-          Creo que está en el baño, no estoy seguro. Salió a la cocina a buscar leche.
Mamá salió enseguida a buscar refuerzos, y llamó a papá para que la ayudara. Él se encargó de juntar el libro, limpiarlo un poco y ponerlo a secar con las hojas medianamente derechas. Buscaron a Raúl por todos lados, hasta que lo encontraron en el baño. A todo esto, yo intentaba tranquilizarme en la cama de mis padres.
-          ¡Raúl! ¿Vos sos consciente de lo que hiciste? Espero que no haya sido apropósito, porque de ser así voy a tener que hablar con tu mamá. Gritó mi madre.
Muy asustado, el pequeño niño comenzó a llorar y volvió a entrar en el baño.
-          ¡Yo no hice nada! No sé ni de qué hablan. Pensé que ustedes estaban de acuerdo con que abriera la heladera por un poco de leche ¡Damián me dio permiso! Dijo Raúl.
Mamá se preguntaba si quizás no había sido él, sino Damián el culpable. Entonces decidió hacerles preguntas. Ella fue al cuarto de Damián para interrogarlo a él, y papá se encargó de Raúl, quién se negaba a salir del baño. Les hicieron preguntas en vano, porque no encontraban pruebas de que podrían ser ellos los culpables del incidente. Mientras tanto comencé a aburrirme, ya tranquila, decidí buscar a mi hermanita. No estaba en su pieza, ni en el salón de juegos, ni en la cocina. Y fue entonces cuando comencé a preocuparme… Martina amaba entrar a la oficina de papá, pero no llegaba al picaporte para poder entrar. Una vez que mamá y papá terminaron de interrogar a los chicos, les hablé de la pérdida de Martina. Estaban tan obsesionados buscando al culpable que no me escucharon siquiera. Ahora eran ellos quienes le daban tanta importancia a mi libro. Seguí buscando a mi hermana por todos lados. Busqué hasta en la planta alta, por más que ella no pudiera subir allí porque no la dejábamos por seguridad.
Encontré a Martina metida en el armario de papá con el perro. La alcé a upa y bajé las escaleras. Sorprendida por haberla encontrado arriba le comenté a mis papás, quienes creían haber resuelto el problema. Al habernos juntado todos se aclararon las cosas.
El perro tenía leche en el hocico, pero él no pudo haber ido a buscarla a la heladera. Martina no pudo haber sido porque le repugna la leche sola y nunca quiere estar cerca de ella. Raúl dijo que no había pasado por el hall con leche y Damián aseguraba no haber salido de la pieza. Como todos sabemos, Raúl es un niño despistado y olvidó la caja de leche sobre la mesada luego de haber tomado. Mientras Martina jugaba, encontró mi libro de historia y comenzó a jugar con él, doblando sus hojas. El perro se trepó a la mesada y tomó la caja de leche con su boca y fue corriendo hasta el hall. Cuando vio a Martina jugando con el libro sintió la tentación de jugar y soltó la caja de leche, la cual cayó sobre el libro mojándolo todo. Martina huyó ya que odia la leche y subió temiendo tener que limpiarla. El perro la siguió y se escondieron juntos dentro del placar. De ésta manera, resolví mi caso casi sin la ayuda de papá y mamá que suelen correr tras el culpable fácil, aunque todavía tengo mi libro de historia pegoteado y sucio. 

1 comentario:

  1. Párrafo 1:
    Oración 1:
    -Corregiste "haya" y pusiste "hubiera" porque tuve un error con de concordancia.

    Párrafo 3:
    Oración 5:
    -Agregaste una coma ya que, de lo contrario, la oración no tenía sentido.

    Párrafo 12:
    Oración 3:
    -Corregiste "dice no haber" por "dijo que no había" ya que había un error de tiempos verbales.

    -Corregiste "asegura" por "aseguraba" ya que había un error de tiempos verbales.

    Oración 8:
    -Corregiste "subió arriba" por "subió" ya que había un error de redundancia.

    Oración 10:
    -Agregaste el adjetivo "sucio" para darle un final menos cortado a la historia.

    Tinelli.

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