jueves, 9 de agosto de 2012

Tatiana Jorquera


                                                                               
“Quién ama sus perros”

La noche le dejaba lugar a la claridad, el sol empezaba a salir y los pájaros comenzaban a cantar. Andrés tenía un trabajo común para estos tiempos, en los tiempos anteriores no era fácil ni común encontrar un paseador de perros.
Todos los días, a las 8 de la mañana, comenzaba su recorrido yendo casa por casa, tal como lo haría un trasporte escolar, a buscar a sus perros. En total paseaba siete perros, su recorrido consistía en buscar a todos los perros en sus casas y luego, con todos estos, iba a una plaza cercana donde los podía soltar. Así sus perros podían estar un rato al aire libre, sin estar atados. Luego de diez minutos los juntaba todos de vuelta y volvían  cada uno a su casa hasta la mañana siguiente.
Andrés amaba su trabajo más que nada. Le encantaban los animales, preferentemente los perros, y pasearlos también ayudaba a su estado físico. Por la tarde también trabajaba, para mejorar su economía, en el negocio a la vuelta de su casa.
Uno de esos tantos días en que sacaba a pasear a sus perros ocurrió algo anormal. Al soltarlos a todos no sucedió nada, el problema fue cuando los quiso volver a juntar, no podía encontrar a uno de ellos. Sintió las miradas de gente que notaba que había perdido a su perro. Era Bobi, un lindo pero feroz bóxer. Media hora pasó buscándolo.
Notó algo especial en un hombre que lo miraba, lo miraba y no podía parar de mirarlo. En el fondo,  Andrés  sabía que un hombre lo miraba hacia rato, tenía algo que ver con la desaparición de Bobi. Era imposible que se pudiera escapar de ahí por sus propios medios  sin ser visto por Andrés.
Luego le llegó otra preocupación a la mente, qué le iba a decir a sus dueños,  ¿Que se lo robaron? No le iban a creer. Le iban a echar la culpa de todo, no iba a recibir todas las pagas que le debían y además le iban a quitar a los otros perros. No los iba a poder pasear ni ver nunca más. Ni a ningún otro perro, porque cuando llenara su curriculum vitae los referentes para llamar, para que los dueños le dijeran que era un buen cuidador, le iban a decir que era un mal cuidador y que había perdido uno de los perros y, por ello,  nadie iba a querer contratarlo y su trabajo, que tanto amaba, iba a quedar en la nada.
Optó por llamar a la policía para comunicarles de que había perdido un perro, sin esperar otra solución más que el hecho que le dijeran que lo iban a buscar y pegar carteles por la calle. Luego le tocó la peor parte, avisarle a los dueños del perro desaparecido y después a los dueños de los otros perros. Por supuesto que todos los dueños lo dejaron sin trabajo, sin poder cuidar a sus preciados perros.
Y así termino por el resto de su vida, sin poder pasear a ningún otro perro más. Aunque no perdió la costumbre de despertarse todos los días a las 8 de la mañana y caminar hasta la placita. Nunca pudo superar la pérdida de sus perros favoritos.

1 comentario:

  1. Todos los dias, a las ocho de la mañana,- uso incorrecto de comas
    , tal como lo haría un trasporte escolar,- uso incorrecto de comas
    Recorrido- concordancia
    Optó - acento ortográfico
    que el hecho que le dijeran que lo iban a buscar - redundancia
    Tatiana Jorquera

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