domingo, 26 de agosto de 2012

Julia Giménez


“El joven Frankenstain”
Una noche de tormenta, en un pequeño pueblo de Rumania, nació Frankenstain, un gran monstruo verde, con su cara llena de cicatrices y, por encima de sus orejas, dos grandes tornillos que parecían gigantescas antenas.
Cuando Frankenstain comenzó a caminar tuvo varios problemas con el equilibrio, ya que sus gigantescos tornillos provocaban que su cabeza se moviera de lado a lado por su gran peso y al ser tan grandes no podía pasar de frente por las puertas. Por las noches, se sacaba los tornillos para ajustar la cama, ya que debido al peso que tenía estaba toda desvencijada.
Una mañana olvidó colocarse los tornillos y, al levantarse, se dio cuenta de que caminaba sin tambalearse y que podía pasar por las puertas normalmente, pero a la vez sintió que una fría brisa atravesaba  sus agujeros y congelaba su cerebro, por lo que tenía que encontrar algo que los tapara para no congelarse.
Así fue que decidió ir a una ferretería y cambiar sus antiguos tonillos por unos nuevos más chicos. Sus problemas terminaron.

2 comentarios:

  1. Me gustó mucho el relato aunque un poco corto.

    Una noche de tormenta, en un pequeño pueblo de Rumania, nació Frankenstain, un gran monstruo verde, con su cara llena de cicatrices y, por encima de sus orejas, dos grandes tornillos que parecían gigantescas antenas.
    Cuando Frankenstain comenzó a caminar tuvo varios problemas con el equilibrio, ya que sus gigantescos tornillos provocaban que su cabeza se moviera de lado a lado por su gran peso y al ser tan grandes no podía pasar de frente por las puertas. Sus padres le habían fabricado un par de puertas con espacio extra para sus tornillos, aunque en la escuela y en el resto de los sitios todos se burlaban de él por pasar de costado. Por las noches, se sacaba los tornillos para ajustar la cama, ya que debido al peso que tenía estaba toda desvencijada.
    Una mañana olvidó colocarse los tornillos y, al levantarse, se dio cuenta de que caminaba sin tambalearse y que podía pasar por las puertas normalmente, pero a la vez sintió que una fría brisa atravesaba sus agujeros creando un sonido como el silbido del viento, al parecer creaba música al pasar viento por sus agujeros. A todos impresionaba tan bella música pero cada vez que pasaba más tiempo sin nada que cubriese esos enorme agujeros, su cerebro se cubría de suciedad y frío, por lo que tenía que encontrar algo que los tapara para no congelarse.
    Así fue que decidió ir a una ferretería y cambiar sus antiguos tonillos por unos nuevos más chicos. Las demás personas se vieron decepcionadas por no seguir escuchando tan bella melodía, por lo que exiliaron al pequeño Frankenstain de la ciudad, a otro lado donde a alguien le agrade sus pequeños tornillos.
    Victoria Gómez Viñao

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  2. Mi nota es: malo. La primera vez que lo leí me pareció gracioso pero ya a la segunda no me reí para nada. Creo q es un cuanto que solo haría reír a niños y no adolescentes de mi edad. Realizaría cambios en la forma de escribir y buscaría otra forma para que el cuento sea mas divertido, agregaría mas situaciones vergonzosas y otro personaje con el cual pueda tener una conversación chistosa. Julia Gimenez

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