domingo, 26 de agosto de 2012

Carmela Paiola


Siglos antes, para ser más precisos en el siglo IX, en la ciudad de Sanit-Étienne, un científico loco vivía en su enorme castillo junto a su pony salvaje, de color violeta, y su perro chiguagua. El científico Esnel trabajaba en su mayor creación, que había hecho con mucho mérito y esfuerzo; pero se dio cuenta de que le faltaba un último detalle para terminarlo, un cerebro. Lo fue a comprar a la carnicería de Don Pancho.
Una vez que tuvo el cerebro en mano decidió colocárselo cuidadosamente. Era muy mohoso y se le resbala de las manos, se le cayó al piso y se le deslizó hacia la cocina. El científico bajó a buscarlo, lo lavó, lo perfumó un poco y lo colocó en la cabeza de su gran monstruo.
Una vez ya colocado, descargó energía eléctrica sobre su creación y así logró despertarlo.
         Cuando el engendro se levantó, no sabía ni hablar, ni escribir, por lo que Esnel lo tuvo que anotar en la escuela;  lo llamó Frankestein.
Frankestein iba a la mañana al colegio Sillas de Colores. Estaba muy feliz de ir porque haría amigos, pero se dio cuenta de que cada vez que jugaba con un niño siempre lo terminaba lastimando por la fuerza que tenía, como a los chicos les daba miedo dejaron de juntarse con él.
Por ello, Frankestein volvió llorando a su casa y le contó todo a Esnel. Él no tuvo más remedio que contarle por qué lo había creado y cuál era su función. Al enterarse de toda la verdad, Frankenstein, entendió que debía dejar el colegio y empezar con su trabajo. Al día siguiente fue a los lugares más extraños e insólitos de la ciudad. Ahí conoció a un joven chica, un poco maleducada y grosera. Fue ahí que entendió cómo era lo que debía hacer.
         Se acercó a ella y le habló:
-¿Cómo te llamas?- Le preguntó Frankestein curioso e impaciente.
-Qué te importa a vos como me llamo, hablás raro, no te lo quiero decir.
Al ver cuál era su reacción, el prototipo que le había insertado Esnel en el cerebro hizo un “clic” y reaccionó.
-¡De personas como vos me dijo mi papá que me cuide! ¡Personas como vos son las que tiene que ser castigadas!- La joven, asustada, le gritó su nombre desesperadamente, le dijo que se llamaba Edelina y que no le hiciera daño.
         Frankestein la tomó de la cintura, la cargó como si fuese un saco de papas y la llevo con Esnel. Cuando llegó todo ya estaba listo para comenzar, solo faltaba que Edelina y Frankestein llegaran y se pusieran en posición.
         Del susto que tenía Edelina no entendía nada, al ver a toda una muchedumbre sentada frente a ella, con verdura podrida, comenzó a imaginar lo que estaba sucediendo; y no estaba equivocada… ¡¡¡ERA LA ATRACCIÓN PRINCIPAL DEL PARQUE DE DIVERSIONES DEL PROFESOR ESNEL!!! Todo lo que siempre detestó, por lo que siempre peleaba con los pueblerinos, se había cumplido!
         Frankestein había cumplido con su propósito, buscar y encontrar a la persona más malvada de la ciudad y castigarla, en el caso de Edelina ponerla en la parte de payasos fracasados, a los que les arrojaban verdura podrida.
Esnel estaba orgulloso de Frankestein, nunca antes le había salido un experimento tan bien.

1 comentario:

  1. 4to parrafo: uso excesivo de la Y.
    6to parrafo: mal uso del lenguaje.
    10mo:uso excesivo de la palabra chica.

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