martes, 26 de junio de 2012


Sofía Kroeck
No logro dejar ese recuerdo atrás, su mirada inculpándose tratando de evitar ser responsable de sus delitos. ¿Cómo él, mi hijo, pudo mandar a su propia madre a un lugar como este, tan solitario y deprimente? No tengo nada más con qué distraerme más que estas paredes forradas en papel blanco y tratar de zafarme de este chaleco, que tantas cosas me impide.
Era una tarde de Otoño, aquel 21 de Abril. Había notado una actitud extraña en Benjamín. Él no quería asistir a mi fiesta y era muy persistente en eso, Recuerdo que trataba de explicarme el motivo, pero yo no hacía oídos sordos a esto. Entre todos los preparativos ya había comenzado a enloquecerme, y Benjamín hacía esto peor. Quería que esa fiesta ocurriera, ojalá las cosas hubieras resultado diferentes y hubiera dado ese sarao, jamás pensé terminar en este espantoso lugar, hubiera preferido saltar desde las cataratas.
El alcalde ya había arribado, junto a su bastón y sus cuatro soldados. Yo me sentía feliz, al fin empezaban a llegar mis invitados. Previamente había encerrado a Benjamín en su cuarto, lo tenía bien merecido ya que me había faltado bastante el respeto. Quité la silla que trababa la puerta y dejé al alcalde entrar. De repente mi cabeza comenzó a llenarse de gritos y agresiones. El alcalde y sus soldados venían a llevarse a mi hijo y no lograba entender  por qué.
Enloquecí, comencé a herirme, la sangre corría por mi rostro, mis uñas llenas de pedazos de piel y mechones de mi pelo caían al suelo. Mi hijo comenzó a gritar, no logré comprender sus palabras del todo. Solo sé que él se encuentra ahora en una cárcel lejana de aquí y yo me encuentro en el Manicomio Psiquiátrico de Mendoza, sola con mi mente y aquellos recuerdos. 

1 comentario:

  1. Jajaja, muy bueno Sofi!! Hiciste una nueva versión de cero, me gustó mucho
    Nota: Muy Bien
    Título: El día donde todo empezó, o todo terminó
    Paula Pereira 3ero 1era

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