Se acercaba mi gran noche, hacía mucho tiempo que no
me sentía así de nerviosa. No podía perder más tiempo! Dos segundos después me
paré rápidamente y de un salto salí de la cama, me puse el mejor de mis
vestidos y comencé a mover todas las masetas acomodándolas para que se vieran
de la mejor manera posible para esta noche. – Dale mulata, dale, tenemos que
acomodar todo muy rápido, corre!-Recuerdo que le dije. Una hora después vi a
Benjamín, me dio una inmensa alegría verlo después de tanto tiempo, estaba
segura de que se había olvidado de mi gran noche, de mi cumpleaños. –Vete a
vestir-le dije. -Ponte la chupa morada, pronto estará el gobernador aquí-. No
perdí más tiempo y me fui a cambiar de vestido.
Este tenía muchas plumas, en distintos tonos de rojos, importadas de
Francia.
-Aquí- Le ordene a la mulata, la pobre criada ya
casi no escuchaba.
-Madre, no podré estar es tu fiesta. Tengo que
partir en seguida para el Norte. Lo miré con cara de desilusión, y él volvió a
dirigirme la palabra. –Madre, tiene ustedes que comprenderme, debo irme ahora
sin perder más tiempo. – No puedes irte hoy Benjamín! No te vayas hijo!- Le
grite, me salió, sinceramente, del alma.
-Me voy madre, me voy-
En ese momento comprendí que Benjamín pensaba que la
gente no iba a acudir a mi fiesta, siempre fui una mijer muy inteligente, pero
el pobre estaba loco.
Hice lo que cualquier madre haría intenté agarrarlo,
logré encerrarlo y le murmuré a la mulata que Benjamín no se iría.
Faltando tan poco tiempo para la fiesta me puse a
regar mis tiestos olorosos, sacudí la alfombra mientras pensaba en una solución
para mi pobre hijo loco.
- Madre, madre, que nadie vendrá, que no habrá
fiesta, no nada! En eso le volví a preguntar, intentando confundirlo -¿Nadie
acudirá a la fiesta, a su fiesta? Y como lo suponía, Benjamín se había
confundido.
-Lo vi, lo vi al alcalde- Me dije a mi misma, Esta
trayendo un bello bastón en la mano izquierda.
En eso sonreí y lo miré a Benjamín demostrándole mi
derrota, abrí la puerta luego de haber movido el sillón con ayuda de la mulata,
y no había nadie, absolutamente nadie.. En ese momento dejé salir mi nudo de la
garganta y grité con toda mi fuerza.
Federico Zurita: Muy bien, tu relato es muy bueno, con bastantes diálogos lo que lo hace más entretenido.
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