El tiempo corrió, todo se volvió más difícil
de organizar. De acá para allá, de arriba abajo, transpirando como una loca,
para crear un ambiente satisfactorio a nuestros ilustres invitados.
-Aquí, aquí lo quiero- le exclamé a la
mulata donde tienen que ir los faroles con vela de sebo para que el patio quede
espléndidamente iluminado.
Benjamín, mi hijo un poco perdido, llegó
con una cara de preocupación más pálida que un fantasma. Poniendo toda mi
energía positiva me acerco a pedirle que se vista para mi importante reunión.
-Madre, ahora mismo tengo la obligación de
irme hacia el Norte.
-¿Cómo que te tienes que ir hacia el Norte
justo en este preciso instante en el que pueden llegar todos los invitados? ¡No
te puedes ir!-exclamé con gran furia.
-Es un asunto muy delicado, no puedo
quedarme un minuto más, me tenderé que marchar en este preciso momento.-dijo Benjamín
serio y con gran angustia.
Empecé a desesperarme sabiendo que en
cualquier momento podrían llegar el alcalde u otros invitados de gran importancia.
En esa desesperación me vi obligada a encerrar a mi propio hijo con ayuda de la
mulata. Desde adentro de la habitación en la que él estaba, se escuchaba que
gritaba amenazándome con que nadie iba a asistir a mi fiesta de gala. La verdad
es que no sé con esa actitud lo que quería decir, lo cierto es que le pedí a la
mulata que cantara mientras poníamos un sillón en la puerta de la habitación en
la que estaba mi hijo, para así tapar el acceso a ella y aliviar la tensión que
se presentaba en la sala.
De pronto aparece el primer invitado. Por
mi parte no podía estar más feliz de demostrarle a mi hijo que sí había llegado
un invitado, es más, que había llegado
el alcalde de segundo voto, que traía con él cuatro soldados del Fuerte escoltándolo.
Con mi frenética risa y mi dulce sentido del humor logré que el alcalde me
acompañara a ver a Benjamín, por supuesto siempre con sus cuatro soldados
rodeándolo. Entonces le pedí a la esclava que me ayudara a correr el sillón
para que el alcalde viera a Benjamín. En el momento que abrí la puerta ví el
cambio de cara más rápido de mi vida, Benjamín apareció muy molesto y luego se
quedó pálido al momento en que vio con quien yo estaba acompañada. El alcalde, sin
pensarlo dos veces, exigió el encarcelamiento de mi hijo, sus soldados
respondieron a su pedido y vi como se llevaban a Benjamín. Supongo que ese
muchacho tiene varias cosas que confesarme, en ese sentido salió a mí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario