martes, 26 de junio de 2012

Franco Pereira

Todo empezó con el día de mi fiesta yo estaba muy inquieta moviendo cosas de acá para allá, ansiosa porque llegarán los invitados. Cuando repentinamente lo vi a benjamín que se había olvidado, agarrandose la frente, así que lo mandé rápido a cambiarse y el muy maleducado me dijo:
-Pareces un ave extraña que camina entre las velas a saltitos.
Porque tenía unas plumas rojas en mi cabello y cuando me terminó de decir, me comunicó que se tenía que ir. Le grité con todo:
-¡No te puedes ir! ¡No te vayas!
Me puse muy nerviosa y cuando entró a su aposento lo encerré, le trabé la puerta y él me gritaba que no iba a haber fiesta, que nadie iría, pero enseguida llegaron el alcalde de segundo voto y cuatro soldados de frente, con la ayuda de mi mulata le quitamos el sillón con el cual habíamos trabado la puerta para que saludara a mi invitado.
Cuando destrabe la puerta vi que la ventana estaba abierta, busque a mi hijo por todos lados pero no lo encontré por lo que salí corriendo a contarle al alcalde, que me respondió:
-¡Maldición! Muchachos vayan a buscarlo.
Me di cuenta de que mi hijo era contrabandista de negros y que yo misma lo había condenado.
A las tres horas vino el alcalde, me comunicó que lo habían encontrado pero que lo habían sentenciado de por vida. Me puse a llorar y luego de 6 años, no me lo perdona, encima que voy todos los días a verlo.

1 comentario:

  1. muy bien. Me gusto el cuento le hubiera cambiado la parte en la que dice encima que voy todo los días a verlo pero lo otro esta muy bien.

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