martes, 26 de junio de 2012

Ignacio Lavedán


Todo esto empezó cuando mi hijo legó de su viaje. En esos momentos yo tenia pensado hacer una fiesta en la que hasta las ratas bailaran. De repente apareció Benjamín para decirme que no iba a venir nadie a mi fiesta. Ya sabia que era una burla a mi intelecto superior, así que desactivé mi cabeza y la puse en modo de espera.
Y cuando me dijo que se quería ir, yo reaccione como lengua de lagarto al ver una mosca, y lo encerré en una habitación para que no se escapara. Después de un rato vino el alcalde a mi fiesta y parecía que quería bailar con Benjamín. Se lo llevo con unas esposas en sus muñecas y no lo volví a ver. Sólo recibía cartas de él diciendo que estaba en la cárcel, siempre fue muy cómico. Espero que me invite alguna vez a su nueva casa.

2 comentarios:

  1. Jaja me gusto. Muy bien :p. Me sentí identificada con eso de que desactivo su cabeza, aunque MI intelecto no es superior jaja.

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  2. titulo: La mejor fiesta realmente nunca festejada

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