martes, 26 de junio de 2012

Urdiales

Todo empezó aquel día en los preparativos para mi fiesta de cumpleaños. Benjamín estaba paseando por el patio cuando decidió desaparecer rumbo a Santa Fe porque sino vendrán a arrestarlo por contrabando de mercancía.
Al dia siguiente, me acerqué a él rápidamente para decirle que se fuera a vestir y que se pusiera la chaqueta morada. Sin detenerme volví a mi tarea. Al rato, mi hijo me dijo que no podrá estar en mi fiesta porque tenía que partir al norte. Yo pensé que mi hijo estaba bromeando. Pero finalmente me dijo: “tiene que comprenderme madre, debo irme ahora sin perder un segundo”. Me besó angustiado, me abrazó y le grite:
- ¡No te puedes ir hoy Benjamín, eres mi hijo! Es un dia especial para mí, vendrá el gobernador.
- Me voy madre, me voy.
Él se fue a su aposento y arrojó las alfombras sobre la cama. La mulata se quedó junto a mí enloquecida; Benjamín volvió al patio, nos empujó hacia la puerta y quedé balanceándome en el medio del patio. Murmuré: “no se irá”.
Benjamín estaba furioso, arremetió las hojas pero los duros cuarterones resistían. Me dijo:
- Madre, déjeme salir que vendrán a buscarme para arrestarme.
No lo escuché.
- Madre, que no vendrá nadie, no habrá tal fiesta.
Llegó el alcalde y trajo el bastón en la diestra y lo escoltaban cuatro soldados.
Benjamín ya se había ido, y cuando llegó al norte me comentó que era contrabandista y por ese motivo se tuvo que ir. Volvió a casa y se entregó a la policía porque no resistía la presión, entonces quedó cuatro meses en la cárcel y se suicidó allí.

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