Yo
discutía con los jazmines, como de costumbre. Ellas me decían que me pusiera
los zapatos negros y yo sostenía que los rojos eras mejores para la ocasión. De
repente oí ruidos raros, no estaba segura de dónde venían pero lo que sí sentía
era que alguien se acercaba o algo se movía. Entonces miré por una de las
ventanas para saber qué era eso que oía, y me di cuenta de que era Benjamín.
Había
pasado una hora desde que lo esperaba, mientras tanto colgué los faroles de vela,
moví las mesetas de mis queridos geranios, avivé los pabilos y muchísimas cosas
más. Toda la tarde trabajando, decorando el patio con la mulata, todo tenía que
salir perfecto para la fiesta de esa noche. Por suerte mi hijo pudo repartir
las tarjetas que me había pasado más de diez días escribiendo. El obispo Fray
Pedro, las señoras del Cabildo, los vecinos de Fuste, todos estaban invitados.
Seguramente de alguien me había olvidado de invitar, pero tarde o temprano se
enteraría. En este pueblo todo es así…
Entonces,
por fin, apareció Benja aplastando todos mis jazmines, pero lo noté preocupado,
seguro que no quería llegar tarde a mi fiesta. ¡Siempre tan atento mi hijito!
- Vete
a vestir - fue lo primero que le dije cuando lo vi – ponte la chupa morada. Pronto
estará aquí el Gobernador –
Y
fui rápido a acomodar unas sillas, tenía miedo de que se me salieran las plumas
rojas del pelo e hice todo con cuidado. No iba
arruinar mi peinado, me había llevado todo el día hacerlo.
-
Madre no podré estar en la fiesta. Tengo que partir enseguida para el norte –
me dijo.
Lo
primero que pensé fue cómo se iba a ir para el norte el día de mi fiesta. ¡Cómo
bromeaba mi hijo Dios mío! Por suerte, los jilgueros me comprendían y reían
conmigo de aquella loca situación.
- Madre
tiene usted que comprenderme, debo irme ahora sin darme un segundo – me dijo al
notar que no respondía.
Inmediatamente
comencé a seguirlo y lo rodeamos con la mulata, Benjamín me empujó hacia la
puerta pero yo presentía que no se iría y junto a la mulata empujamos el sillón
hacia la puerta, para prevenirnos.
Enseguida
me puse a regar, me quería descargar con los jerandios para tranquilizarme un
poco. De ninguna manera, los invitados me podían ver en este estado. Fue ahí cuando
vi al alcalde de segundo voto junto a cuatro soldados del fuerte.¡Que feliz
estaba! ¡Acaba de llegar el primer invitado!
Quité
rápidamente el sillón, para que Benja reciba al huésped. Entró el Gobernador y
fui a saludarlo y luego a buscar la enorme cantidad de comida que había
preparado toda la tarde y entonces, así, mi hijo y el Gobernador podrían hablar
solos.
Me
demoré un rato en buscar la comida, pues me entretuve charlando con la
Mona Lisa que todos los días, desde la
pared azul marino del pasillo, me aconsejaba. Pero al volver de la cocina, noté
algo muy raro: ni el alcalde ni mi hijo estaban en el patio…
Sería,
tal vez, que no les agradaba tanta luz en el patio. O quizás las metidas de mis
flores los habían incomodado.
La
verdad no estaba segura por qué se habían ido, pero de lo que si estaba segura
era de que en muy poco tiempo regresarían… yo sabía que ellos no querrían
perderse de mi fiesta y menos de la espectacular torta.
Exelente cuento. Me gusto mucho como explicaste a la loca en el cuento.
ResponderEliminarFranco lisa
Bien, el titulo que le pondria seria "El fugitivo" no me gusto tanto el final pero el desarrollo del cuento me gusto
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