Caminaba de aquí hacia allá
con mis masetas de geranios, organizando todo para la fiesta que había planeado
hace tanto tiempo. Mi mulata había corrido los muebles y obedecido todas mis
órdenes, deseaba que todo saliera perfecto ya que Benjamín vendría a mi fiesta
de cumpleaños y quería que se sintiera orgulloso de mí. Desde hacía 10 años
días que venia repartiendo las invitaciones, lo único que faltaba ese día eran
los invitados, y Benjamín, por supuesto.
_He invitado a todos no
falta ni uno solo-dije
De pronto llegó Benjamín
por la puerta de entrada y recuerdo haberle dicho – Vete a poner la chupa morada.
Pronto llegara el gobernador – y regresé a los arreglos.
Ya me había puesto mis
plumas pintorescas; mientras que le indicaba a mi esclava los últimos detalles
que él debía hacer.
Inesperadamente Benjamín
me había dio:
-Madre, no podré estar en
la fiesta debo partir enseguida para el norte; Madre tiene usted que comprenderme,
debo irme ahora sin perder un segundo.
Noté que Benjamín tenía
un gran apuro por irse y abandonar la casa y yo no podría permitir ya que
todavía no había llegado nadie y no podría enterarse de que mi fiesta había
sido un éxito; por lo que procedí a agarrarlo y encerrarlo en una habitación
con la ayuda de mi esclava, atascando la puerta con un sillón viejo.
A los pocos minutos llegó
a la casa el Alcalde; estaba asombrada frente a su presencia, entonces me puse
a hablar del primer tema que se me vino a la cabeza con él.
Sin embargo no se notaba
muy interesado en la conversación ni tampoco los cuatro soldados del Fuerte con
los que me sentía medio intimidada con sus trajes tiesos y sus insignias
plateadas. Por lo que procedí a presentarle a mi hijo, así quizás se sentirían
más cómodos y aparte también mi hijo se sentiría orgulloso de mí. Entonces, con
la ayuda de la esclava, quité el sillón de la puerta para que Benjamín
recibiera al huésped.
Luego de haber corrido el
sillón, entré a la habitación donde se suponía estaba Benjamín. Me encontraba
muy desorientada y apenas pude dar una mirada de reojo y noté que Benjamín no
se encontraba en la misma. Y que mi mulata trataba de decirme algo con preocupación,
la miré a los ojos y noté que tenía una mirada con una expresión muy peculiar.
No sabía si era miedo, compasión o lástima. Al fin di vuelta la cabeza y entré,
y tras hacer el primer o segundo paso , estalló en mi cabeza ,como si hubiese
sido una bomba ,una gran e implacable jaqueca que violentamente dominó toda mi
cabeza .
Nunca había sentido una
sensación tan pavorosa, me mantuve con los ojos cerrados por 5 minutos, podía
sentir como la presión me bajaba repentinamente cada 15 segundos
aproximadamente, repetidas veces; y en un momento todo el dolor que me
atormentaba desapareció como si nunca lo hubiese sufrido.
Abrí mis ojos y advertí
que Benjamín no se encontraba en la habitación, tampoco estaba el Alcalde de
segundo voto con su bastón y ni siquiera sus cuatro soldados del Fuerte, que lo
acompañaban en un principio; mi mulata se encontraba tras una de las puertas
del armario espantada de mí.
-¿Qué es lo que le sucede
a usted señora?-le pregunté en un tono despectivo y grotesco.
-¿Se…se …señora acaso se
encuentra bien ¿-me pregunto muy temerosa y
humilde .
-¡yo si, lo que no me
explico qué haces tú en ese placar sin seguir mis órdenes!, ¿y en dónde es que
se encuentra el infeliz de Benjamín que debería estar acogiendo al Alcalde?-le
pregunté ya en un tono más atemorizante.
-Doña Concepción, no
quiero que se alarme pero acá no está Benjamín, ni tampoco el Alcalde. Es mas
no sé si usted recuerda pero ayer él mismo dejó una carta comunicando que no
podría estar presente hoy porque debía seguir rumbo a Santa Fe. Sin embargo lo
está mencionando desde hoy a la mañana y el Alcalde desde aproximadamente una hora…-me
respondió en un tono calmo, como tratando de explicarme una cosa que ya tendía
que saber.
- No quiero faltarle el
respeto ni mucho menos pero yo traté de explicarle esto en varias oportunidades
durante el transcurso del día y usted lo único que hacía era insultarme y regañarme repetidas veces
cuando no cumplía con su ordenes de ordenar las cosas para la fiesta- agregó mi
esclava.
Entonces decidí disimular
lo más posible respondiéndole:
-
Podría
dejarme sola un rato, creo que estoy empezando a recordar todo.
Apenas mi mulata abandonó
la habitación comencé a llorar desconsoladamente, dándome cuenta de que todo lo
que creía que había vivido solo había sido una de mis tantas ilusiones; el
sueño que tenía de que mi hijo estuviera el día de mi cumpleaños, que se
sintiese orgulloso de mí y que pudiese conocer al Alcalde solo había sido un
hilo de imaginación y deseo desprendido de me cabeza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario