Era el día tan esperado para mi, para mi
fiesta de cumpleaños solo faltaban horas.
María y yo acomodábamos los sillones e íbamos
de acá para allá iluminando el patio.
De un momento a otro vi a Benjamín
parado en la puerta.
Me acerque muy contenta a él ya que cada vez
faltaba menos para mí fiesta, y le dije “Ve a vestirte querido hijo, en un rato
llegaran los invitados”.
El estaba inmóvil y con la mirada perdida.
Preocupada le pregunte si le pasaba algo, me dijo que no asique fui a la cocina
a preparar jugo de espinaca.
Después me fui a cambiar, me puse un vestido
azul con unas plumas fucsias.
Luego regrese al patio donde me esperaba mí
amado hijo para decirme que se tenía que ir rápidamente y no iba a poder estar
en mi fiesta.
Muy angustiada lo abrace y le rogué que se quedara, peor el me dijo que
debía irse.
Con ayuda de la mulata, lo encerré en su
aposento, el me gritaba: “Loca, déjame salir que vendrán a prenderme por lo
que he hecho!!”.
En el medio de los gritos la mulata logro ver
que ya venía el primer invitado, el alcalde, junto con sus soldados.
Con la ayuda de María moví el sillón para que mi
querido hijo fuera a recibirlos, pero cuando abrimos la puerta, no estaba en el
aposento, Benjamín
había escapado.
Donde estaba era un misterio, solo sé que mi
hijo había desaparecido.
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