Todo comenzó cuando mi hijo llegó de viaje.
Ese mismo día era mi fiesta de cumpleaños, a la que asistirían invitados de
importancia. Los preparativos no estaban listos, lo que me generó más
nerviosismo.
Le ordené a Benjamin, mi hijo, que entregara
las invitaciones, que yo misma me empeñé en escribir, y accedió. Yo me quedé en
casa para terminar, de una vez por todas, de limpiar y ordenar. Cuando ya había
terminado de limpiar, Benjamín se acercó a mí y me dijo que tenía que irse, me
negué y mi único recurso fue encerrarlo en sus aposentos, para que se quedara a
mi fiesta, la mulata me ayudó y quedó encerrado.
Una vez pasado el “incidente” me quedé
esperando a que lleguen los invitados. El primero fue el Alcalde de Segundo
Voto junto a 4 soldados, lo que me extrañó fue que hayan preguntado por mi
hijo, aún así los guie hacía donde estaba él, ellos lo tomaron y se lo
llevaron, pero no regresaron. Pasé la tarde entera esperando que vinieran y no
volvieron, así fue mi cumpleaños número cincuenta y uno.
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