martes, 26 de junio de 2012


Ezequiel Mira
Soy Concepción pero todos me dicen Doña Concepción.
 Estoy preparando una fiesta a la que asistirán personalidades como el brigadier Don Bruno Mauricio de Zabala, el obispo Fray Pedro de Fajardo y los señores del Cabildo.
El patio ha sido adornado e iluminado.
Mi hijo Benjamín se me acerca y lo invita a vestirse para que luzca bien ante el gobernador.
Mi mulata y yo seguimos con los preparativos, pero Benjamín me informa que el no estará debe partir.  Estallo en llanto, pero mi hijo ya ha tomado su decisión, se irá aunque me inunde la tristeza.
Mi mulata y yo ponemos el sillón para impedir que se escape, pero él me dice que no habrá fiesta, nadie vendrá. Mi hijo desvaría porque en la puerta esta mi primer invitado, el alcalde segundo vota a 4 soldados del frente. Estoy muy contenta y comienzo a hablar frenéticamente.
Yo y la mulata sacamos el sillón que tapaba la puerta para que Benjamín pueda recibir a su primer invitado.
Cuando abro la puerta Benjamín se había ido. Yo salgo corriendo a decirle al alcalde, por lo que el sale a buscarlo. Me di cuenta de que Benjamín era contrabandista de negro. Yo misma lo había llevado a esa condena.
Luego de 3 hora el alcalde me informa que encontró a Benjamín y lo sentenciaron a una condena de cárcel de por vida. Desde entonces me siento culpable de eso. 

1 comentario:

  1. Muy bien! Hubiera estado bueno si se detallaba más como estaba decorado el patio, faltan algunas comas por eso no se entienden algunas oraciones y los tiempos verbales están mezclados. A pesar de todo, el relato esta muy bien!
    Valentina Quiroga

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