Ezequiel Mira
Soy
Concepción pero todos me dicen Doña Concepción.
Estoy preparando una fiesta a la que asistirán
personalidades como el brigadier Don Bruno Mauricio de Zabala, el obispo Fray
Pedro de Fajardo y los señores del Cabildo.
El
patio ha sido adornado e iluminado.
Mi
hijo Benjamín se me acerca y lo invita a vestirse para que luzca bien ante el
gobernador.
Mi
mulata y yo seguimos con los preparativos, pero Benjamín me informa que el no
estará debe partir. Estallo en llanto,
pero mi hijo ya ha tomado su decisión, se irá aunque me inunde la tristeza.
Mi
mulata y yo ponemos el sillón para impedir que se escape, pero él me dice que
no habrá fiesta, nadie vendrá. Mi hijo desvaría porque en la puerta esta mi
primer invitado, el alcalde segundo vota a 4 soldados del frente. Estoy muy
contenta y comienzo a hablar frenéticamente.
Yo
y la mulata sacamos el sillón que tapaba la puerta para que Benjamín pueda
recibir a su primer invitado.
Cuando
abro la puerta Benjamín se había ido. Yo salgo corriendo a decirle al alcalde,
por lo que el sale a buscarlo. Me di cuenta de que Benjamín era contrabandista
de negro. Yo misma lo había llevado a esa condena.
Luego
de 3 hora el alcalde me informa que encontró a Benjamín y lo sentenciaron a una
condena de cárcel de por vida. Desde entonces me siento culpable de eso.
Muy bien! Hubiera estado bueno si se detallaba más como estaba decorado el patio, faltan algunas comas por eso no se entienden algunas oraciones y los tiempos verbales están mezclados. A pesar de todo, el relato esta muy bien!
ResponderEliminarValentina Quiroga