Estaba
muy emocionada aquella noche, quería que todo saliera de maravilla. Mulata se
estaba encargando de toda la decoración y también de la comida. Le ordené que
el patio estuviera bien iluminado, si era posible, que trajera unas cuantas
haditas de la luz así sería más mágico. Unos días atrás envié muchísimas
invitaciones y esperaba que todas hayan llegado a su destino.
Mi
hijo Benjamín llegó muy desalineado y exaltado, parecía estar apurado por
alguna razón que yo desconocía. Inmediatamente le ordené que se vistiera y
peinara. Luego volví a vigilar que todas las tareas de Mulata estuvieran
llevándose a cabo de manera correcta, pero mi hijo me interrumpió para decirme
que no iba a asistir a mi fiesta. Me desesperé y me tiré a sus pies para
rogarle que no se fuera, pero no me prestó atención y se fue a su habitación a
recoger sus cosas. Con Mulata lo seguimos, pero nos empujó bruscamente hacia
afuera y cerró la puerta con un pasador. Fue entonces cuando mi yo ángel y mi
yo diablo aparecieron sobre mis hombros. Como siempre, mi yo ángel me dio ideas
aburridas, pero por suerte mi yo diablo me dijo una idea fascinante.
Con
la ayuda de Mulata trabamos la puerta de su habitación con un pesado sillón,
más pesado aún que de costumbre, porque había un hipopótamo muy cómodo
descansando sobre él. Habiendo trabado la salida de Benjamín, me sentí más
tranquila y fui a regar los tiestos, sacudir la alfombra y un par de cosas más.
Unos
minutos más tarde llegó el alcalde de segundo voto, mi primer invitado,
escoltado por 3 simios. Rápidamente, destrabé la puerta de Benjamín para que
saludara a nuestro invitado, pero el muy desgraciado desapareció, dejando una
nota que decía:” Querida Madre, he decidido salir del país por un par de meses
y dedicarme al negocio de la crianza de leones”. No podía creerlo, me enojé
muchísimo. Fui a contarle todas las noticias a los jilgueros quienes
amablemente siempre me escuchan. Mientras tanto, Mulata se encargó de atender
al Alcalde.
El relato esta bárbaro, me gusto la idea de exagerar las cosas como lo del hipopótamo en el sillón. El final, la verdad,me tomó por sorpresa, muy buena la idea.
ResponderEliminarMi nota es un muy bien.
Valentina García.