martes, 26 de junio de 2012


Simón Abadovsky
Aquel día de Septiembre, en la ciudad de Buenos Aires, yo me había vuelto cada día más loca. El gran día se me acercaba y no sabía que iba a hacer, que me iba a poner ni que les iba a dar.  Mi mulata había iluminado todo el patio y había corrido todo de lugar, como lo ordene por suerte. Durante 10 días no paré de mandar invitaciones, por lo tanto estaba muerta de cansancio.
Los siguientes tres días la mulata limpió y ordenó toda la casa para que se pudiera hacer la gran fiesta. La noche antes de la gran fiesta, Benjamin llegó a nuestra casa muy apurado. Me le acerqué a él y le dije:
-          Vete a vestir- le dije; Pronto estará aquí el gobernador.
El se detuvo, me miró y me dijo: “madre, no podré estar aquí “
Yo lo besé muy angustiada por decirme que no iba a poder estar en la fiesta. Le dije: “¡No te puedes ir hoy, Benjamín!, ¡No te vayas hijo!
Pero el seguía con su plan para poder escaparse, entonces con mulata lo encerramos en una habitación para que no se fuera. La esclava se había puesto a cantar para que no escuchemos los reclamos de mi hijo. Lo dejamos ahí hasta que llegó el alcalde de segundo voto con sus 4 soldados. Ese fue el momento más feliz de mi vida. Cuando a Benjamín se le abrió la puerta para que le abriera al alcalde, el decidió escaparse con su caballo hacia el Norte.
Él logró escaparse de pura suerte porque nadie se dio cuenta de lo que había hecho. La única que lo vio irse fue la mulata pero no quiso decir nada para que no me pusiera triste. Entonces cuando el alcalde se fue de la casa, ella me contó que mi hijo se escapó y que es posible que no lo vuelva a ver.
Ahí reflexione que el tenía toda la razón y yo como solo tenía oídos  para mis intereses no lo escuché. Me arrepentí pero no pude apreciar más buenos momentos bellos con él.
A los dos años los policías lo encuentran en un bar de Córdoba capital y me avisaron. Al otro día empaqué mis cosas y partí en una carreta. Allá pagué la fianza para sacarlo de la cárcel. Cuando lo vi, tan bello y hecho un hombre, le dije: “¡Te amo hijo!, sos lo más hermoso que puede existir, perdóname por no haberte escuchado cuando lo necesitaste”.
El se puso muy feliz, me perdonó y nos volvimos a casa. En el camino le dije que esa iba a ser la última vez que no le prestara atención cuando me hablara, y que a veces a los grandes nos cuesta corrernos de lugar y ver qué es lo más importante para nuestros hijos, que no es mala intención, sino que nadie nació sabiendo cómo ser madre.

1 comentario:

  1. Simon: Me encanto tu cuento,me gusta la forma en la que muestra el amor que le tiene y te deja un mensaje. Me gusta tu redacción. El título podría ser "Amor de madre". Excelente. Brunella Stefoni

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