El patio se
encontraba iluminado, en las paredes se reflejaba la luz de las innumerables
velas que adornaban el lugar.
La loca llevaba
una maseta con geranios, con la ayuda de la mulata, cuando de pronto vi frente
a mí a mi hijo Benjamín.
El pobre niño
estaba nervioso, se tomaba la cabeza, tenía su capa colocada sobre su espalda,
como dispuesto a salir de la casa. Le pregunté hacia donde iba y me respondió:
-Madre debó irme
de la casa.
-No te puedes ir
hoy y faltar a la gran fiesta que organicé para mi cumpleaños, le respondí:
-Madre quisiera
estar contigo pero no podré porque vendrán a buscarme, siento vergüenza, no
puedo explicarte el motivo, debo irme.
-Hijo mío, no sé
la causa de tu angustia, pero siempre de protegí y te apoyé, y esta vez no será
distinto.
Marchate, habrá
otros cumpleaños en los que podremos estar juntos.
Con mis pelos de
punta, le respondí mientras un fuerte dolor oprimía mi pecho.
Lo abracé
fuertemente y bese su frente. Me quedé observando cómo se alejaba y su figura
se confundía con la oscuridad del anochecer.
Eugenia Fernández Bottaro
ResponderEliminarEl relato es muy bueno, fácil de entender y sin errores. Lo único que cambiaría sería el final, agregándole algo más de acción, posiblemente que al final los oficiales que lo perseguían lo encontraron o algo por el estilo, pero es muy bueno. Mi nota es Muy Bien.
El título que yo le pondría sería: "Simplemente me tengo que ir"
ResponderEliminarJuan Voria: Muy bueno el relato, algo corto, pero muy bueno en fin. Seguí así.
ResponderEliminarPD: Falta la tilde en el verbo besé.
Juan Voria: El título que le pondría es: "El adiós"
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