martes, 26 de junio de 2012

Brunella Stefoni

 Me encontraba en el patio corriendo y acomodando las macetas y las sillas para que quede prolijo. Había estado esperando este día desde que le pedí a mi hijo Benjamín que entregara las invitaciones, y ahora me encuentro esperando impaciente la hora en que alguien pase por la puerta de entrada y yo los reciba majestuosamente. Si! Me lo estoy imaginando. Yo voy a ser el centro de atención… todos me admirarán  este hermoso vestido que la mulata me hizo con sus propias manos. Aunque, no, no puedo decirles que lo hizo ella, mejor les diré que Benjamín me lo trajo de esos extraños viajes al extranjero que hace de vez en cuando…¿Pero no fue él el que me lo trajo?...¿Puede ser que tenga una novia costurera en las afueras y no me haya dicho? Porque sino ¿de dónde habré sacado tan extravagante y fino vestido?. Le iré a preguntar ahora mismo. ¿Pero que? ¿Este chico no se ha cambiado?
-¡Ya es casi la hora! Vete a vestir, ponte la chupa morada. Pronto estará aquí el gobernador.-le exclamé.
-Lo siento madre me debo ir esta misma noche. Tengo que partir al norte.-me contesta.
 ¿Cómo? No, no, mi hijo no se puede ir así, no al menos hoy y menos dejarme de esta manera, por lo que yo le suplico que se quede y lo abrazo lo más fuerte que puedo, pero él se suelta.
-Me voy, madre, me voy-. Me dice y se va a su cuarto.
 Corro hacia la mulata para que me ayude, por lo que le propuse que lo encerremos a mi hijo en su cuarto. Movemos el sillón de Arequipa y tapamos la salida de la habitación.
 Él gritaba furioso:-¡Madre déjeme salir que vendrán a prenderme, madre!¡Madre que no habrá fiesta ni nada, nadie vendrá!-. Definitivamente estaba loco. ¿Cómo podría decir algo así?
 Miré hacia la huerta y mis ojos no lo creen.
-¡Oh señor Alcalde! Perdone por no haberle abierto yo misma la puerta, ah compañía… ¡pasen, pasen porfavor!¡Por aquí!-.
 Me dirijo hacia la mulata:-Ve ya mismo a sacar a Benjamín y tráelo para acá!-. Conversé con el Alcalde acerca de mi vestido hasta que Benjamín y la mulata llegan al patio. Mi hijo actuaba extraño y estaba pálido. Debe ser por los nervios como los míos, no todos los días se ve al alcalde en persona!
-Señor Alcalde este es mi pequeño Benjamín, lo sé, parezco de 20 como para tener un hijo, no? Jaja-. Me río entusiasmada pero el Alcalde sigue serio.
-Señora le pediría que se aleje de este criminal para poder llevármelo preso.-
-No entiendo de lo que habla señor y no me gustan este tipo de bromas, ¿Benjamín sabes algo de esto?-. Lo miro a los ojos pero el baja la mirada. Y de repente el Alcalde dice:
-No es ninguna broma, no esperemos más, ¡ARRÉSTENLO!-.
-¡No!-. Grite con todas mis fuerzas y me lanzé encima del Alcalde haciendoló tropezar conmigo a cuestas. Caimos y el Alcalde se golpeó fuertemente con el borde de una maceta que se encontraba cerca nuestro. Rojo. Rojo sangre, manchas de sangre caían al piso. Me fijé en mis manos y también veía todo rojo.
-¿Alcalde?-. No había respuesta ni duda, ya no respondería nunca más. Busqué con mi mirada a mi hijo y lo encontré matando a los oficiales que acompañaban al Alcalde. De repente se voltea y me di cuenta que ese ya no era mi hijo, ni sus ojos, esos eran los de un loco.
 Enseguida los míos se nublaron y todo era blanco. Cuando desperté me había dado cuenta que era solo un extraño sueño. Uno de los muchos que tengo en esta cárcel sucia con comida que aborrezco y gente poniendomé abrigos encima, que no me dejan ni mover mis manos y pies. Cuando Benjamín vuelva a renacer de aquella noche, yo sé que me vendrá a buscar, yo lo sé…

2 comentarios:

  1. Brunella: Tu relato me pereció más que Muy Bueno en todos sus aspectos, aunque no entendí que al principio, cuando Doña Concepción dice: -y ahora me encuentro esperando impaciente la hora en que alguien pase por la puerta de entrada y yo los reciba majestuosamente.-, está en presente y luego, al final del relato, está narrado en pasado. Me encanta tu imaginación y redacción.
    El título que propongo es este: "Los ojos de un loco"
    Carla Coggiola

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  2. Brunella: muy buen relato.Se narró en presente (al principio) y en pasado (en el cuerpo y al final). Si se corrigiese eso va a quedar un excelente relato con muy buena creatividad; excelentes frases tales como: "Enseguida los míos se nublaron y todo era blanco"; y muy buena coherencia para aquellos lectores que esten interesados en leer este relato.
    Abadovsky Simón Andrés

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