martes, 26 de junio de 2012

Belén Franzoni

Yo discutía con los jazmines, como de costumbre. Ellas me decían que me pusiera los zapatos negros y yo sostenía que los rojos eras mejores para la ocasión. De repente oí ruidos raros, no estaba segura de dónde venían pero lo que sí sentía era que alguien se acercaba o algo se movía. Entonces miré por una de las ventanas para saber qué era eso que oía, y me di cuenta de que era Benjamín.
Había pasado una hora desde que lo esperaba, mientras tanto colgué los faroles de vela, moví las mesetas de mis queridos geranios, avivé los pabilos y muchísimas cosas más. Toda la tarde trabajando, decorando el patio con la mulata, todo tenía que salir perfecto para la fiesta de esa noche. Por suerte mi hijo pudo repartir las tarjetas que me había pasado más de diez días escribiendo. El obispo Fray Pedro, las señoras del Cabildo, los vecinos de Fuste, todos estaban invitados. Seguramente de alguien me había olvidado de invitar, pero tarde o temprano se enteraría. En este pueblo todo es así…
Entonces, por fin, apareció Benja aplastando todos mis jazmines, pero lo noté preocupado, seguro que no quería llegar tarde a mi fiesta. ¡Siempre tan atento mi hijito!
- Vete a vestir - fue lo primero que le dije cuando lo vi – ponte la chupa morada. Pronto estará aquí el Gobernador –
Y fui rápido a acomodar unas sillas, tenía miedo de que se me salieran las plumas rojas del pelo e hice todo con cuidado. No iba  arruinar mi peinado, me había llevado todo el día hacerlo.
- Madre no podré estar en la fiesta. Tengo que partir enseguida para el norte – me dijo.
Lo primero que pensé fue cómo se iba a ir para el norte el día de mi fiesta. ¡Cómo bromeaba mi hijo Dios mío! Por suerte, los jilgueros me comprendían y reían conmigo de aquella loca situación.
- Madre tiene usted que comprenderme, debo irme ahora sin darme un segundo – me dijo al notar que no respondía.
Inmediatamente comencé a seguirlo y lo rodeamos con la mulata, Benjamín me empujó hacia la puerta pero yo presentía que no se iría y junto a la mulata empujamos el sillón hacia la puerta, para prevenirnos.
Enseguida me puse a regar, me quería descargar con los jerandios para tranquilizarme un poco. De ninguna manera, los invitados me podían ver en este estado. Fue ahí cuando vi al alcalde de segundo voto junto a cuatro soldados del fuerte.¡Que feliz estaba! ¡Acaba de llegar el primer invitado!
Quité rápidamente el sillón, para que Benja reciba al huésped. Entró el Gobernador y fui a saludarlo y luego a buscar la enorme cantidad de comida que había preparado toda la tarde y entonces, así, mi hijo y el Gobernador podrían hablar solos.
Me demoré un rato en buscar la comida, pues me entretuve charlando con la Mona Lisa que todos los días, desde la pared azul marino del pasillo, me aconsejaba. Pero al volver de la cocina, noté algo muy raro: ni el alcalde ni mi hijo estaban en el patio…
Sería, tal vez, que no les agradaba tanta luz en el patio. O quizás las metidas de mis flores los habían incomodado.
La verdad no estaba segura por qué se habían ido, pero de lo que si estaba segura era de que en muy poco tiempo regresarían… yo sabía que ellos no querrían perderse de mi fiesta y menos de la espectacular torta.

2 comentarios:

  1. Exelente cuento. Me gusto mucho como explicaste a la loca en el cuento.

    Franco lisa

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  2. Bien, el titulo que le pondria seria "El fugitivo" no me gusto tanto el final pero el desarrollo del cuento me gusto

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