En las duras épocas del año 1977 no era nada fácil conseguir una buena educación. Las familias temían mandar a sus hijos a las escuelas por todos los militares que andaban torturando. Una familia bien acomodada tenía una hija que se llamaba Miranda. Deseaban un tutor para ella pero no era fácil confiar. Finalmente encontraron uno que se llamaba Camilo y parecía muy buen mozo. Una tarde de Julio, éste empezó a tomar clases con la chica, la cual se rehusaba a prestarle atención y se sólo quedaba mirándolo un rato. Él siempre le decía que se concentrara pero nada, ella lo miraba fijo y se enfadaba si se lo decía más de una vez. Un día le dijo:
-¿Te puedo hacer una pregunta?
-¡Claro tutorcito!- Dijo irónicamente muy nerviosa.
-¿Por qué me miras siempre y nunca prestás atención?
-Es que… sos muy lindo.
- Tonterías, hablo en serio- Dijo algo agitado.
-Es la verdad, ¿Por qué no me creés? Además vos preguntaste- Exclamó sacándose la culpa de encima.
En ese momento se dieron cuenta de que la puerta del living en el que se encontraban se movía.
-¡Milo! Ese fue Milo, el sirviente. Le irá a contar todo a mi padre, me van a castigar y a vos te van a echar!- Dijo aterrada.
-¿Estás segura de eso?
-Segurísima.
Y así fue, en menos de 1 minuto el padre estaba allí con la cara enrojecida y muy furioso.
-Así que tenemos una declaración ¿No es así? Pero que tierno momento, lástima que lo arruine- Dijo muy enojado.
-Padre no podés impedirme nada.- Dijo ella firmemente.
-Sos muy chica para decidir sobre tu futuro y te estás equivocando, este no es un hombre en serio ¿Qué le ves? Me repugna, ya te dije que tengo un pretendiente que vendrá mañana por la tarde ¡No voy a permitir que hagas chiquilinadas! Y vos, querido Camilo, no te acerques a mi bebé porque vas a quedar despedido!
En ese momento, la madre que había escuchando los gritos, entró horrorizada.
-¿Pero qué es esto? ¿Por qué tanto escándalo? ¿Cuál es el problema de que le guste este buen chico? Déjala, quizás sea mejor que el pretendiente.
-¿Qué es lo que dices mujer inútil? Andate ya, nadie te pidió una opinión ¡Aquí el único que decide soy yo, y nadie más!
-Perdona mi amor, ya me voy- Dijo la madre atemorizada.
Esa noche, Miranda no salió de su habitación y lloró toda la noche como una niña caprichosa, que era, pero su deseo era mucho más fuerte de lo que el padre esperaba. Mientras tanto imaginaba que podrían escaparse a otro país y comenzar una vida nueva, llena de alegría y libertades, pues su padre deseaba eso, pero con un hombre millonario, y en unos años más.
A la mañana siguiente llegó el pretendiente. Miranda fingía un buen humor para nada creíble. Se sentaron en la mesa del living y conversaron, cuando por fin ella dijo:
-Bueno creo que ya me voy, se está haciendo tarde, además este chico me aburre.
-¡Miranda que rayos decís! Perdonen la situación, está un poco caprichosa-. Dijo el padre absorto.
- ¡No estoy caprichosa! Sabés perfectamente que amo a Camilo y no lo voy a cambiar por nadie, ni siquiera por el hombre más rico del país- Dijo Miranda gritando.
-¡Vení ya, no seas ridícula! ¡Miranda!- Gritaba el padre.
Pero ella se fue corriendo a su habitación casi a punto de llorar. Se quedó encerrada hasta el día siguiente.
Por la mañana cuando despertó, se preparó para esperar a Camilo. Pasó una hora y no llegaba. De repente entró el padre en la sala.
-¿Qué sucede que Camilo no viene padre?
-Ya no deberás preocuparte más por ese patán. Hice un pequeño arreglo con los militares, ya sabés con los que no son malos. Ya no va a molestarte, es más no lo volverás a ver- Exclamó de manera desafiante el padre.
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