Sucedió en 1978. La Argentina se encontraba en pleno proceso militar, pero lo importante es que esta historia comenzó un viernes primero de julio. Jesús, un militar grosero, violento y autoritario necesitaba una persona para que fuera el sirviente de su hija. Esa mañana, se despertó contento y bajó las escaleras. Abrió la puerta del sótano y los vio a todos ellos. Estaban vendados y con un pañuelo en la boca. Tomó su pose de jefe y dijo:
- A ver, A ver, ¿Quién de todos ustedes quiere tener un privilegio? Tiene que ser alguien que sea inteligente, como no encontré me tengo que conformar con algunos de ustedes, buenos para nada. Necesito alguien que sea sirviente personal de mi nena.
Eligió a uno que tenía un solo ojo. Su nombre era Reinaldo. Estaba secuestrado por los militares porque protagonizó una marcha en contra del gobierno. Jesús lo llevó adentro de su casa y llamó a su esposa:
- ¡Libertad! Vení mujer. Tenemos visitas.
Una mujer hermosa pero insegura y miedosa respondió al llamado y se presentó. Ella le tenía mucho terror a su propio marido. Tenía un mechón de pelo tapándole parte del ojo derecho, allí había un moretón que no quería mostrar.
- ¿Me disculpás un minuto pibe? ¿Ya vengo?, amor acompañame a la cocina.
La mujer, sin mediar palabra alguna, se dirigió al lugar indicado. Desde allí, Reinaldo podía escuchar una discusión:
- ¿Con este no vas a estar no?, eso espero porque sino ya sabés lo que pasa. Te amo hermosa, sabés que sos solo mía, yo soy tu dueño, nadie más. Estás linda hoy - dijo Jesús.
- Pero qué estás diciendo, si sabés que no estuve con nadie. Dejá de decir que soy tuya, yo también te quiero - dijo Libertad
- Escuché mal o me dijiste “yo también te quiero”. Te digo te amo y me respondes así tan frívola. Te aclaro que sí sos mía y sabés que si no te puedo agarrar ahora mismo y dejarte el otro ojo peor de morado, ¿eso querés?
En ese momento entró Antonio a la casa. Era un militar muy poderoso y que estaba completamente enamorado de Alegría, la hija de Jesús. Ella lo odiaba, le parecía repugnante ya que era desubicado y arrogante. Jesús quería tratar con él para tener más poder. Ella bajó las escaleras y lo vio. Alegría dijo:
- Te voy a ser sincera, yo no me quiero casar con vos, no te amo, por favor dejáme sola, alejate, me das asco.
Antonio se quedó asombrado, pero como era militar debía mantener la compostura. Le dijo que Jesús le prometió que se iba a casar con ella y que la boda iba a ser en una semana. Ella enojada le dijo al padre que no se quería casar con alguien que la acosaba todo el tiempo y que era un desubicado por decirle cosas incorrectas. Jesús enfureció tanto que no le importaron los planes que tenía con el otro militar y lo echó de su casa. Luego de que Antonio se fue, apareció Lukyan, el cómplice de Jesús. Era un ser oscuro y desalmado, todo lo contrario al significado de luz que lleva su nombre. Se encargaba del trabajo sucio.
- Jefe acá traje regalitos, ¿no quiere venir a verlos? ¡Ah! Y además le traje fiambres de primera calidad – dijo Lukyan.
El padre sonrió, sabía a lo que Lukyan se refería. En ese momento Libertad le presentó a Alegría su nuevo sirviente personal.
- No lo quiero – dijo la muchacha
- Pero hija es decisión de tu padre, no lo hagas enojar por favor – dijo la madre
Alegría, sin nada más que decir, llamó a Reinaldo y se fueron juntos a su habitación
- Tu nombre no es tan feo, ¡para compararlo con tu cara, te querés morir! – dijo la joven.
- Señorita por favor ayúdeme, necesito salir, mis padres están preocupados, yo no tengo nada que ver, mire como me dejaron, se lo pido de corazón – dijo en voz baja Reinaldo.
- Ya sé, solo estaba actuando, lo que te dije de tu cara no era cierto pero es que tengo que disimular. Mi padre está loco, mi madre está enferma y confunde amor con dolor físico, un militar que esta obsesionado conmigo y yo lo único que puedo hacer es, de vez en cuando, ayudar a algunos de los tuyos a escapar. Están haciendo una masacre y yo no quiero ser cómplice – dijo Alegría.
La muchacha le dijo a Reinaldo que esa misma noche lo iba a ayudar a escapar. Todos dormían, había que comenzar con el plan. Alegría le abrió la puerta de atrás al muchacho para que pudiera escapar, luego le dio un arma por si las dudas. Él cruzó la puerta hacia el patio y cuando estaba por darse vuelta para agradecerle ella gritó:
- ¡Papiiiiiiiiii! ¡El inservible que elegiste se quiere escapar!, ¡matálo! ¡matálo! ¡Este sinvergüenza se quería fugar y te robó un arma!
El militar se levantó al acto y llamó a su compañero. Los dos persiguieron al pobre inocente y lo agarraron. El joven decía a gritos que Alegría le había dado el arma y que le había prometido la libertad. Al preguntarle a la muchacha esta respondió firme:
- ¿Yo, ayudando a hacer algo que va contra los principios de mi papi? Jamás haría semejante atrocidad, yo no soy una traidora como otros. ¿Papito me vas a pagar por haberte ayudado a atraparlo no?
- Sí mamita, andá y agarrá toda la plata que el otro día me pedías. Ahora sí te la merecés. Esta ha sido una buena causa para recompensar tu esfuerzo y valentía.
Lukyan y Jesús se llevaron al hombre al sótano y mientras se iban Jesús le dijo:
- Vení, vamos a preparar fiambre fresquito, ¿dale?
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