Hoy me pegó porque le sugerí que capaz que no tenía que buscarle otro profesor de pintura a Rosario, que el que tenía estaba bien, pero solo me dijo ‘Callate que vos no sabés nada, además ya elegí al nuevo profesor’. Y eso hice, callé y fui a avisarle a mi hija que ya tenía nuevo profesor.
Unos días después nos visitó Marcelo, el secretario de mi esposo y, según este, el candidato perfecto para nuestra hija. Yo no lo creía así, ¿pero quién era yo para contradecir a mi marido? Lo que él decía se hacía y punto, así eran las cosas en nuestra casa, aunque Rosario no aceptaba esa norma tan fácilmente como yo. Ella tenía sus propias ideas y si no estaba de acuerdo con algo, lo decía sin problema, claro que yo trataba de controlarla enfrente de su padre, por miedo a como pudiera reaccionar. Y por supuesto, Rosario no tenía ninguna intención de estar con Marcelo, no importaba cuanta plata pudiera tener.
Rosario comenzó sus clases con el nuevo profesor al día siguiente, me contó que se llamaba Mateo y que era buen profesor, nada más.
Así transcurrieron un par de meses, Marcelo nos visitaba continuamente y Rosario continuaba con sus clases, por las que se veía muy entusiasmada, demasiado entusiasmada, noté. Mateo me caía bien, demasiado liberal para mi gusto, pero buen profesor después de todo, y se notaba que entendía a Rosario, lo que me gustaba. Pero yo sabía que a mi marido no, y cada vez se mostraba más paranoico respecto a Mateo y Rosario, había reducido el horario de las clases y mandaba a nuestro criado, Salvador, a vigilarlos constantemente.
Y fue así como un día escuché lo que no debía, descubrí a Rosario y a Mateo hablando en la mitad de la noche. Al principio no me pareció raro, pero luego escuché que decían que planeaban escaparse juntos esa noche y entré en pánico. Lo primero que pensé fue en interrumpirlos e impedir que lo hicieran, pero sabía que no funcionaría, Rosario jamás me escucharía, así fue que hice lo que me pareció que era mejor, llamar a mi marido y contarle todo lo que estaba pasando, seguramente él sabría cómo hacer entrar en razón a Rosario y convencerla de que debía casarse con Marcelo, que él le aseguraría un futuro donde no le faltara nada, en vez de huir con un artista
Eso hice, desperté a mi esposo y le conté todo. Él, por supuesto, se enojó muchísimo y juró que lo mataría ahí mismo, sin importarle nada. Fue a buscarlos y les gritó de todo, al final despidió a Mateo y lo echó de la casa, junto con Rosario que salió detrás de él gritando que no le importaba nada, que no lo iba a dejar, y aún menos si él se lo ordenaba. Yo no dejaba de llorar.
Esa fue la última vez que vimos a Rosario y a Mateo. Espero que sean muy felices juntos.
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