Ya hacía mucho tiempo que los dias no eran como hace un par de años, ya no tenía todo lo que quería cuando quería, ni podía hacer todo lo que quisiera, cosa que me molestaba demasiado. Papá decía que debía hacer lo que me ordenaran por mi bien, pero yo no estaba acostumbrada a eso.
Tampoco las cosas en mi casa eran iguales, mamá estaba más triste que nunca, ya no era ella si no que era lo que papá quería que ella sea. Por un lado admiraba a papá, tan solo con mover un dedo todo estaba a su alcance, pero definitivamente las cosas que hacía no eran buenas para nadie. Él decía que no debía entrometerme en temas de adultos, que todavía era una niña tonta que tenía que seguir aprendiendo de mis clases, que por supuesto, eran dictadas en mi casa.
No podía dejar de mirarlo, por más que para papá no pasaba nada, todos en la casa ya se habían dado cuenta de cómo miraba a mi profesor. Pero Juan no miraba más que los libros sobre la mesa, lo cual me hacía enfurecer y decirle cosas malas sin sentido como ¡Te odio Juan! ¡Voy a hacer que Papá te lleve lejos!
No importa lo que pasara, tarde o temprano, quiera o no, Juan se enamoraría de mí.
-¡Es un simple empleado! De ninguna manera Julia, andá borrando ese capricho de tu cabeza!- Dijo mi madre algo enojada.
-Ya es tarde mamá, estoy enamorada de él, y el casi de mí.
-Sabés muy bien lo que es capaz de hacer tu padre si se entera de esto Julia. Ya basta de este capricho.
¿Qué sabía mi madre lo que yo sentía por Juan? Nada, absolutamente nada. Que va a saber ella de amor, si siempre vivió en las mentiras de mi padre. ¿Un capricho? La verdad que papá tenía razon, mamá era un tonta.
Esa noche escuché más disparos y ruidos que nunca, tenía miedo de que algo le hubiese pasado a Juan. Solo quería que sean las cuatro para ver entrar a Juan con los libros de matemática en las manos, listo para empezar la clase.
Juan y yo cada día estabamos más enamorados, yo sabía que esto iba a pasar, todo lo que deseo lo tengo.
Pillo, el criado, nos estaba observando más de lo común, cada media hora interrumpía nuestras clases con alguna de sus estupideces y yo, obviamente, lo echaba más que furiosa.
Era un domingo por la tarde, y estaba sola y aburrida en mi cuarto como todos los domingos, cuando veo la sombra de papá acercarse por mi puerta.
-Hijita, niñita mía- Dijo con dulzura mi padre
-¿Qué pasa papi?-Le pregunté con curiosidad.
-Encontré un chico que me agrada mucho para vos-
Me quedé helada, no me podía imaginar con otra persona que no fuera mi Juan.
-Pero…papito, no creo que esto sea una buena idea-Respondí tímidamente.
-No te preocupes hijita linda, todo estará bien, hoy a la tarde vendrá a conocerte.
La verdad que José Felix era bastante agradable, obviando que tenía 15 años más que yo y que no paraba de hablar de cosas aburridas. Pensándolo mejor no me gustaba para nada el hombre que mi padre había elegido para mi, pero hasta que se fuera tendría que fingir que me caía bien.
Me dolía muchísimo la cara de Juan al verme en esta situación, pero pronto todo se acabaría.
Nuestro plan estaba armado, nos escaparíamos de este horrible lugar el miércoles por la noche cuando todos durmieran, teníamos todo listo, y todo lo habíamos arreglado con sumo cuidado.
Ya era martes, estábamos planeando los últimos detalles y de repente me di cuenta de que Pillo estaba atrás de la puerta escuchándonos. Estábamos muy preocupados de que le contara a alguien de nuestros planes, tampoco sabíamos qué tanto había oído, asi que hicimos como si no hubiese escuchado nada y le pregunté qué hacía allí y me contesto que acababa de llegar pero ya se iba.
Faltaban apenas horas para irme, y andaba caminando por la casa esperando que pasara el tiempo.
-Hija, ¿Por qué estás tan contenta? ¿Es por la visita de tu prometido? – Preguntó mi madre
-No, mamá es por que hasta acá llegó esto, hoy me voy de acá- Dije decidida.
-¿De qué hablás, Julia? Dejá de lado tus caprichos y andá a cambiarte que está por llegar Jose Félix.
-No mamá, no voy a ser como vos. Estoy cansada de no poder salir de casa, de hablar nada más que con las personas que papá quiere, quiero vivir mi vida, no la tuya-Le respondí entre llantos.
-Julia por favor te lo pido, recapacitá. Todo es muy complicado afuera.
-Basta mamá, me voy. Tengo 20 años, no soy una niña. Estoy harta de que me escondan cosas.
La hora había llegado, y Juan nunca vino a buscarme. Estoy muy preocupada por él, y sé que mi padre tiene algo que ver con esto, y con mucho de lo que está pasando allá afuera.
Lo único que espero es que todo esto termine, para poder volver a encontrarme con Juan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario