Los preparativos para la boda ya estaban casi terminados, solo faltaba una semana, se casaban la hija del General Escalante y el adinerado Julián.
Todo el pueblo hablaba del casamiento, a quién no le hubiese gustado casarse de ese modo. Aunque por su puesto la que no estaba conforme con la boda, como de costumbre, era Pilarita, la novia. Su madre, Josefa, trataba de convencerla, iba a ser la mujer más adinerada, con los mejores vestidos traídos de Europa y todas las mujeres del pueblo la envidiarían. Pero ella nunca iba a estar conforme, en realidad no quería a Julián, ella solo quería a Lorenzo Pardo.
Pilarita no se lo podía confesar a nadie, solo tenía que cumplir con lo que su padre quisiese, si no lo hacía sabía lo que traería aparejado para ella y para su madre, que siempre recibía los golpes de su marido por ser la culpable de no educar correctamente a su hija. Por eso Pilarita tenía un libro donde escribía todo lo que sentía por Lorenzo, era secreto, nadie sabía del libro, tampoco de Lorenzo.
Hoy fue uno de los días más tristes, el ejército de Racedo mató a la mamá de Lorenzo. Con solo recordarlo llorando en lo pies de su madre me tiembla el alma, no había razón para matarla, no podían matarla solo por se una India, por no ser como ello. Al fin de cuentas, más allá de que no vestía como ellos, no hablaban igual ni pensaba igual, era una persona con sentimientos igual que ellos, aunque dudo que tengan sentimientos.
Lo más doloroso era que yo no podía ir a abrazarlo para estar con él ¿Cómo yo, la hija del General Vicente, iba a estar enamorada de un Indio?
No puedo sacar este dolor que tengo aquí, adentro mío. Nunca vamos a poder estar juntos, nuestro amor no puede seguir escondido, Lorenzo no puede seguir escapando día y noche de Racedo y sus hombres.
Pd: Hoy Lorenzo no vino, lo esperé aunque sabía que no iba a venir, supuse que estaría Tierras Adentro haciendo el duelo de su madre.
Vicente y Julián, al otro día de la muerte de la India , regresaron de su viaje. Racedo los escoltó hasta su casa y, al llegar, le contó los hechos transcurridos en su ausencia. Le contó sobre la muerte de la esposa del Cacique Pardo, es decir, la madre de Lorenzo.
-Qué buenas noticias me das Racedo, una india menos, solo ocupaba lugar- dijo el General. Ambos rieron por su broma.
-Esto hay que festejarlo. Ve Josefa a llamar a Pilarita y dile que la estamos esperando en la sala para festejar la muerte- Josefa asintió con la cabeza y respondió:
-Pero Vicente…
-No quiero tus peros, solo cumple órdenes que es para lo que estás. Necesito que me solucionés los problemas, no que me generés más. Para eso tengo suficiente con tu hija Pilarita.
La madre bajó la mirada y fue en busca de su hija acompañada de Racedo.
Al llegar a la habitación, Pilarira estaba leyendo una carta de Lorenzo. La misma decía que estaba Tierras Adentro y el fin de semana iba a volver a buscarla y llevarla con él para poder hacer público su amor, bien lejos de ese pueblo en un lugar en donde nadie los juzgaría, eso era lo que él más deseaba, la firmaba Lorenzo Pardo.
La madre le arrancó la carta de las manos y se la entregó a Racedo.
-¡No madre, no! No se la puedes mostrar a mi padre
-Pilarita, estás a tan solo dos días de contraer matrimonio y te estás poniendo en manos de un Indio. No puedo escondérselo a tu padre y Racedo no puede ser cómplice de esta mentira- respondió la madre
-Madre, no podés hacerme esto. Lo único que temés es que mi padre se entere que vos sabías. ¿Qué le temes? ¿A las golpizas de Vicente? Yo no quiero ser como vos, estar sometida al hombre que no amo. Quiero ser una mujer amada y amar a mis hijos no como vos, que vivís bajo las amenazas de tu marido, yo quiero un hombre que me ame tanto como yo a él.
-De esto se enterará ya mismo tu padre- le señaló a Racedo que salieran de la habitación.
Ya en la sala, la madre les mostró la carta a Vicente y a Julián. Pilarita, tenía la mirada fija en el piso, a la espera de lo que le dijese su padre.
Vicente leyó la carta y empezó a reír, todos, sorprendidos por su reacción, lo miraban.
-Qué bueno Pilarita, al menos elegiste a un indio bastante educado, sabe escribir y creería que leer también, no sabía que estos tuviesen esa capacidad- reía burlonamente junto a Julián y, mostrándole la carta, agregó-Mirá Julián, hasta buena caligrafía posee.
Julián y Racedo acompañaban a Vicente con la risa mientras que Pilarita los miraba con rabia, no entendía cómo podían tener tan pocos sentimientos.
-¿Sabés qué Pilarita?- interrumpió la risa el padre- lo estuve pensando… y no. Sigo prefiriendo que te casés con Julián. Mira si te casás con Lorenzo, pensá en tus hijos, no tendrían una abuela paterna, porque ya está muerta y comida por los gusanos.
Todos en la sala reían menos Pilarita que lloraba con rabia y el odio se desprendía de su cuerpo.
-¡No llores más! No te servirá de nada, aparte guardá lágrimas para más adelante, tal vez a Lorenzo se le adelante el viaje para venir a buscarte, o tal vez decida cambiar de destino o quizá nosotros le cambiemos el destino, así podrá estar más cerca de su madre, tené en cuenta lo bondadosos que somos que no queremos que sufra más por ella.
Lorenzo no vino nunca más a buscarme y mi padre nunca más me hablo de él. Mañana es la boda con Julián, no puedo sacarme de la cabeza que en unas horas seré la mujer de ese desgraciado. Desde aquel día no he dejado de llorar, ya no tengo más lágrimas para derramar. Lo único que me mantiene viva es saber que Lorenzo está con su madre y que el hijo que llevo en mi vientre será un Pardo.
Lucía Ferrer
Es un relato muy creativo.Muy buen desarrollo. La única pequeña crítica que se podría hacer es, para que no pierda el estilo, que en vez de escribir "vos", cuando se produce la discusión entre madre e hija, hubiese utilizado la palabra "usted" y en el lugar de "marido", "padre". Excelente (3)
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