martes, 8 de noviembre de 2011

La Malasangre, Maigris

Pelucas!, vendo Pelucas!!!
Así pasaban todas las mañanas por la vereda de mi casa, mi enorme casa. Yo vivía con mi padre y mi madre, pero actualmente no tengo una buena relación con ellos, no tengo pareja, estoy sola con mi fama y mis estilistas que me acompañan a todos los shows que hago por el mundo.
Todo nuestro problema comenzó hace varios años. En esa época las chicas de la alta sociedad, muy adineradas, tenían un profesor que les daba clases en la casa, de las materias que el padre elegía. Al maestro siempre lo elegían entre mi padre, Guillermo, y mi madre, Cecilia. Pero esta vez solo eligió Guillermo, porque con mi primer maestro me encariñé demasiado.
El  nuevo se llamaba Facundo, todas nuestras clases eran controladas por mi madre o los empleados de mi padre para que no sucediera lo mismo que antes. Debo decir que al principio no me gustó mucho, pero con el tiempo me encariñé demasiado. Aparte Facundo era un chico con una joroba gigante, se notaba que había pasado por momentos difíciles y estaba dispuesto a todo, incluso al mal-trato de mi padre hacia todos.
Entre Guillermo y Cecilia había una relación bastante linda, el la pellizcaba y ella le repetía que lo amaba. La verdad me encantaría tener una relación así, tan afectuosa como la de ellos, los golpes y los maltratos te hacen amar cada vez más a las personas.
La historia con Facu al principio no era linda ni afectuosa como la de mis padres, pero cuando me empezó a gustar y comencé a tratarlo como corresponde y  hacer que lo trataran bien, mi padre me presentó a un hombre muy adinerado para que me case con él. Se llamaba Lorenzo, era un hombre grande, toquetón, bastante verde y le gustaba tener jóvenes a su alrededor. La verdad me fascinaba bailar con él y poder charlar cuando nos dejaban solos, aunque esos momentos no eran muchos porque Cecilia nos controlaba continuamente.
Al pobre Facu le molestaba mucho esto; entonces, un día, le propuse que nos escapáramos para vivir juntos y poder dejar de esconder nuestros corazones, que cada vez latían más fuerte.
Además, así, no teníamos que soportar las pelucas de mi madre y tampoco ver que ella no reaccionaba. Todo esto me provocaba algo raro que no podía seguir escondiendo.
Yo me imaginaba mi vida en un bosque dentro de una cabaña junto a él, con muchos caballos y árboles por todos lados. Pero, cuando mi madre se enteró, salió a avisarle a mi padre quien decidió matarlo.
En ese momento decidí irme y, pensando, llegue a la conclusión de que Guillermo y Cecilia solo querían controlarme y tomar mis desiciones. Entonces les hice un gran juicio para que se dieran cuenta de lo que hicieron mal.
Luego de unos años la vecina de al lado de mi casa, que tiene una discográfica, me escuchó cantando mientras me bañaba y así llegue a la fama de ahora.

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