martes, 8 de noviembre de 2011

Desapariciones, Manu

El día 10 de Junio de 1980 al atardecer llega el almirante Benigno a un cuartel situado en la provincia de Buenos Aires, Capital Federal con el oficial Fermín, entonces Benigno comienza una charla.
-         Fermín, ¿cómo ha estado su día?
-         Muy tranquilo señor.
Hay un momento de silencio, como de 15 segundos.
-         Y… ¿No quiere saber cómo estuvo el mío?
-         Sí señor, me gustaría saberlo.
-         Mire, la verdad que mi día fue horrible… La rompe bolas de mi esposa está todo el tiempo diciéndome qué hacer y ya no la aguanto más; para colmo mi hija es peor, pide y pide cosas como si tuviera todo de arriba.
-         Ah, mire usted. Yo pensé que su mal día era por el montonero este que no pueden agarrar…
-         Ese pendejito, ya lo vamos a agarrar… Ya va a dejar de molestar con sus ideas revolucionarias que hace que la gente se mueva.
-         Sí, quédese tranquilo que lo vamos a encontrar…
-         ¡¿Vos me vas a decir a mí que me quede tranquilo?!
-         Disculpe señor, era solo una frase.
-         ¡Qué frase ni que frase, DESAPARECÉ DE MI VISTA!
Esa misma noche, Benigno se encuentra en la mesa para cenar. Llegan la esposa y luego la hija que lo acompañan a cenar. Una charla bastante tensa de produce en el momento; la madre es la que la comienza.
-         ¿Dónde estuviste todo el día?
-         Laburando, no como vos que estuviste rascándote en casa y la otra caprichosa que no quiso ir al colegio.
-         ¡Cállate papá! Estuve todo el día con Rafael, mi novio.
-         ¿Así que tenés novio vos?
-         Sí vive acá a la vuelta, pero me dice que no quiere venir a casa, no sé por qué…
-         ¿Cómo se llama?
-         ¡No la interrogues a la nena!
-         ¡Callate vos y dejame que yo hago y pregunto lo que quiero!  Entonces hija, ¿cómo se llama?
-         Rafael.
-         Ah, estoy seguro que lo voy a conocer pronto…
-         ¡Más vale que no vayas a hacerle nada eh! Y vos dijiste que me ibas a llevar a Brasil…
-         ¡Te voy a llevar a Brasil el día que no te quejes o pidas cosas, Dios mío que insoportable!  Me voy a dormir no me jodan.
-         ¡Tomate la pastilla que después no dormís bien!
-         ¡Les dije que no me rompan las pelotas!
Luego de una tranquila noche, Benigno se levanta a las 6 a.m se baña, desayuna y va al cuartel; donde se encuentra con Fermín.
-         Oficial creo que encontré al montonerito que se hace el rebelde.
-         ¿Ah sí, dónde está?
-         A la vuelta de mi casa andá a buscarlo ya.
Luego de un par de horas vuelve con el sospechoso. Benigno comienza un interrogatorio hacia el acusado.
-         ¿Vos sos rebelde flaco?
-         No señor, yo laburo de policía.
-         Ah! Te veo cara de saber nombres de gente rebelde.
-         No…
-         ¡Decime ya! Si no lo hacés te puede pasar algo a vos o a algún ser querido tuyo.
-         No estoy seguro, pero creo que Jorge Ramírez anda en algo parecido.
-         La dirección, ¡YA!
-         9 de Julio 1352.
-         Andá a buscarlo Fermín, llevá a Antonio.
En media hora ya estaba de vuelta con la víctima, comienza un nuevo interrogatorio pero más agresivo.
-         ¡Estoy seguro que sos vos el montonerito que me hace todos los quilombos, vas mal eh!
-         ¡No hice nada ilegal señor!
-         ¡Yo digo lo que es legal y lo que es ilegal acá, no hables más! Llevalo al campo, Fermín.
Devuelta en la casa de Benigno, primero se encuentra con su hija; ella le habla de manera ofendida.
-         ¡Papá, Rafael me dijo  que le hiciste un par de preguntas, más te vale que no le hablés devuelta!
-         Fue un momento, pero no me jodas y andate a tu pieza niñita malcriada.
Llega la madre que escucha esa última frase, se saca la campera y le responde a su esposo.
-         No le digas así
-         ¡No me respondas!
-         ¡Te digo lo que quiero no me vas a callar!
Benigno la mira con furia, no aguantó y le pegó una cachetada violenta que la tiró al piso a su mujer. Ella comenzó a llorar mientras la hija miraba sin saber que hacer; el hombre de la casa le habla amenazando con volver a golpearle.
-         Hablame bien vos, imbécil…
-         Perdón, no quise hablarte así.
-         Está todo bien  mi amor, pero medí la próxima… Me voy a acostar.
A las 2 a.m tocan la puerta y atiende Benigno, era Fermín. Llegaba con la noticia de que el montonero ya no iba a ser problema para ellos, que ya lo habían eliminado. El almirante sonríe, saluda a Fermín y se acuesta con esa misma sonrisa macabra.

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