Jorge Rafael Videla estaba sentado en su sillón, como era su costumbre, mirando por la ventana. Observaba la gente ir y venir, los soldados caminando con sus armas, el cielo despejado con el sol calentando la Plaza de Mayo. En ese momento entró la hija, enojada y caprichosa como siempre, diciéndole que no quería estudiar más; entonces el padre se enfadó mucho por esta actitud, y le dijo que tenía que estudiar sino quería ser burrita, y no saber nada. Así que Jorge se decidió a buscar a alguien que sea feo, con defectos, para que su hija no se pudiera enamorar de él.
Buscó por todos lados, viajó al interior del país a ver si conseguía algún profesor hasta que encontró a Javier, un profesor de la provincia de Neuquén, este profesor no era feo de rostro, pero poseía un gran defecto, tenía una enorme joroba. Jorge pensó que ese era el profesor ideal para su hija, con joroba nunca se enamoraría, además le enseñaría latín, la lengua muerta.
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Un día Javier y Dolores, estaban sentados estudiando con el libro sobre la mesa circular de vidrio que había en la habitación, cuando de repente, sin querer, Javier se sorprendió porque la alumna era muy caprichosa y golpeó la mesa con su puño, haciéndola trisas. El ruido se escuchó por toda la casa, y en seguida todos subieron a ver qué había pasado, entró su padre y vio lo que Javier había hecho. Había trozos de vidrio desparramados sobre toda la alfombra, la hija en seguida empezó a gritar y llorar diciéndole que el profesor le había querido pegar, había esquivado el puño y roto la mesa. Jorge no sabía qué hacer, quería despedirlo, o mejor ponerle un castigo, pero pensó qué no encontraría otro profesor igual, entonces cedió y no hizo nada.
Dolores, al otro día, no sabía qué decirle a Javier, pensó que debería estar muy enojado entonces actuó tranquilamente. Empezaron a dialogar y ella le contó que su padre era un ser bondadoso y que nunca le haría algo malo, menos a un profesor de su categoría. Instantes más tarde entró Nicolás, el sirviente de la familia, trayendo una sola taza de chocolate caliente para la hija, entonces ella indignada le preguntó, ¿porqué no había para el profesor?, y el sirviente le dijo que siendo alguien tan repugnante y feo como él, no se lo merecía. Dolores, enojada, lo echó de la habitación y lo miró a Javier, pidiéndole disculpas por el hecho. Ella nunca le había prestado atención al rostro tan lindo que tenía el jorobado. Se lo dijo directamente, pero este no le creyó, pensó que era una broma pesada, ¿Cómo alguien se enamoraría de un jorobado?
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Estaban en la oficina dialogando Jorge con su hija, sobre el esposo que le había conseguido, un hombre inteligente, guapo, con adinerado y buen mozo. Llevaría dos meses y medio preparar el casamiento así que debían conocerse lo antes posible.
La noche posterior invitaron a Rodolfo (futuro esposo de Dolores) a cenar un rico pollo con papas, luego bailarían un jazz clásico como tradición de la familia. A las 22.00hs empezó el baile, Jorge le había ordenado a su esposa que tocara el saxofón como lo hacía en los viejos tiempos; la señora no se negaba a nada y aceptaba cualquier orden que le dieran, y más si eran impartidas por su esposo.
Nadie tocaba ese instrumento como ella, le ponía ritmo a la pista haciendo que Dolores y Rodolfo bailaran rapidísimo al compás de la canción. Como en la pista había solo dos, Jorge invitó a Nicolás y Javier a que se unieran a ellos, para hacer un baile más entretenido. Pero Javier, con su joroba, no podía ir a ese ritmo tan rápido, encima Nicolás lo molestaba y le pegaba para que siguiera bailando; hizo un esfuerzo terrible por seguir parado hasta que se detuvieron y Dolores pidió bailar con Javier.
La canción ya no era tan rápida, había pasado de un jazz rápido a uno mucho más lento, donde podían abrazarse y bailar por toda la pista, mirándose a los ojos y sonriendo. Pero a Jorge no le gustó la idea, se suponía que debían bailar su hija con su prometido, entonces terminó la alegría de ambos, saludó al prometido y lo sacó de la casa, y mandó a dormir a todos los presentes en la habitación; una vez mas había arruinado el momento entre Dolores y el profesor.
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Habían planeado esto todo el tiempo, se suponía que debían encontrarse en la habitación para huéspedes, se escaparían por la ventana y huirían hacia Mendoza; allí el profesor tenía unos primos con chacras en donde podrían trabajar. Sería un final feliz para ambos, vivirían para siempre juntos, tendrían hijos que cuidar, y toda una vida por delante, porque lo único que le importaba a ella era estar a su lado, con ese rostro tan alegre e iluminado que tenía su amado profesor. Estaba sentada en la cama esperándolo con entusiasmo. Pero comenzó a pasar el tiempo y comprendió que algo andaba mal, no se podía retrasar tanto; momentos más tarde entró la madre con cara de remordimiento, se dirigió hacia su hija y le contó lo que había sucedido. Sin ninguna razón, más por miedo, o porque era una señora muy dócil y obediente hacia su esposo, le contó a éste lo que los enamorados planeaban; ella no creía que la madre hubiese podido hacer algo así. De repente irrumpieron en la habitación Jorge y Nicolás con una bolsa larga que chorreaba sangre por toda la sala, en seguida Dolores miró a su padre y, comprendiendo lo sucedido, comenzó a llorar. Su amado ya no estaba.
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