Alberto- ¡Acá son todos unos idiotas! No se les puede confiar una tarea bien. No puede ser que me hagan una multa por dejar entrar a menores…
Román- Pero señor
Alberto- ¡Dejame terminar de hablar Román! Explíquenme, pedazo de inútiles ¿cómo van a dejar entrar a menores de 16 años?
Román- Señor, entran con documentos falsos. Perdóneme, ahora en la puerta voy a empezar a estar yo.
Alberto- Unos vivos bárbaros estos pibes. Bueno, más vale que así sea, sino los despido a todos. ¿Entendieron? Y a vos Román te tengo una tarea para hoy.
Alberto, el padre de Pía, le dijo a Román que controlara muy bien esa noche a su hija, ya que no quería a ningún chico cerca de ella a no ser que fuera Mauro, el hijo de su socio. Un chico apuesto, de la alta sociedad, al que conoce toda la familia.
A las dos horas Román se dirigió hacia donde estaba Alberto y le dijo que Pía estaba bailando con un chico que aparentaba tener unos 25 años, alto, morocho, pero que tiene un defecto, su ojo.
Alberto- No puede ser, mi hijita con ese flaco, que encima es cieguito el pobre.
Román- ¿Qué quiere que haga señor?
Alberto- Quiero que lo lleves a la sala de castigo y me avises cuando ya lo tengas ahí.
Román estuvo buscando al muchacho por todo el boliche, hasta que lo encontró en una pista de música electrónica donde se encuentran todas las parejas. Lo agarró del cuello y se lo llevó a la sala de castigo donde lo esperaba Alberto, sentado en una silla listo para interrogarlo.
Alberto- Así que vos, flacuchento, sos el que quiere estar con mi hija. ¿Cómo te llamás pibe?
Juan- Me llamo Juan Manuel señor. No entiendo por qué me trajeron acá si no hice nada malo.
Alberto- ¿Nada malo? ¡Estabas con mi hija!
Juan- ¿Con su hija? ¿Usted es el padre de Pía?
Alberto- Si. ¿Cuántos años tenés flaco?
Juan- Tengo 25, trabajo como profesor de matemática en el colegio donde va su hija.
Alberto- A perfecto lo tuyo. ¡Lo que faltaba! A ver si entendí cieguito, ¿sos profesor de mi hija y querés estar con ella? (se ríe burlonamente) patético.
Juan- Desde que la conozco que estoy enamorado, ¿usted no me dejaría… (Lo interrumpe Alberto)
Alberto- Encárguense de él (dirigiéndose a Román y los otros).
Al día siguiente el padre habla con Pía preguntándole si había visto a Mauro, ella le respondió que no quería saber nada con él, que estaba enamorada de otro chico.
El lunes en el colegio le llamó la atención no ver al profesor. Preguntó por él y le dijeron que se encontraba internado por un accidente que le había ocurrido el fin de semana.
Al salir del colegio, Pía fue corriendo hacia el hospital a visitarlo, y cuando lo vio le preguntó qué le había pasado, por qué tenía moretones en todo el cuerpo. Él respondió que su padre los había visto juntos y se lo llevó al cuarto de castigo.
Cuando Pía volvió a la casa, furiosa, le contó a la mamá lo que había pasado. Su madre le respondió que eso le pasaba por no seguir las instrucciones de su padre. Si él decía que su hija tenía que estar con Mauro, por algo era. Decía que él quería el bien para su hijita.
Pía- ¡Papá no entiendo por qué agrediste así a Juan!
Alberto- Se lo merecía, te dije que nadie va a tocar a mi chiquita, a no ser que sea Mauro y yo lo autorice, claro.
Pía- Pero papá ¡yo lo amo! Si me querés ver feliz dejame estar con él.
Alberto- Pía por favor, ya estás grande para esto. ¿A eso le llamás amor? Tiene 25 años y es tu profesor, ¡Encima tiene un ojo de vidrio! Eso ya es el colmo, con defectuosos no hijita.
Pía- No me interesa lo que digas, yo lo amo y voy a estar con él.
Cuando Pía se fue de la habitación llorando el padre realizó algunos llamados a unos contactos que tenía dentro del hospital.
Al día siguiente Pía fue al hospital a ver a Juan, pero tuvo una muy mala noticia. Juan había muerto por una sobredosis que le habían inyectado “accidentalmente” los enfermeros y su cuerpo no pudo resistir. Pía estuvo llorando toda la tarde como nunca antes lo había hecho. A su padre se le partía el corazón al ver así a su hijita, pero lo único que hizo fue darse media vuelta e irse, y conseguir que su hija lo odie de por vida.
Pía era consolada únicamente por la madre, ya que los demás tenían prohibido acercarse a ella por órdenes de su papá.
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