martes, 8 de noviembre de 2011

Problemas para estudiar, Sofi G.

En el año 1976, a comienzos de la época militar, una familia muy bien acomodada trataba de conseguir una excelente formación universitaria para su hija de dieciocho años y un esposo que fuera heredero de una gran fortuna, para que pudieran alejarse del país y poder tener una vida en libertad, lejos de la dictadura.
Una fría mañana de octubre, Omar llegó con un muchacho extraño a la casa. Era un profesor de veinticuatro años que acababa de recibir su título en los Estados Unidos y estaba dispuesto a enseñar todo lo que había aprendido. Era un muchacho de una altura promedio, pelo rubio, tez blanca y rasgos sublimes. 
Su hija, con gestos de desprecio hacia el muchacho, trató de disimular su atracción hacia él y continuar con los berrinches que su padre estaba acostumbrado a oír.
Omar- Bella, este es tu nuevo tutor, espero que te sea útil, y cualquier problema que se presente me avisas y yo me encargaré de él- dio media vuelta y se retiró con una mirada desafiante y una sonrisa pequeña dibujada en su mejilla izquierda.
Bella- ¿Cuándo piensas comenzar con mis estudios?, todavía no he decidido a que quiero dedicarme, pero seguramente optaré por matemática o algún cargo político.
Jack- Excelente idea, comenzaremos por lo principal para que yo pueda tener una idea de todo lo que hasta ahora has aprendido-calla inmediatamente y tuerce bruscamente la cabeza hacia un costado tratando de acomodar sus lentes de sol.
Bella- ¿No quiere quitarse esos espantosos lentes de sol? Me ponen nerviosa. Siempre miro a los ojos a mis tutores para tratar de hacer sentirlos incómodos-respondió impaciente.
Jack- Señorita, le puedo asegurar que me siento cómodo así, gracias de todos modos.
Bella- Le recuerdo que la que manda en esta bellísima mansión está sentada a su lado, y me gustaría ver sus ojos, porque me imagino que serán hermosos… como usted…- sonrojándose descuidadamente.
Jack- ¿Usted piensa que soy hermoso?-ríe irónicamente- se nota que aún no me conoce lo suficiente, si en realidad usted sintiera cierto afecto hacia mi conociéndome como en verdad soy,  yo estaría dispuesto a casarme con usted.
Bella no entendía a lo que Jack se refería, ella solo quería vivir como la chica rebelde a quien todos conocían, con un marido que la mantuviera, así ella podría librarse de sus estudios universitarios y oponerse a su padre como siempre lo había hecho.

Pasados dos meses, su padre, había encontrado a un rico heredero, que estaba dispuesto a tomar la mano de su hija.
Luego de la boda, toda la familia sería exiliada a Europa y podrían vivir en tranquilidad.
Sin embargo, Bella seguía enamorada de Jack, cada día que pasaba le era más difícil resistirse a su sonrisa, sus palabras, su cuerpo perfecto y sus labios provocativos.
Ella no pudo aguantar más su secreto y le declaró su amor esa misma mañana apenas lo vio.
Luego de que Bella hablara con Jack sobre sus sentimientos; se propuso a quitarle los lentes de su rostro bruscamente, pero su mano se vio forzada a retroceder, ya que Jack la sujetaba fuertemente y con unas palabras aclaró las dudas de esa muchacha engreída y egoísta:
Jack- Bella ¿Creo que todavía no has podido averiguar cuál es mi gran secreto y lo que oculto debajo de mis gafas ¿no?-y con un movimiento suave retiró sus lentes.
Bella al fin pudo ver  sus ojos azules como el océano, pero a pesar de que eran preciosos no podían mantener una mirada fija.
Bella- ¡Mi padre me ha traído a un ciego! esta vez ha caído muy bajo ¿en qué pensaba?- lo miró fijamente y le dio un beso dejándolo sin aliento.
Luego de besarlo, Bella se dio cuenta de que su sirviente los había estado espiando y se dirigía a contárselo a Omar.

Jack-Bella, no me conoces lo suficiente, no podemos estar juntos. Este trabajo fue una apuesta de los militares con tu padre, yo soy un pobre judío cuya familia ha sido asesinada antes de que consiguiera este trabajo y te conociera. Me están vigilando en todo momento y creo que no me queda mucha vida por delante.

Omar, furioso, entró a la habitación acompañado por siete sirvientes y tres militares, sujetaron al pobre muchacho y se lo llevaron. Bella angustiada se quedó inmóvil con las gafas en la mano y tímidamente le pregunto a su padre:

-Padre, ¿adónde llevas a mi profesor? Se ha olvidado sus gafas y creo que las necesita- dijo Bella sonriendo sarcásticamente.
-Descuida, creo que ya no le harán falta.

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