miércoles, 31 de agosto de 2011

Viejas relaciones, Nicolás D.

Y ahí estaba Sandoval, fijo, mirando el teléfono del juzgado que sonaba y sonaba desde la mañana temprano. Se negaba a atender. Estaba pensando desde temprano, pero no sabía bien en qué lo hacía, tenía la mente en blanco.  De pronto, con un brusco movimiento levanta el tubo del teléfono y dice con vos fuerte y enojada “¿Quién es?”.  Fue algo extraño en él, no había usado su famoso saludo “Buenos días, juzgado de instrucción”, que simplemente lo hacía por orden del juez Fortuna. Del otro lado del teléfono respondió un hombre, con una vos casi conocida para Sandoval; era Morales.  Le dijo que se encontraba en la ciudad  y que necesitaba hablar urgente con él, aunque su relación no había sido directa desde hacía años, que por esos tiempos su relación se basaba únicamente por parte de Chaparro. Decidieron verse esa misma tarde en el café de la estación de Once. Cuando colgaron el teléfono, Sandoval se quedo más quieto y pensante que en lo que iba de la mañana,  de la semana, o mejor dicho, de toda la vida. Tenía miedo, no sabía que pasaba, suponía que podía ser, pero en su cabeza pasaban miles de suposiciones, y eso no serbia de nada. Pero a lo que le temía mas era a revisar sus recuerdos, y volver a caer en viejos huecos.
 Ya hacían dos años que chaparro se había exiliado hacia Jujuy debido al consejo de Báez, luego de que los matones de Romano hayan destruido su casa, a razón de que Gómez había desaparecido. Dos años no es nada, y a la vez, es mucho.
Sandoval miro su reloj mientras entraba por las puertas de la confitería, eran las 4 en punto. Miro hacia las mesas y rápidamente ubico a morales y se dirigió hacia él. Morales saco  unos papales y se las mostro a Sandoval. Hablaron menos de 10 minutos y no pidieron nada. En esos tiempos Morales le dio a Sandoval la noticia de que el oficial Báez estaba buscando respuestas a qué paso con Gómez, y lo estaba haciendo de una forma que había pocas probabilidades de que no llegue a su fin, no iba a dejar de buscarlo hasta encontrarlo. Quería sacarse la duda si es que había sido Morales o no, capas había sido un hombre cualquiera, y lo culpaba a este pobre hombre. Sandoval le dijo que se ocuparía de esto. Se despidieron con un fuerte apretón de manos, como si estuvieran bien convencidos que lo que había hablado en esa mínima charla y de lo que debían hacer.
Al día siguiente Sandoval se dirigió a las oficinas de Báez. Hablaron un largo rato. Como de costumbre tomaron varias tazas de café, mientras Báez le mostraba lo que había averiguado él solo, porque la investigación era extraoficial, porque solo era por interés de él saber que había pasado en realidad con Gómez. Sandoval le ofreció su ayuda para ese caso.
La búsqueda de pistas y datos fue larga, en 7 meses que iban de búsqueda, Sandoval le dijo a Báez que solo había logrado hablar una sola vez con Morales, y que no había logrado sacarle más que un par de palabras, por lo contrario, Báez no había ni siquiera contactarlo a Morales.
Así paso el tiempo hasta que Sandoval le llevo  Báez un expediente de lo que había logrado investigar, en el cual habían un par de pruebas y razones de que Gómez no podría haber sido secuestrado por Morales, sino que había sido una patota de paramilitares de otro grupo que se enfrentaba al de Romano. Báez no lo podía creer, todo ese tiempo creyó que el inocente de Morales había sido el culpable. Luego de esto Morales quedo exento de todos los pensamientos culpables y dudas. Pero Báez quedo pensando un largo tiempo, pobre hombre Morales, se decía a sí mismo y en voz alta al mismo tiempo, tratando de comenzar una charla con Sandoval , que se encontraba sentado en la silla del otro lado del escritorio, y que no hablaba desde que le había mostrado el expediente. Báez levanto la mirada y fijo sus ojos en los de Sandoval:
-          La verdad, la única frase que describe a Morales es “pobre hombre”. Le mataron a la esposa, se supo quien fue el asesino, y apenas entra a la cárcel lo sueltan. Pero lo peor es que ahora no sabe donde esta, si está bien o no, si lo mataron o no, pero eso seguro no le interesa, porque creo que lo único que querría Morales seria tenerlo al frente y destruirlo, pero hacerlo él mismo, y no otro. O no Sandoval? Vos que pensas?
Sandoval tardo en responder:
-          Creo que es así como usted lo dice, Báez.
Sandoval se levanto predispuesto a irse. Báez se levanto para saludarlo:
-          Entonces queda así, no hay nada más que hacer.
Sandoval asintió con la cabeza, extendió su mano y se saludaron. Dio media vuelta y salió. Tomo el colectivo y se fue a su casa. Al entrar no había nadie en la casa y decidió acostarse.
A media noche se levanto bruscamente y tomo el tubo del teléfono. Llamo, sonaba y sonaba, hasta que un hombre atendió. Sandoval dijo:
-          Ya esta, solucione todo, por fin va a sufrir ese hijo de puta sin que nosotros estemos en riesgo.
-          Gracias Sandoval, en serio. Y hablando de otra cosa, perdón, perdón por tantos años de indiferencia, cuando te encontré en el juzgado con Chaparro me paralice, no sabía qué hacer, por eso te desconocí, y por lo que vi también te paso a vos. Todavía me acuerdo de aquel día, nunca lo voy a poder olvidar. Creo que lo mejor sería no volver a hablar nunca más, sería un peso menos, perdón. Y lo último, creo que Báez tiene derecho a saber la verdad, llamalo.
-          Seguro Ricardo? Está bien. Yo tampoco lo voy a poder hacer, aunque quiera, ese día no se va a borrar nunca. Chau Ricardo, hasta nunca, amigo.
Sandoval cortó el teléfono y tardo en reaccionar. Al rato disco el teléfono de Báez. Atendió en al instante.
_ Oficial Báez, diga.
-Mire, Báez, no lo voy a hacer perder mucho tiempo, pero necesito decírselo. Lo que le voy a decir quiero que quede en usted y solo usted, y que nunca más tengamos conversación alguno sobre esto. Vio el expediente que le lleve hoy? Bueno, es falso. Ningún grupo secuestro a Gómez, fueron dos secuestradores, Morales y yo. Usted se preguntara porqué yo, porque lo de Morales ya lo sabe. Esto nadie lo sabe, es una mancha negra de nuestros pasados. Conocí a Morales en la escuela primaria, fuimos grandes amigos. Su familia me apreciaba mucho. Un día, estábamos volviendo a la noche del circo con su mama, y de pronto nos ataco un hombre, pensamos que nos robaría, pero no, ojala hubiera sido eso. Nos obligo a entrar en una casa pequeña. El hijo de puta nos sentó en el piso y nos obligo a mirar como él violaba y mataba a la madre de Ricardo. Fue horrible. Cuando nos rescató la policía, no volvimos a hablar nunca, hasta que pasó lo de Liliana y lo vi ingresar en el juzgado con Chaparro. Nunca supimos quién fue, pero seguro vivió en libertado por el resto de su vida, y nos aseguraríamos de que no pase lo mismo con Gómez. Por eso decidimos secuéstralo ese día. Lamentablemente no le puedo decir que paso luego, pero espero que me entienda. Perdón si se ofendió, pero hay cosas que te marcan, y esas cosas no debe volver a pasar.
Báez no pronuncio palabra, solo se inmovilizo y colgó. Sandoval esperaba eso.
“Dios, por favor perdóname, pero antes de eso, entiéndeme”, pensó Sandoval, mientras acomodaba la almohada para volver a dormir.

1 comentario:

  1. El escrito esta bueno!, la introducción es atrapante, luego se diluye un poco en el desarrollo y se vuelve a poner emocionante en el final. Nota: 2 (dos)

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