domingo, 7 de agosto de 2011

Y todo por una medalla, Laura V.

Y  todo por una medalla de plata y un par de ojos celestes.

Era un agradable medio día en el que se encontraban una centena de personas en el concurso  más importante del año para el remo en la ciudad de Sídney. Toda esta gente asistía puntualmente para el apoyo de sus seres queridos y sus fanáticos.
   En el concurso sólo participaban las mujeres cadetes y las mujeres mayores, ambos grupos debían ser federadas y mejor aún federadas olímpicas. El elogio era principalmente para Sara Lamas, la campeona 2010. Todo el mundo creía que ella iba a ganar el torneo 2011, y así fue […]
   Rachel Taylor, atleta olímpica, fue la que quedó en segundo puesto, recibió su medalla y para festejar su triunfo decidió ir a comer con su abuela Susi,  ya que ella no se encontraba en su mejor momento. Al salir del torneo, fue hasta la parada de la esquina para tomar el taxi e irse rápido a almorzar con su querida abuela.
  Al subirse al taxi lo único que sintió fue ansiedad y felicidad. Después de cinco minutos se designo a mirarle la cara al conductor por el espejo retrovisor. Sólo veía sus ojos celestes y le provocó tanto misterio conocer más de él que decidió hablarle […]
-          ¿Con veinte me alcanza no? –Dijo Rachel con miedo.
-          Sí. –Contesto muy cortante el taxista.
No pretendió hablarle más, se sentía designada de la mala onda que llevaba el misterioso hombre de ojos celestes. Al bajarse del taxi, agarró su bolso donde se encontraba toda su indumentaria, la medalla y sus cremas para colocarse después de competir, y le pagó con los veinte euros que llevaba para pagarle. El taxista le termino devolviendo dos euros y rápidamente se bajó del auto despidiéndose. Él, descortésmente, no respondió y aceleró su auto, hasta no verse más.
  Rachel entró a la casa de abuela, la saludó y se sentaron a almorzar. Comieron, charlaron, brindaron y la pasaron hermoso. Al momento en que la abuela le pidió que le mostrara la medalla para tomarle la foto con ella, Rachel decidió ir a buscarla mientras que la abuela la esperaba en la sala de estar. Al regresar Rachel no podía evitar la cara de pánico y disgusto.
-          ¿Qué pasó Rachel? –Preguntó la abuela Susi.
-          No la encuentro abuela, la perdí. –Respondió lamentándose.
    Luego de dos minutos de desesperación y ni una palabra acudida, Rachel abrió la puerta por la que entró y comenzó a correr sin ningún otro fin que encontrar la medalla. Todo ciudadano de Sídney podía ver cómo ella corría angustiada. Recorrió todas las empresas de taxis de la ciudad y después de catorce horas, (entre medio, su desahogo en un plaza conocida de Sídney) pudo llegar a encontrar la empresa…. Se llamaba Fast Taxi. Preguntó por el taxista que había tenido un viaje dieciséis horas atrás y que había ido del torneo de remo hasta la calle San Verde al 1750. El secretario acudió al teléfono del conductor de los misteriosos ojos celestes y a los dos minutos llegó. Ella le pregunto si había encontrado una medalla tirada en asiento trasero, y él respondió que sí y que se la daba con gusto. Rachel no podía creer que el hombre había contestado a su pregunta y con respeto, por lo que se dirigió caminando por la misma calle que se encontraba el taxista con su auto. Él noto que ella se encontraba excitada y con miedo, entonces se acerco a ella rápidamente y ofreció a llevarla. Rachel contesto que sí, entonces al subirse al auto el taxista le dice:
-          Quise tratar de encontrarte antes, me fascina el remo y soy tu fan número uno. Sabía que te ibas a poner así cuando sepas que no tenías tu medalla. Te admiro.
-          Créeme que no lo puedo creer, muy pocas personas hay como vos. –Contestó Rachel.
Así fue como ella pudo comprender que él no le hablaba, por los nervios de tener a su ídolo en su auto como un pasajero. Así…respetuosamente fue como transcurrió el viaje, con una charla agradable sobre lo que le había sucedido a cada uno. Cuando Rachel llegó a su casa, el taxista la invitó a tomar todos sus viajes de allí en adelante gratis, por lo que ella aceptó y así pasaron dos meses. Cada día un poco más se conocían y luego de dos meses y medio pudieron tener su primera cita. Él ya no la tomaba como su ídola, sino como su mujer, la persona que lo acompañaría por el resto de su vida. Esa misma noche, la de la cita, el consiguió la mano de Rachel, se casaron y se mudaron a una cuadra de la abuela Susi.
   Rachel hasta ese entonces continuaba con el remo, su deporte favorito, y Juan Killer, el taxista, su trabajo como el de siempre. Él amaba ir a a verla competir y llevarla a todos los lugares posibles para ser felices.
   Un año se cumplía de la primera vez que se vieron. En ese entonces era el torneo 2012, ella se iba a presentar como todos los años y él la iba a ir a ver. Lamentablemente quedó en el último puesto, nadie lo podía creer. Término el torneo, ella se subió al auto y nunca jamás se supo de Rachel Taylor.
   Los ojos celestes de Juan Killer, desde el primer momento eran sospechosos, guardaban ironía, pudor y sobre todo competencia. Él no soportaba ver a su ídola perder, su ejemplo a seguir. La había matado, no aguantaba las críticas de los diarios o noticieros. Fue así como la gente de Sídney aprendió lo que una persona puede hacer por amor y competencia.

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