miércoles, 31 de agosto de 2011

Por qué. Aldi


A esas horas de la madrugada, con los litros de café que había tomado y con la cabeza a punto de estallar, que entre alguien a resolver los casos por mi iba a ser como un milagro del cielo.

Me encontraba en mi estudio, con el escritorio lleno de migas, testimonios, imágenes y cintas de video. Nada de esto era extraño, debido a mi personalidad, no importaba la hora que fuese no iba a renunciar a ningún caso ni defraudar a ningún cliente. Lo extraño sucedió al otro día a la mañana, cuando mi compañero Pablo Sandoval me levantó la cabeza del escritorio y pronunció unas palabras, que en mi desconcierto no entendí, le pedí que se tranquilizara y pude darme cuenta de que lo que había dicho era: “Tengo un asesinato”.

En ese entonces Pablo trabajaba en un tribunal de justicia de Buenos Aires, y cada vez que algún extraño crimen pasaba por sus manos, el acudía a mí, un investigador privado de los bajos de la ciudad que, aunque nadie me lo pidiera, no me costaba mucho ponerme a investigar. Juntos éramos un equipo imparable. Esa mañana Pablo me contó acerca del  asesinato de una joven, Colotto, Liliana Colotto. Como era de esperarse, el hijo de puta de Romano, un compañero de Pablo, se hizo el boludo para no tener que laburar y el caso le fue designado a Sandoval.

Liliana Colotto, una joven de 29 años, casada con Agustin Morales, estaba sola en su casa el día del asesinato. Su marido estaba en un viaje de trabajo, encontraron la puerta de la casa abierta, lo que llamó la atención era que la cerradura de la puerta no estaba violada, por lo que la víctima conocía a al criminal y lo dejó pasar, quizás ingenuamente, a su casa. (REVISÁ LA PUNTUACIÓN DE TODO EL PÁRRAFO, HAY MÁS DE UNAIDEA Y NINGÚN PUNTO)

Enseguida fuimos a la escena del crimen, mientras llegábamos yo llamé a un conocido en la comisaría que estaba a cargo del hecho. Baez, no nos pudo dar más información de la que ya sabíamos, pero nos pidió que nos encargáramos del marido al que todavía nadie lo había llamado para darle la noticia y él estaba bastante ocupado con los problemas de la comisaría. Una vecina nos dio el teléfono de Morales, pero nos daba el contestador entonces le dejamos un teléfono diciéndole que era una emergencia y que nos llame cuando haya recibido el mensaje.

Entramos a la habitación donde mataron a Colotto, ella estaba tirada en el living, con cinco puñaladas en el abdomen. Sobre la mesa había dos tazas de café casi terminadas, una para ella y otra para el asesino, por lo que llegamos a la conclusión de que después  de haber estado un rato en la casa ocurrió el crimen. Liliana estaba en bata, esto dice la gran confianza que tenía con esta persona, ya que nadie le abre la puerta a un conocido y se pone a tomar una taza de café con esta persona a medio vestir. Al lado del teléfono había un número anotado y las letras “I.G”. Anoté el número en la palma de mi mano y cuando llegamos de vuelta a mi estudio llamamos. Atendió un hombre, le preguntamos si podíamos encontrarnos, que era por el asesinato de Liliana Colotto. Nos encontramos en un bar del barrio de Once, Isidoro Gomez era el nombre. Entró como asustado, con miedo, algo me decía que estábamos cerca de resolver el caso. Le preguntamos de dónde conocía a Liliana y por qué ella tenía su teléfono anotado en la escena del crimen. Isidoro respondió a todas nuestras preguntas y quedamos en mantenernos en contacto. Al otro día nos llamó el marido de Colotto, le contamos lo sucedido y volvió a Buenos Aires.

En fin, Agustin Morales, si, Agustin Morales fue el asesino de Liliana Colotto, el marido. Nunca se fue de viaje, estuvo en un hotel a dos cuadras de su casa todo el tiempo, la multa que le hicieron un día antes del asesinato en la vereda del hospedaje lo delató. Esa mañana vio cuando se fue Gomez, entró a la casa y tratando de disimular lo que fue un feroz ataque de celos, creó una escena a su mujer, diciéndole que llegó antes de viaje, se sentaron a hablar hasta que el explotó y la acuchilló. El shock del momento lo hizo huir, por eso no atendió el teléfono.

Yo le dejé el caso a la policía. De la mitad de lo que les estoy contando me enteré por los noticieros.

1 comentario:

  1. La verdad qeu qeude muy impresionado/a cuando leí este cuento... la trama de la historia esta planteada de una forma en la cual necesitas seguir leyendo para llegar al final y encontrarte con ese increible desenlace, FELICITACIONES ALDANA ! veo una prometedora y futura escritora

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