domingo, 7 de agosto de 2011

Una gran equivocación, Sebas R.

Una gran equivocación

Hola mi nombre es Alex, soy peruano y vivo en la ciudad de Huancayo. Soy conocido en mi pequeña ciudad, la mayoría de las personas me llaman zapatero, aunque no por mi profesión, sino por una larga historia que tuvo lugar aquí.
Un dos de Enero todos los pequeños del pueblo nos levantamos y no encontramos nuestra zapatilla del pie izquierdo. Todos salimos a la calle calzados con una sola zapatilla, nuestros padres, al darse cuenta llamaron a la policía porque evidentemente había sido un robo.
La policía derivó el caso al detective del pueblo, Don Ramón. Ese día nos hicieron preguntas a todos los niños y a los padres también. Al finalizar el día el detective no encontraba pistas que lo lleven a la resolución del caso, ni siquiera a un supuesto sospechoso. Se encargo de revisarlos nuevamente, y ahí fue cuando se dio cuenta que le faltaba una persona por entrevistar, la cual no había querido responder. Él era el mayor sospechoso, Walter el rengo. Al darse cuenta que Walter no había contestado al cuestionario se dieron cuenta de que el crimen estaba casi resuelto, únicamente faltaba encontrarlo.
Walter había tenido un accidente de pequeño donde había perdido la pierna izquierda. Por esas características los demás niños se burlaban de él diciéndole rengo. Ramón llego a la conclusión de que no quería a los niños por que se reían de él. Quién mejor sospechoso que Walter; él había sacado todas las zapatillas izquierdas para que los demás niños sintiesen lo que era en verdad ser rengo. Por eso él no había querido responder a las preguntas.
Esa noche lo esperaron frente a su casa. Esta estaba toda apagada y cerrada; tocaron una y otra vez la puerta pero nadie respondió. A media noche en la sombra de la luna vieron aparecer una silueta que se estaba moviendo; sí, era él, era el prófugo. Sin poder entrar a su casa se lo llevaron detenido, aunque nunca encontraron todas las zapatillas robadas, las pruebas para pensar que era el culpable eran suficientes. Hoy con 60 años de edad lo que aun no entiendo es porque Walter nunca dijo nada, por qué no peleó por su libertad; tal vez porque no tenía familia y se sentía mejor allí, acompañado por los demás presos; también llegue a pensar que él había cometido otros crímenes y creía que se merecía estar allí. En realidad todavía no lo  entiendo y va a seguir siendo un misterio. Luego de tres días de estar encerrado en la cárcel Walter muere y nunca nadie supo bien por qué.
Aunque había un solo secreto que yo solo sabía sobre Walter, nadie mas lo sabía; él no había sido el culpable del robo, y de eso estaba seguro porque el único responsable de todo lo sucedido había sido yo.
Desde pequeño todos los cinco de enero a la noche mis padres me hacían dejar mi zapatilla izquierda bajo el árbol de navidad. A la mañana siguiente había regalos; pero al salir a mostrarlos siempre me sentía mal porque todos los niños tenían más juguetes que yo, por lo que decidí no jugar mas con ellos. Lo que no me parecía justo fue que todos los nenes podían jugar con sus regalos y yo no, debido a esto decidí realizar una prueba. Así ese cinco de Enero todos pusimos nuestra zapatilla derecha bajo el arbolito para que todos tengamos la misma cantidad de regalos.
Ningún detective pudo siquiera sospechar de mi, ya que tenía una familia humilde y trabajadora. Cuando mi madre se enteró lo que había hecho me hizo devolver de a una cada zapatilla que había tomado prestada para mi “experimento” y pedir perdón a los nenes y al pobre Walter que había pasado sus últimos días en la cárcel.    

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