miércoles, 31 de agosto de 2011

Una carta para mi tan querido hijo. Giuli


Hoy 2 de Enero de 1980 he decidido dejarte escrita esta historia hijo, no sé cuánto tiempo más me quede de vida y hoy he soñado con un gran amigo y compañero, Benjamín Chaparro, recordé un caso en el que trabajamos juntos y como vos querés trabajar de lo mismo que yo, me pareció que estaría bueno que conozcas este ámbito.
El 30 de Mayo de 1968 me llamaron a mi oficina por un caso de homicidio. Acudí inmediatamente a la escena, era una casa vieja y grande que estaba dividida en departamentos, en uno de ellos vivía un matrimonio joven, ella se llamaba Liliana Colotto y tenía aproximadamente 23 años de edad, él trabajaba en una sucursal de banco, se llamaba Ricardo Agustín Morales y yo creo que jamás hubiera imaginado que aquella mañana iba a ser la última vez que viera a su esposa. A mí, recuerdo que me tocó tomarle la declaración a la vecina del departamento  3, quien era muy chusma, nos había dicho que Ricardo era alto y rubio y que él había salido a las 7:10, 7:14 y ella había escuchado gritos más tarde, además de que había visto salir del departamento a un hombre petiso.
Estaba en la habitación cuando Benjamín llegó, le estreché la mano, abrí mi libreta de anotaciones y le leí la declaración de la vecina. Recuerdo que en ese momento estaba muy enojado porque el tipo de las pericias no había llegado y hacía 3 horas que lo estábamos esperando. Cuando el médico llegó Chaparro y yo nos dirigimos hacia la sucursal del banco para informarle lo sucedido al esposo. Ahora me estoy acordando de que fui yo quien le tuvo que contar y realizar el interrogatorio al pobre hombre.
Un par de días más tarde me llamó Chaparro para contarme lo que había sucedido: Romano, había encarcelado a los 2 albañiles que estaban trabajando en el departamento 8, me pareció extraño ya que algunos vecinos me habían dicho que ese día los albañiles no habían ido a trabajar. Recuerdo que Benjamín, muy enojado, me dijo que los habían golpeado brutamente, pero que ya estaba todo bien y ya los habían largado. Días más tardes me contó que lo había echado del juzgado a Romano.
Un mes más tarde Chaparro vino a verme a homicidios, y me contó que había hablado con Ricardo y le había mostrado un par de fotos de cuando Liliana estaba en la secundaria. En una de las fotos se podía ver a Liliana bailando y un hombre de estatura muy baja mirándola, parecía que se la estaba comiendo con la mirada. Recuerdo que al ver la foto le pedí a mi compañero Leguizamón que buscara inmediatamente a ese hombre llamado Isidoro Gómez porque si él era el asesino probablemente ya había desaparecido. Le expliqué a Benjamín mi hipótesis sobre lo ocurrido y antes de las 7 de la tarde lo llamé y le di las noticias que me había dado Leguizamón, estas eran que Isidoro había desaparecido hacía 3 días, y le había dicho a su jefe que se volvía a Jujuy porque su madre estaba muy enferma, la otra noticia fue que Isidoro nunca llegaba tarde a trabajar y este año había llegado tarde solamente un día, el día del asesinato de Liliana, que había llegado 2 horas y media más tarde.
Luego de unos años, Isidoro Gómez estaba viajando en tren sin boleto, cuando el policía se lo pidió, Isidoro le dijo que seguramente se le había caído en la calle, el policía lo subestimó e Isidoro le pegó una piña, los policías lo mandaron a investigar y fue así como lo encontramos. Vos eras muy chico y nosotros nos habíamos ido de vacaciones a España a ver a tu tía Regencia. Como nosotros no nos encontrábamos en el país, Chaparro tuvo que interrogar a Isidoro. Sandoval, su gran amigo y compañero, lo había ayudado y habían logrado que Isidoro contestara, 70 minutos había estado declarando, me contó Chaparro cuando volvimos del viaje, también me contó que Isidoro no paraba de mirar a Sandoval.
Unos años después me encontré a charlar con Chaparro, las cosas iban muy mal; Isidoro estando en la cárcel se había mandado una de las suyas: se metió en una riña que casi lo deja frío. Al parecer, se había hecho el malo con los dos tipos más buenos del pabellón y lo cagaron a goles, pero dentro del penal habían armado como un centro de inteligencia y quien estaba a cargo de ese asunto se hacía llamar Peralta, él fue quien en las listas de amnistía colocó a Gómez. Isidoro había entrado en la cárcel poco menos que rugiéndole a los leones según lo que nosotros pensamos esa había sido la razón por la que lo habrían colocado allí.
El 29 de Julio, Benjamín me llamó muy asustado y me pidió por favor que nos juntáramos en una plaza cuyo nombre no logro recordar, recuerdo que estaba en la calle Pueyrredón. Cuando nos encontramos me dijo que la noche anterior él estaba en un bar con Sandoval y alguien había entrado a su casa y le había roto todo, pero que al ir al baño se dio cuenta de que en el espejo había una nota que decía: “Vamos a reventarte, esta vez te salvaste de casualidad”. Luego de pensar unos minutos, le ofrecí mi ayuda ya que él no podía volver a su casa por que desaparecería. Le preste un poco de plata y le alquilé una habitación en la pensión “Lasiumf”, las habitaciones eran muy simples, un baño, una cama, un comedor, balcón con vista a la placita del barrio y, además, tenían limpieza todos los días. Alquilé la pensión con el nombre de Abel Rodríguez por las dudas de que alguien lo haya visto entrar o salir. Una semana más tarde, le dejé un recado con el secretario de la pensión para que nos encontráramos en un pobre bar para contarle lo que había logrado averiguar: Romano estaba comandando un grupo de secuestradores, uno de sus matones preferidos se llamaba Isidoro Gómez y lo estaban buscando a Chaparro para matarlo, por eso me atreví a ir a la terminal de ómnibus y sacarle un pasaje para San Salvador de Jujuy, que saldría ese mismo día a la medianoche. Chaparro quedó sorprendido hasta que le expliqué que Romano lo estaba buscando porque hacía unos días Isidoro había desaparecido y creía que era él quien lo había secuestrado. Cuando se tranquilizó un poco fuimos hasta la estación y nos sentamos en un banco. Charlando llegamos a la conclusión de que Morales había sido quién secuestró a Isidoro, pero por lo que él había hablado con Benjamín supusimos que no lo mataría.
Le di la dirección del tío Aguirregaray, en olivos, él tenía contactos allí y me dijo que le iba a conseguir el mismo puesto que tenía aquí en Buenos Aires. Apenas despedí a Chaparro lo llamé al tío y le dije que mi amigo estaría llegando en unos días.
Es el día de hoy que no sé nada acerca de Benjamín Chaparro, sólo sé que está viviendo en Jujuy y por lo que me contó el tío, se casó con una muchacha. Hijo, espero que esto te sirva para que sepas que algunas personas pueden tomar las cosas para mal. Además espero que el día de mañana esta carta te sirva para aprender a suponer algunas cosas.
Te amo, tu papá
Alfredo Báez.

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