miércoles, 31 de agosto de 2011

Inesperado, César


A las siete de la mañana, del día de San Valentín, Ernesto Gómez encendía su noveno cigarrillo “Particulares”, y lo apoyaba en su cenicero colmado de colillas,  pestilente, al igual que su oficina,  cuando sonó su teléfono celular. Era  el comisario Alberto Morales quien con voz  temblorosa le informaba de un asesinato, pero no era un asesinato más: la íntima amiga de Morales, Liliana Colotto había sido encontrada por el novio muerta en su departamento.
- No puedo creerlo, yo la vi anoche y estaba muy contenta con su próximo viaje a Brasil, dijo el comisario.
-Lo lamento mucho, desde ya contá con mi ayuda para lo que necesites, dijo el detective Ernesto Gómez.
-Te lo agradezco mucho, la verdad que necesitaré  de tu ayuda, ya que no hay rastros del asesino.
- ¿Dónde fue la escena del crimen?
-En su departamento, En el barrio Balbanera, en la calle Yan llore 1439, 7mo “A”.
- Ya mismo salgo para allá, dijo Ernesto.
-Muchas gracias, Adiós.

Gómez tomó un taxi, y fue a la escena del crimen, donde se encontró con el ayudante de Morales, Ariel Romano, quien le contó que a la víctima la habían encontrado en la bañadera, con marcas en el cuello, por lo que parece que fue una estrangulación, y también tenía doce puñaladas, pero no fueron de cuchillo, sino de un destornillador Philip.
- Aunque sea, hay dos sospechosos: el chico del delivery, un oriental llamado Park Ji Chaparro, que todos los días le traía a Liliana la vianda; y el otro posible asesino, es el novio de ella, Mariano Sandoval, aunque parece muy afligido y descontrolado por la noticia, es mas, amenazó con suicidarse, dijo Romano.
En ese instante, Ernesto sacó de su bolsillo unos guantes de látex, y una lupa, para comenzar a observar y a buscar algún rastro del asesino, ya sea una huella, una pulsera, un pelo, o cualquier otra cosa.


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Eran las seis pm, y Ernesto estaba sentado en el living de su vieja y descuidada casa, leyendo el expediente del caso Colotto, que había hecho el juez de la causa, Paulo Báez.
Gómez, presentía que había algo más que amistad entre Liliana y Alberto Morales, pero no quiso hacer conjeturas, ya que no le parecían necesarias en ese momento.
El detective, comenzó a pensar y razonar quién podría haber sido el asesino, así que comenzó por los sospechosos: El repartidor que veía a diario a Liliana, Park Ji Chaparro. Este era un hijo adoptado de una familia oriental, a quien su padre maltrataba a diario, motivo  por el cual Park Ji había forjado una personalidad complicada. Podría haber cometido el homicidio, pero la pregunta que rondaba en la cabeza de Ernesto era, ¿Por qué?
La otra cara pegada en la pizarra de los sospechosos era la del novio de ella, Sandoval, quién jura no haber tenido nada que ver en esto, pero lo raro fue que justo en el momento del homicidio, el novio no estaba en el departamento con ella, sino que había ido al auto a buscar el regalo que le había comprado a su novia por el día de San Valentín, y aseguró que cuando volvió había sangre  en el baño, y al abrir la cortina de la bañadera se encontró con el cadáver de su amada novia.
Minutos después, Ernesto se da cuenta que está muy cansado y decide ir al bar a tomar un whisky de mala calidad, lo que solía decir que era su dieta, cuando comienza a rondarle en la cabeza, la relación entre Morales y Liliana Colotto. Él creía que Alberto quería ser algo más que amiga de Liliana, pero que como era muy tímido, nunca se atrevió a confesarlo. 

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A la mañana siguiente, Gómez comenzó a hacer preguntas en los departamentos vecinos, y en los negocios cercanos, para ver si alguien había observado algo anormal ese día.
Todas las personas parecían no saber nada, menos una vecina del 7mo “D”, quién dijo haber visto algo, pero que no se lo diría a la policía, ya que la relación entre ella y la víctima era muy mala, debido a que Liliana le había pedido una vez un huevo, y nunca se lo devolvió. La policía insistió mucho hasta que logró obtener las palabras de la vecina. Ella dijo que había visto salir al novio (que lo conocía ya que lo veía regularmente), y que dos o tres minutos después un hombre con un ramo de rosas entró en el departamento de su vecina.
Estaba claro que el asesino era el hombre con las flores, pero, quien era? A la vecina le llevaron las fotos del repartidor del delivery, pero la anciana dijo que no era él, sino un hombre alto, con campera de policía, lo cuál dejo boquiabierto a los uniformados, ya que no tenían ni una pista de que agente podía ser, por lo que decidieron ser cautelosos con esto, y no comentarlo a nadie.
El detective de la causa, Ernesto, comenzó a descartar sospechosos de la lista, en la cual estaban todos los policías, pero nadie conocía a Liliana, excepto Morales, por lo que todo se tornaba muy confuso. Gómez investigó en secreto a Morales, y se dio cuenta que verdaderamente el comisario estaba loco por Liliana. Ya que el perfil del asesino no encajaba con ninguno de los policías Gómez, para despejarse una duda, lleva una foto de Morales a la casa de la vecina, para descartar la idea que el comisario haya matado a Liliana Colotto. Fue en ese momento, cuando la señora comenzó a llorar, diciendo que el fue el hombre que había visto entrar con las rosas en la mano.
Gómez, sorprendido por la noticia, y a modo de estrategia para ver si el había cometido el asesinato, decide llamar al comisario Alberto, para ver como se había enterado de esa desgarradora noticia; este tartamudeó unos segundos, y luego colgó, por lo que el detective tenía cada vez más la certeza de que Morales la había matado.
Supuse que, por el ramo de flores, el comisario había confesado su amor por la víctima, pero esto tuvo que haber sucedido en un lapso muy pero muy corto, ya que fue en el momento que su novio fue a buscar el regalo del día de San Valentín.
Gómez toma el colectivo veintinueve, y va al juzgado, donde le muestra al juez Paulo Báez el video con el testimonio de la vecina culpando a Morales; entonces, el juez autoriza a que proceda a detenerlo y procesarlo.
El detective junto a los policías uniformados, van a la casa del comisario, y como éste se resiste a abrir, rompen la puerta, y lo detienen. Luego es trasladado a la comisaría para dar testimonio, en el cual dijo:
-          Yo la amaba a Liliana, desde el momento en que la conocí supe que era la mujer de mi vida, pero nunca me atreví a confesarle mi amor por ella; hasta que lo hice ese maldito día de San Valentín, ya que me parecía la fecha correcta. Le compré flores y fui a verla, justo en el momento que el novio salía de recepción, donde yo estaba escondido, salí corriendo desesperadamente a su departamento, toqué timbre y abrió. Le confesé mi amor por ella y me dijo que era un demente, y dijo que solo quería ser amiga mía, nada más. En ese momento le quise dar un beso,  me dio una cachetada y tomó el celular para llamar al novio, fue ahí cuando me puse violento. Agarré la caja de herramientas que estaba sobre la mesada  saqué un destornillador, la empujé hasta el baño y ahí la maté…no soportaba la idea de vivir sin ella.
-          ¿Algo más?, agregó el detective.
-          Si, quiero decir que no soportaré pasar el resto de mis días entre las mismas rejas que los asesinos que vi a través de tantos años de trabajo.
Pidió permiso para encender un cigarrillo, Gómez lo autorizó. Metió la mano en el bolsillo y sacó el cigarrillo. Volvió a meter la mano en el otro bolsillo y sacó su revolver  Smith & Wesson calibre cuarenta y cuatro, y se descerrajó un tiro en la sien. Nada se pudo hacer. Solo mirar atónitamente la sangre que corría como queriendo escapar de esa escena. 

1 comentario:

  1. Me gustó mucho el relato. Tiene ritmo y logró, a mi entender, un buen final que no es algo fácil de condeguir. Respetó el guión de diálogo aunque al nombre del destornillador le faltó la "s". Muy bueno------------2(dos)

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